La desesperación de los trabajadores contrasta con un gremio que admite el problema, pero demuestra demasiada tibieza

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(Mientras los trabajadores luchan por cobrar lo que ya trabajaron y una región entera sufre las consecuencias de esta crisis, el presidente se pasea por escenarios como una celebridad. Dos Argentinas que no se tocan ni de cerca)

La crisis que atraviesa Granja Tres Arroyos dejó de ser un conflicto interno para transformarse en un problema social que golpea de lleno a San Antonio de Areco, Capitán Sarmiento, Pergamino y Arrecifes. Miles de trabajadores reclaman por sueldos adeudados, pagos fraccionados y promesas incumplidas, mientras la empresa asegura atravesar una crisis, pero la producción continúa funcionando con normalidad.

En la planta de Capitán Sarmiento, uno de los principales focos del conflicto, la mayoría de los sectores se sumaron al paro. Según relató un trabajador de la empresa, se reserva su identidad, prácticamente todas las áreas frenaron su actividad.

“Pararon los sectores de playa, empaque, trozado, eviscerado, desplume y limpieza. Adhirió cerca del 90% de la gente. Solo en la parte de frío, donde se cargan los contenedores, pararon muy pocos”, explicó.

Aseguró que la situación económica de los trabajadores es insostenible. La empresa no solo paga salarios fuera de término, sino que propuso abonar el aguinaldo en cuatro cuotas y la quincena en cinco etapas, una modalidad que fue rechazada por los empleados.

Este cronograma de pagos no se cumplio

“La situación es muy complicada para todos. Se nos complica todo”, resumió.

 

Cuatro quincenas adeudadas y promesas que no se cumplen

Durante una asamblea interna, representantes de la empresa reconocieron atravesar una crisis financiera y pidieron paciencia, prometiendo que comenzarían a priorizar el pago de salarios por sobre los proveedores.

Sin embargo, según los trabajadores, esa promesa nunca se concretó.

A esto se suma otro dato alarmante: una parte importante del salario de muchos empleados proviene de horas extras no registradas, que no se pagan desde la segunda quincena de diciembre. Con los nuevos atrasos, ya se acumulan cuatro quincenas adeudadas.

El conflicto se profundizó aún más cuando se conoció un cronograma de pagos presentado por la empresa, donde tanto sueldos como aguinaldos se fraccionaban en múltiples cuotas, un esquema que tampoco fue respetado en su totalidad.

Un sindicato que reconoce el problema, pero sin respuestas firmes

Desde el gremio se admitió que los salarios se pagan en cuotas y fuera de término, y que la situación es cada vez más difícil para los trabajadores.

La postura sindical se mantiene en un discurso moderado, apelando a “priorizar la fuente laboral” y “buscar equilibrio”, sin exigir plazos concretos ni medidas contundentes contra la empresa.

El contraste es evidente: mientras los trabajadores denuncian deudas acumuladas y una economía familiar al límite, el gremio reconoce la crisis pero evita una confrontación fuerte con la patronal.

La empresa habla de crisis, pero la producción no se detiene

Uno de los puntos que más bronca genera entre los empleados es que, pese a los argumentos de crisis económica, la actividad dentro de la planta no se habría frenado.

Según los propios trabajadores, se sigue faenando la misma cantidad de pollos y los camiones y contenedores continúan saliendo con normalidad.

Entonces:  Si la producción sigue igual, ¿a dónde va todo ese dinero?

Esta contradicción alimenta la desconfianza y el malestar, ya que mientras el negocio aparentemente continúa, los salarios no se pagan en tiempo y forma.

Venta parcial, cierre de plantas y reestructuración

En medio del conflicto también circulan versiones extraoficiales sobre la venta de una parte mayoritaria de la empresa -se habla de hasta un 75%- a capitales estadounidenses.

El proceso de ajuste ya tuvo consecuencias concretas: Granja Tres Arroyos cerró recientemente la planta Becar, en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), como parte de una reestructuración para reducir costos, trasladando personal a otros establecimientos.

A esto se sumarían la caída de convenios de exportación y la quita de subsidios, lo que profundiza la incertidumbre sobre el futuro laboral de miles de familias.

Impacto social en toda la región

La crisis afecta directamente a más de 2.500 trabajadores y sus familias, pero también repercute en la economía de Areco, Capitán Sarmiento, Pergamino y Arrecifes.

Comercios, transportistas, talleres y distintos rubros locales ya comienzan a sentir las consecuencias de un conflicto que paraliza una de las principales fuentes de empleo de la zona.

Lo que comenzó como un reclamo salarial hoy se convirtió en una problemática social regional.

El rol de la política local

A pesar de la magnitud del conflicto y su impacto regional, hasta el momento no hubo pronunciamientos públicos ni medidas concretas de la intendenta de Capitán Sarmiento, Fernanda Astorino Hurtado, frente a la situación que atraviesan los trabajadores de la planta.

Astorino, quien inició su carrera política en el PRO y en 2025 oficializó su pase a La Libertad Avanza, el espacio que gobierna a nivel nacional, podría asumir un rol activo en la gestión del conflicto, impulsando instancias de diálogo con la empresa y el Ministerio de Trabajo, y acompañando a cientos de familias del distrito que hoy atraviesan una situación crítica. Pero aún no hay novedades de eso. 

En una crisis de esta magnitud, el silencio político también se convierte en una forma de tomar posición.

La crisis de Granja Tres Arroyos ya no es solo un problema interno de la empresa. Es un conflicto que atraviesa a toda una región, con salarios impagos, pagos en cuotas, producción que sigue funcionando y miles de familias viviendo en la incertidumbre.

Porque no se trata solo de números y balances, sino de personas que trabajan todos los días y no cobran lo que les corresponde.

Y mientras las promesas se repiten y las respuestas no llegan, la pregunta sigue abierta:

Si la empresa dice estar en crisis, pero la producción continúa, ¿quién se está quedando con el resultado de ese trabajo?

¿Quién defiende hoy a los trabajadores de Granja Tres Arroyos? Familias enteras con más de 30 años dentro de la empresa, que sostuvieron la producción durante décadas y hoy cobran en cuotas, con sueldos adeudados y promesas que no se cumplen.

Frente a una crisis que ya golpea a toda la región, el contraste es brutal: un sindicato tibio que admite el problema pero no confronta, y una dirigencia política local que elige no involucrarse. Mientras tanto, cientos de hogares viven entre deudas, angustia e incertidumbre.

No estamos hablando de números ni de empresas frías, estamos hablando de personas que dejaron la vida laburando, de familias enteras que hoy están angustiadas sin saber cómo pagar lo básico. Eso duele de verdad.

Y duele más cuando ves que: los trabajadores ponen el cuerpo,  el sindicato responde tibio y la política mira para otro lado y mientras tanto, la producción sigue y los de abajo son los que pagan.

Por supuesto que el periodismo no arregla estas realidades, pero sirve para que no los tapen en silencio.

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