Areco fue una fiesta: alfajores, baile y una economía que se activó

En San Antonio de Areco, el fin de semana tuvo algo más que sabor a dulce de leche. Tuvo ritmo, movimiento y una certeza que ya nadie discute: la Fiesta del Alfajor Regional dejó de ser una novedad para convertirse en parte de la identidad del pueblo.

Un domingo que confirmó todo

El cierre de la 4° edición encontró a la plaza completamente colmada. Desde temprano, la feria volvió a abrir con un flujo constante de visitantes que recorrieron los más de 70 puestos de productores llegados de distintos puntos del país.

Pero fue por la tarde cuando la escena alcanzó su punto máximo. El corte del alfajor gigante -de dos metros de diámetro y más de 200 kilos- volvió a reunir a todos en un mismo momento. Aplausos, expectativa y una larga fila para compartir ese símbolo colectivo que ya es marca registrada de Areco.

Después llegó otro de los momentos más esperados: la premiación. Allí se reconoció el trabajo y la calidad de los productores que participaron de esta edición. El primer premio fue para Zendem, de Lanús, con su alfajor de queso sardo; el segundo lugar para Po!, de Las Flores; y el tercero para Mencantó, de Temperley. La mención especial fue para Gunda Alfajores.

En las categorías especiales, los productores locales también tuvieron su protagonismo: Celicatessen se llevó el primer puesto en alfajor sin TACC, seguido por Lavanda y Chocococó.

Una fiesta que mueve mucho más que sabores

El intendente Francisco Ratto puso el foco en uno de los datos más contundentes que dejó el fin de semana: el impacto económico.

Con la decisión de cortar el tránsito para priorizar la circulación peatonal, la experiencia cambió y el movimiento se multiplicó. Las filas en los puestos, los espacios gastronómicos completos y la actividad constante en ferias, hoteles y campings reflejaron un nivel de ventas que superó expectativas.

Según evaluó, el efecto es claro: el dinero que circula durante la fiesta queda en el pueblo y genera un impulso inmediato en la economía local. No se trata de ingresos para el municipio, sino de una mejora directa para productores, comerciantes y emprendedores que sostienen y hacen crecer el evento.

A eso se sumó la participación de marcas llegadas desde provincias lejanas como Chaco y Santa Cruz, reforzando el carácter federal de la fiesta y su capacidad de convocatoria.

El valor de lo propio

En ese crecimiento también hay nombres que sostienen la esencia. La organización estuvo encabezada por Grisel Ramírez, de Raíces de Cacao, junto a Luciano Pugliese, de El Arequero, quienes llevaron adelante la planificación con un objetivo claro: crecer sin perder orden.

El trabajo comenzó meses antes y se reflejó en cada detalle. La ampliación de baños, los puestos de hidratación con agua caliente para el mate, la mejora en la circulación y la limpieza de la plaza marcaron una diferencia en la experiencia del público.

A ese entramado se sumaron estudiantes de 3° año de la Escuela Manuel Belgrano (turno mañana) y de la Escuela Secundaria N°2, integrándose activamente a la producción como parte de una experiencia formativa.

El acompañamiento del municipio también fue clave, con distintas áreas trabajando de manera articulada: la Secretaría de Desarrollo y Producción (Celina Pérez Adamo), la Dirección de Producción, Industria y Cooperativismo (Maxi Pellegrini), la Secretaría de Seguridad (Ramón Ojeda) y el área de Turismo y Cultura (Nata Lema y Carola Vieytes).

Areco en el mapa gastronómico

La presencia de La Olla de Cobre sumó un dato que trasciende la fiesta: su alfajor fue reconocido por TasteAtlas como uno de los tres mejores del mundo.

Ese reconocimiento no solo destaca a una marca, sino que posiciona a Areco dentro del circuito gastronómico nacional e internacional, reforzando el valor de la producción local.

El sábado: cuando la fiesta tomó ritmo

Si el domingo confirmó el éxito, el sábado fue el momento en que la fiesta empezó a latir.

Desde la apertura de la feria y el acto inaugural, la jornada fue creciendo con propuestas culturales y artísticas. Las danzas tradicionales, los shows en vivo y las distintas presentaciones fueron marcando el pulso de una plaza que ya desde temprano mostraba gran convocatoria.

Pero fue al caer la noche cuando el clima terminó de consolidarse. La música siguió, llegaron los bailes, las peñas y ese aire de encuentro que no figura en ninguna grilla pero define todo. El público se quedó, participó, se mezcló. Hubo tradición, hubo alegría y hubo comunidad.

La fiesta también hizo vibrar la plaza, con la energía de Raíz Arequera, Raíces de Mi Pago, Deon Almacor y el gran cierre a puro ritmo de Juanra y la Sincopa, que hicieron bailar a una plaza colmada hasta el final.

Una fiesta que ya es del pueblo

Lo que empezó como una propuesta más acotada hoy es un evento que crece sin perder su esencia. Una fiesta donde el alfajor es protagonista, pero no lo único importante.

Porque en San Antonio de Areco, cada vez que la plaza se llena, pasa algo más: se activa la economía, se refuerza la identidad y se confirma que hay tradiciones que no solo se mantienen, sino que se reinventan.

Y esta, sin dudas, es una de ellas.

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