Autovía 8, una ruta estratégica convertida en trampa para conductores

La recorrida por Capitán Sarmiento para cubrir la situación en Granja Tres Arroyos volvió a dejar en evidencia una realidad que ya conocíamos, pero que no podíamos dejar de mostrar.

La Autovía 8 aparece una vez más deteriorada, peligrosa y prácticamente abandonada. Por eso presentamos el informe realizado por el periodista Ricardo Sceppacuercia, que expone lo que miles de vecinos y trabajadores vienen denunciando desde hace tiempo: un corredor estratégico que se cae a pedazos, mientras las soluciones se anuncian pero nunca llegan.

En el kilómetro 131, a la altura de Duggan, y a lo largo de todo el tramo que atraviesa Capitán Sarmiento y San Antonio de Areco, la situación es alarmante. La mano original de la autovía presenta ondulaciones profundas, reasfaltados precarios y un desgaste evidente, producto de años sin un mantenimiento serio. No se trata de simples imperfecciones: son desniveles que pueden provocar desvíos bruscos, caídas de motos y accidentes graves.

A esto se suma un problema que agrava aún más el riesgo: el abandono del corte de pastizales. En gran parte de la Autovía 8, al menos hasta Pilar, la vegetación crecida reduce la visibilidad y tapa carteles de señalización. Una situación similar se repite en la Ruta Provincial 41, donde también la falta de mantenimiento convierte el tránsito en una experiencia peligrosa.

Los tambores de contención golpeados y destruidos son otra postal del abandono. Muchos conductores, especialmente de noche, se encuentran con desniveles que no se ven a tiempo y, al intentar esquivarlos, terminan impactando contra estos elementos. El resultado es una ruta cada vez más insegura para quienes la usan a diario por trabajo, estudio o producción.

Un problema que no es casual: decisiones políticas y abandono del Estado

El deterioro de la Autovía 8 no es producto del azar ni de un temporal reciente. Es la consecuencia de años de falta de inversión y de decisiones políticas que debilitaron el sistema de mantenimiento vial.

Desde la asunción del presidente Javier Milei, el Gobierno nacional avanzó con una fuerte reestructuración del área de infraestructura, incluyendo la disolución de organismos históricos encargados de las rutas y el freno casi total de la obra pública. Mientras tanto, se impulsó un plan de concesiones privadas bajo el argumento de reducir el gasto del Estado.

Sin embargo, en la práctica, las rutas siguen deteriorándose, sin mantenimiento regular, sin obras de fondo y con parches que duran semanas. La promesa de que el sector privado se hará cargo de la infraestructura contrasta con la realidad que viven hoy quienes transitan por estos corredores.

Infraestructura clave en estado crítico

La Autovía 8 no es una ruta secundaria. Es una de las principales vías que conectan el interior productivo con la Ciudad de Buenos Aires. Por allí circulan camiones, trabajadores, familias y miles de vehículos todos los días.

Su estado actual no solo afecta la economía regional, sino que pone en riesgo vidas humanas.

Cada pozo profundo, cada desnivel mal reparado y cada tramo sin visibilidad es una posible tragedia anunciada.

Las respuestas oficiales siguen siendo anuncios, promesas de futuras concesiones o parches temporales que no solucionan el problema de fondo.

Mientras tanto, la infraestructura se degrada cada vez más.

Lo que muestra el informe de Ricardo Sceppacuercia y las imágenes registradas en esta recorrida no son exageraciones ni casos aislados. Son la realidad cotidiana de una de las rutas más importantes del país.

 ¿Hasta cuándo se va a permitir que corredores estratégicos como la Autovía 8 sigan en este estado de abandono?
 ¿Quién se hace cargo del mantenimiento real y de la seguridad de quienes transitan por estas rutas?

Porque no se trata sólo de caminos en mal estado, sino de tragedias que ya ocurrieron y de otras que pueden volver a repetirse si no hay soluciones urgentes.

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