El Área Crítica del Zerboni y una frase que desacomoda años de esfuerzo colectivo

“Antes eran paredes, ahora es lo de adentro”.

La frase del intendente Francisco Ratto sobre la obra del Área Crítica del Hospital Zerboni probablemente intentó justificar la búsqueda de financiamiento bancario para continuar los trabajos. Pero terminó abriendo una contradicción difícil de ignorar frente a todo lo que se dijo y mostró públicamente durante los últimos años.

Porque el Área Crítica no fue presentada nunca como una obra pública convencional. Desde el inicio se explicó que sería sostenida principalmente por la comunidad.

El convenio firmado entre el Municipio y la Asociación Civil Área Crítica establecía que la Asociación recaudaría fondos mediante donaciones, eventos y aportes privados. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Areco organizó:

  • locros,
  • peñas,
  • remates,
  • torneos de golf,
  • campañas del ladrillo,
  • cenas,
  • alias bancarios,
  • donaciones de empresas,
  • materiales,
  • y aportes permanentes de vecinos para sostener el avance de la obra.

Los números publicados muestran apenas una parte de ese esfuerzo:

  • $1.653.459 en el primer gran evento solidario;
  • $2.563.550 en una peña y guiso;
  • $59.149.000 en el remate solidario de Agropemar;
  • además de múltiples campañas sin cifras oficiales difundidas.

Solo con montos comprobados, la comunidad reunió más de $63 millones.

Ahora bien, para una obra hospitalaria de alta complejidad, $63 millones -especialmente en la Argentina inflacionaria de 2022 a 2025- no representan una cifra descomunal ni alcanzan por sí solos para financiar íntegramente una obra de estas características. Una terapia intensiva moderna y nuevos quirófanos requieren instalaciones eléctricas especiales, gases medicinales, climatización, sistemas sanitarios complejos, aislaciones, carpintería hospitalaria, tecnología y equipamiento técnico de altísimo costo.

Pero justamente ahí aparece la dimensión real del esfuerzo colectivo.

Porque esos más de $63 millones no representan “toda la obra”: representan apenas la parte visible y publicada de una recaudación comunitaria constante que sostuvo durante años el avance del Área Crítica.

Además, medir montos en pesos argentinos obliga a mirar el contexto temporal. No significaban lo mismo $1,6 millones en 2022 que $59 millones en 2025. La inflación modificó permanentemente el valor real de cada campaña solidaria y de cada etapa construida.

Y hay otro detalle importante: los números publicados probablemente estén lejos del total real movilizado por la comunidad. No incluyen muchas donaciones particulares, materiales aportados por empresas, mano de obra colaborativa, campañas sin cifras difundidas ni aportes silenciosos que permitieron seguir avanzando.

Por eso tal vez el dato más relevante no sea cuánto dinero exacto reunió la comunidad, sino otra cosa mucho más profunda: durante años, una ciudad entera logró sostener el avance de una obra hospitalaria compleja a fuerza de recaudaciones populares permanentes.

Y además hay un dato que vuelve todavía más incómoda la frase “antes eran paredes”.

El 5 de abril de 2025, desde el propio Municipio se afirmaba públicamente que el Área Crítica estaba “en un 70% de avance” y que se analizaban nuevos eventos solidarios para completar la etapa final de la obra.

Setenta por ciento.

No parece la descripción de una obra que solamente tenía paredes.

Porque si después de años de campañas, millones recaudados y múltiples etapas ejecutadas la obra ya estaba en un 70%, entonces resulta difícil reducir todo ese proceso colectivo a una simple estructura vacía.

La historia real del Área Crítica parece ser otra.

Durante años, una comunidad sostuvo una obra hospitalaria enorme prácticamente a pulmón. Y probablemente el problema actual no sea que “recién ahora viene lo difícil”, sino que el desgaste económico terminó frenando un modelo basado en la solidaridad permanente.

Hoy el Municipio busca financiamiento para terminar la obra. Puede ser necesario. Puede ser lógico. Pero también abre otra discusión inevitable.

Porque cuesta entender la necesidad de recurrir ahora a un crédito del Banco Nación cuando en la información pública del propio Municipio aparecen cifras millonarias destinadas a servicios y alquileres, mientras la inversión en equipamiento e infraestructura propia resulta comparativamente mucho menor.

Y ahí aparece otro dato que merece atención.

El Municipio hoy alquila un equipo clave para cirugías en el Hospital Zerboni. No se trata de un detalle técnico: es el equipamiento que permite operar.

Pero no es un caso aislado.

En el mismo período aparecen contratos de alquiler de:

  • equipos de comunicación,
  • vehículos,
  • impresoras,
  • y aparatología médica.

Todo alquilado.

Mientras tanto, la rendición de cuentas 2025 muestra más de $1.117 millones destinados a servicios y apenas alrededor de $26 millones invertidos en equipamiento propio.

La diferencia es contundente: el Municipio gasta más de cuarenta veces más en servicios que en incorporación de bienes y equipos.

Y tal vez ahí aparezca la verdadera pregunta de fondo.

No solamente cómo terminar el Área Crítica.

Sino también qué modelo de gestión se está construyendo alrededor del sistema de salud público: uno basado en inversión duradera y patrimonio propio, o uno cada vez más dependiente del alquiler permanente y del financiamiento externo.

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