Audiencia Pública: para la UCR la audiencia “aclaró dudas” mientras que para la oposición fue “una burla”
Concejales Marcelo Pereyra (UCR) y Ramiro Ramallo (Unión por Areco)
La audiencia pública realizada por el emprendimiento Areco Plaza terminó exponiendo mucho más que una discusión sobre rellenos, estudios hidráulicos o impacto ambiental. Lo que quedó al descubierto fue una fuerte diferencia política sobre cómo se manejó el proyecto desde el inicio y cuándo llegaron realmente las explicaciones a los vecinos.
El encuentro fue encabezado por el jefe de Gabinete, Miguel Amadeo, en representación del intendente Francisco Ratto, quien no participó pese a tratarse de uno de los proyectos urbanísticos más discutidos de los últimos meses.
Desde el oficialismo ampliado que acompaña habitualmente la gestión de Francisco Ratto, el presidente del bloque UCR, Marcelo Pereyra, defendió el mecanismo de audiencia pública y sostuvo que el procedimiento permitió exponer información, responder consultas y clarificar aspectos técnicos del proyecto. Además, consideró que los informes presentados y la intervención de organismos como la Autoridad del Agua terminan respaldando la viabilidad del emprendimiento.
Sin embargo, el propio Pereyra dejó una definición que terminó siendo una de las más relevantes políticamente:
admitió que este tipo de procesos deberían realizarse antes del inicio de las obras y no cuando los emprendimientos ya están avanzados. Incluso planteó que las construcciones de este tipo deberían contar desde el primer día con herramientas de acceso público a la información, como códigos QR en los carteles de obra para que cualquier vecino pueda consultar estudios, permisos y documentación técnica.
Del otro lado, Unión por Areco fue mucho más dura.
El concejal Ramiro Ramallo directamente calificó la audiencia como “una burla” y aseguró que el Municipio llegó tarde, cuando los rellenos ya estaban hechos y el debate prácticamente cerrado. Según planteó, el problema no es solamente técnico sino político: los vecinos recién fueron escuchados cuando el emprendimiento ya estaba prácticamente consolidado.
La oposición además cuestionó las mediciones tomadas sobre el terreno, puso en duda los niveles reales del relleno y advirtió sobre posibles consecuencias futuras en el escurrimiento del agua hacia barrios cercanos. También sumaron otro eje sensible: la cesión de un excedente de calle al emprendimiento privado, una decisión que consideraron difícil de justificar en una ciudad con necesidades urbanas y habitacionales pendientes.
Pero quizá lo más interesante de toda la audiencia apareció justamente en las coincidencias incómodas.
Porque Pereyra no salió a decir que “estaba todo perfecto” ni negó el malestar vecinal. Lo que hizo fue intentar separar dos planos distintos. Por un lado, el procedimiento técnico actual, que según sostiene terminó cumpliéndose;
y por otro, la manera en que arrancó la obra, que admite que estuvo mal manejada en tiempos, información y exposición pública.
Por eso durante toda su intervención habló de “claridad”, “diálogo social”, acceso a la información y exposición pública de los estudios técnicos.
No parece el discurso de alguien que crea que el proceso fue impecable.
Más bien el de alguien que entiende que hubo ruido político, vecinos enterándose tarde y una obra que avanzó mucho antes que las explicaciones.
Pero ahí es donde aparece la verdadera diferencia con Unión por Areco.
Porque mientras Pereyra plantea que el procedimiento llegó tarde pero finalmente terminó ajustándose a norma, Ramallo sostiene algo mucho más duro: que si la audiencia pública ocurrió cuando el relleno ya estaba hecho, entonces el proceso perdió sentido desde el origen.
Y ahí aparece la verdadera grieta que dejó la audiencia.
No sobre si faltaba información.
Sino sobre si todavía quedaba margen real para discutir algo cuando la obra ya estaba prácticamente terminada.


