El incendio que ya estaba escrito y anunciado

El basural que estaba para cerrar, que nadie cerró… y que terminó ardiendo

El basural de San Antonio de Areco está otra vez en llamas.
No fue sorpresa.
Fue consecuencia.

Hoy, 18 de diciembre, a las 20.45, las imágenes transmitidas en vivo mostraron lo que ya veníamos advirtiendo: una montaña de residuos encendida, humo espeso, explosiones internas y un lugar que ya no da más.

No hablaremos de si la llave estaba o no.
Hablemos de esto: estaban esperando que alguien la lleve.
Y en el lugar estaba Oscar Oviedo, responsable de la Secretaría de Planificación y Obras Públicas.

La pregunta es tan simple como brutal: ¿el funcionario responsable del área no tiene llave para ingresar al basural?

No es un detalle menor.
Es una postal del estado de situación.

No hablaremos de los bomberos -que son quienes ponen el cuerpo y merecen respeto- sino de quienes tenían la obligación de anticipar, prevenir y garantizar que este basural no siguiera acumulando combustible para un incendio anunciado: el Estado Municipal.

Calor hoy, viento hacia Capital y un riesgo que pende de un hilo

Hoy San Antonio de Areco atravesó una jornada de calor intenso, en pleno diciembre. No fue un día excepcional: fue parte de un patrón que se repite cada vez con más frecuencia. Las altas temperaturas, combinadas con residuos acumulados, gases y material altamente inflamable, convierten al basural en una bomba ambiental permanente.

Pero hay otro dato clave, tan determinante como inquietante: el viento dominante durante la jornada fue del noroeste, empujando el humo hacia el sudeste, es decir, en dirección a la zona de Capital Federal y el conurbano.

Dicho de manera simple y cruda: hoy dependemos de que el viento no cambie.
Porque si la circulación se revierte, el humo y los gases tóxicos se nos vienen encima.

No es una hipótesis lejana.
Es una posibilidad concreta.
Y es inadmisible que una ciudad entera quede atada a una variable climática para no sufrir las consecuencias de una mala gestión.

Los próximos días seguirán con temperaturas elevadas, y los modelos climáticos indican vientos que podrían oscilar entre el norte, noroeste y este, manteniendo -si no hay cambios bruscos- el desplazamiento del humo hacia zonas pobladas. En un contexto de cambio climático, donde los eventos de calor extremo son cada vez más frecuentes y persistentes, seguir dependiendo del clima para que no pase una tragedia es una irresponsabilidad política.

El calor ya no es una excepción.
Es la nueva normalidad.

Una crisis anunciada

 

Esta crisis ambiental y la no resolución del problema ya no es noticia. La secuencia es demoledora:

  • 2018: el basural tenía plan de cierre y traslado al CEAMSE.

  • 2020: ya se incendiaba y hubo que controlar rutas por el humo.

  • 2022: la oposición pidió transparencia y control → rechazado.

  • 2025: se cobra un servicio de traslado de residuos que no se presta.

  • 4 de diciembre de 2025: se aprueba la Ordenanza Fiscal Impositiva sin responder preguntas, con aumentos que recaen sobre los contribuyentes más pequeños y con el mismo cobro de residuos que no existe.

Y ahora…

18 de diciembre de 2025: el basural se prende fuego.

No fue mala suerte.
No fue una “casualidad del clima”.

Fue la consecuencia lógica de:

  • Abandonar un plan ambiental que funcionaba.

  • Dejar acumular basura sin control.

  • Cobrar por un servicio que no se presta.

  • Aprobar impuestos sin responder ni un solo pedido de informes.

  • No invertir en prevención real.

No se trata sólo de fuego… se trata de decisiones políticas

Hubo un momento en que este basural fue tomado como ejemplo por otros municipios, porque se había iniciado un proceso serio de cierre, saneamiento y traslado de residuos.

Ese camino existió.
Funcionó.
Y se abandonó.

¿Por qué se abandonan las políticas públicas que sirven?

No se trata de nombres propios ni de simpatías. Se trata de una pregunta básica de gestión: si algo funcionaba, ¿por qué se dejó caer?

Desde entonces, la historia es conocida:

El basural volvió a crecer.
Volvieron los incendios.
Se habló -y se habla siempre- de intencionalidad.
Se rechazó el control.
Se siguió cobrando un servicio que no se presta.
Se aumentaron tasas.
Se recortó a los bomberos.
Y el basural volvió a prenderse fuego.

¿Era necesario llegar a esto?

No necesitamos discutir si la chispa fue esta o aquella.
Lo verdaderamente grave es que el incendio ocurrió exactamente donde tenía que ocurrir: en un basural abandonado, en diciembre, con calor, con residuos acumulados durante años y sin una política ambiental sostenida.

Esto no fue mala suerte.
No fue una fatalidad climática.
No fue un accidente.

Fue la consecuencia directa de dejar caer políticas públicas que funcionaban, de no gestionar lo que se sabía riesgoso y de acostumbrarse a que todo se resuelva cuando ya es tarde.

Porque el calor de hoy no sorprendió a nadie.
Y este incendio, tampoco.

Esto es -otra vez- la crónica de un incendio anunciado.

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