Después del incendio, las explicaciones: muchas hipótesis y ninguna solución

Las declaraciones del secretario de Planificación y Obras Públicas, Oscar Oviedo, lejos de llevar tranquilidad, confirman lo que quedó expuesto con el incendio del basural: el Municipio no tiene una respuesta estructural al problema.

Oviedo habló de “probabilidades”, de “hipótesis variadas”, de calor, de descuidos humanos y hasta de una posible intencionalidad. No descartó nada. Pero tampoco afirmó nada. Y ahí está el punto central: cuando todo es posible, es porque nada está resuelto.

Según explicó, el fuego no se originó en la gran montaña de residuos sino en sectores donde se trabajan los restos verdes, ramas y zonas “desnudas”, sin cobertura de tierra, que con el tiempo se secan. Es decir: material inflamable expuesto, en pleno diciembre y con altas temperaturas. Un escenario de riesgo conocido.

El funcionario insistió en que el cambio de técnica de trabajo -compactación con maquinaria pesada- habría evitado los incendios en la “pila grande”. Sin embargo, reconoció que hoy el problema está en las “terminaciones” del trabajo: restos de ramas, pasto seco, residuos orgánicos sin cubrir. Justamente, los sectores más vulnerables al calor y al fuego.

En otras palabras: no se incendió la pila principal, pero todo alrededor sigue siendo combustible.

Oviedo también admitió que el basural estaba cerrado al momento del incendio, pero que es una zona de paso habitual, cercana a la ruta 41 y al río, con accesos libres. Por eso, dijo, no descarta la intencionalidad. Tampoco la confirma. Todo queda en “materia de análisis”.

Mientras tanto, el incendio ocurrió.

Sobre la famosa montaña de basura que domina el predio, el propio secretario reconoció que sigue ahí, que se generó “a lo largo del tiempo, desde la pandemia hasta ahora” y que, aunque se fue retirando algo, no se nota. La razón es reveladora: haría falta el doble de ritmo de trabajo y de traslado durante al menos seis o siete meses, y para eso “hay que financiarlo porque cuesta una moneda importante”, dijo Oviedo.

La conclusión es inevitable: hoy no existe ese ritmo, no está ese financiamiento y la montaña sigue donde está.

Lo que muestran estas declaraciones no es control ni previsión. Muestran gestión a la defensiva, apagando incendios -literal y políticamente- y prometiendo programas futuros para resolver un problema que es presente.

Ayer escribimos que dependemos del viento para que el humo no vuelva sobre la ciudad.
Hoy, después de escuchar al responsable del área, queda claro que también dependemos del clima, de que nadie se equivoque, de que nadie tire nada y de que no haga demasiado calor.

Demasiadas dependencias para un tema que debería resolverse con una política ambiental clara, sostenida y planificada.

No es que no sepan qué pasó.
Es que no saben cómo evitar que vuelva a pasar.

Y eso, después de años de advertencias y de un incendio anunciado, es lo más preocupante de todo.

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