CEA 701 y 702: cuando aprender se transforma en familia y orgullo compartido
El cierre del ciclo lectivo dejó mucho más que egresos en los Centros de Educación para Adultos 701 y 702. Dejó abrazos, historias compartidas y la certeza de que nunca es tarde para aprender. En este 2025, nueve estudiantes culminaron la escuela primaria: cuatro en el CEA 701 y cinco en el CEA 702. Lo más importante es la magnitud de lo vivido.

Desde la mirada de sus docentes y representantes, María Berthe y Mabel Urdapilleta, el año fue profundamente transformador. Ambas coinciden en que el vínculo que se construye en la educación de adultos va mucho más allá del aula. Se trata de lazos que crecen con el tiempo, de un acompañamiento cotidiano que convierte al grupo en una verdadera familia. Compartir viajes, mates, charlas, preocupaciones y alegrías forma parte natural de la experiencia.



La modalidad de adultos, destacan, tiene una riqueza única: cada estudiante llega con una historia de vida distinta, con trayectorias marcadas por el trabajo, la familia y, muchas veces, por adversidades que se vuelven fortaleza. En el aula se escuchan, se aconsejan, se ayudan y aprenden juntos, no solo contenidos, sino también empatía y respeto.


Alfabetizarse no tiene edad, y esa premisa guía el trabajo diario en los CEA. Incluso quienes aún no dominan plenamente la lectura y la escritura encuentran un espacio para comenzar o continuar su camino educativo, con la mirada puesta en mejorar sus oportunidades laborales y su calidad de vida. El esfuerzo que realizan para asistir -llegando en bicicleta, moto, caminando o desde localidades vecinas- es valorado y acompañado con compromiso y contención.


Las docentes resaltan el ida y vuelta constante que se genera: el agradecimiento de los estudiantes es tan grande como el aprendizaje que ellas mismas reciben. Estar atentas a cómo llega cada alumno, detectar una preocupación, una tristeza o una dificultad laboral, y ofrecer escucha y apoyo es parte esencial del rol. El grupo se sostiene también fuera del aula, con mensajes diarios, palabras de aliento y presencia permanente durante todo el año.


El camino no se detiene: varias de las egresadas ya proyectan continuar sus estudios secundarios, un paso enorme que llena de satisfacción a quienes las acompañaron en este proceso. Aunque para algunos el miedo aún pesa, el simple hecho de animarse a empezar ya es una victoria.


Así, el CEA 701 y el CEA 702 cierran el año reafirmando su esencia: ser un espacio donde aprender es también sentirse parte, donde la escuela abraza y donde cada logro se construye en comunidad.


¡Felicitaciones egresados!




































