Veinte años de escena, memoria y resistencia: La Zalzera celebra el amor y el teatro independiente
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En un rincón del mapa donde el teatro respira por voluntad propia y no por oxígeno estatal, La Zalzera encendió su vela número veinte. Dos décadas de resistencia artística, de poesía en carne viva, de humor y ternura, de historias contadas desde los márgenes, con la furia y la belleza de lo que no necesita permiso para existir.

Silvio Menconi y Malvina Ocampo, actuales integrantes de este grupo de teatro independiente que nació como un susurro irreverente en la escena local, celebraron estos años de vida en tablas con una función conmovedora: Amor Fugitivo. No fue una celebración pomposa. Fue algo mucho más hondo: una ofrenda, una trinchera, un acto de amor político y poético. Un Salón Guerrico lleno.

La obra, aunque se presenta como una comedia, no se conforma con la risa. Va más allá. En el silencio de sus protagonistas, porque no se pronuncia una sola palabra en escena, estallan las voces de la historia, los mandatos, los prejuicios, la represión y la libertad. Grabaciones cuidadosamente elegidas y canciones de las décadas del ’50, ’60 y ’70 tejen el clima sonoro que acompaña a estos dos jóvenes enamorados que luchan por estar juntos en un mundo que los condena.

El resultado es un montaje exquisito, doloroso y bello, que hace reír, llorar y reflexionar. Una obra que, sin discursos explícitos, habla de todo lo que duele, de todo lo que aún hoy duele: el amor prohibido, la intolerancia, la soledad, la imposición de un modo único de vivir. Y también como una flor que brota entre los escombros; la ternura, la decisión de amar a pesar de todo, el coraje de quienes no piden permiso para ser.

Afortunadamente, a nivel local todavía se respira un aire distinto. En nuestra comunidad, el arte y el talento siguen siendo valorados por lo que son: expresiones vitales, necesarias, universales. Aquí, el compromiso con la cultura no se condiciona por colores partidarios y eso permite que experiencias como la de La Zalzera florezcan, incluso en tiempos donde desde lo más alto del poder se intenta silenciar todo lo que incomoda o hace pensar.
En esa escena sin palabras se resume, de algún modo, el lenguaje del teatro independiente: decirlo todo desde el gesto, desde la mirada, desde una ausencia presente. Porque el teatro independiente -ese que sobrevive sin presupuestos- sin marquesinas luminosas, sin más sostén que la convicción…está hecho de lo que no se rinde.
La Zalzera lo sabe. Por sus filas pasaron artistas inolvidables: Fabiana Devereux, Gloria Morgan y tantas otras y otros que dejaron huella en el alma del grupo. Cada una de esas participaciones estuvieron presentes en el aplauso compartido de este aniversario porque fueron (y son) parte de la construcción colectiva que hoy se honra en escena.
Y en este presente hostil para la cultura, donde el arte es empujado hacia el silencio por un gobierno nacional que desfinancia, desprecia y calla, La Zalzera levanta su bandera. Una bandera tejida con trabajo, con horas de ensayo en salas prestadas, con escenografías recicladas, con el compromiso de contar historias que importan.
Porque el teatro independiente no es un lujo, no es un hobby, es un refugio, una trinchera, una escuela de sensibilidad, una herramienta política, un acto de libertad. Y, sobre todo, una forma de comunidad.
Celebrar veinte años haciendo teatro sin renunciar a los principios, sin rendirse al mercado ni al olvido, es un gesto profundamente político. En cada función, La Zalzera nos recuerda que el amor no siempre fue libre, que el teatro nunca fue neutral y que la risa también puede ser revolucionaria.
Por eso, más que una función, Amor Fugitivo fue un ritual. Un ritual para abrazar la memoria, para defender el arte independiente, para decir -desde el cuerpo, desde la escena, desde el silencio- que no nos van a callar. Jamás.





