Una historia de hermanos y de un sobrino recuperado
La presentación del nieto recuperado 130 por parte de Abuelas de Plaza de Mayo el jueves 13 permitió conocer la historia de Javier Matías Darroux Mijalchuk y también la de sus allegados, entre los que se cuenta una familia de nuestra ciudad. Participando de la conferencia de prensa y acompañando a su sobrino estaba Raúl Venturelli, igual de conmovido que todos los presentes.
En diálogo con Dinámica Matinal, Venturelli contó la llegada de su familia junto a su hermano por los años setenta a San Antonio de Areco, y como su hermano Juan Manuel Darroux – desaparecido en diciembre de 1977 al igual que su cuñada Elena Mijalchuk – venía a visitarlos con frecuencia. “Siempre tuvimos una muy buena relación con él. Y tan es así que cuando fui a Buenos Aires, cuando tenía 18 años, estuve viviendo con él y con la señora, en la casa de él bastantes meses”, contó Venturelli.
“Y así fue pasando el tiempo, hasta que un determinado día de diciembre del 77, desaparece” recordó, “a la semana, semana y pico, le manda con los compañeros, supuestamente de él, una carta a mi cuñada diciéndole que se presentara en tal lado a tal hora un tal día que de ahí lo iban a llevar a hablar con él”.
“Me vino a buscar a mí para que ver si yo le podía dar alguna pista para descifrarla, porque tenía un par de acertijos la carta. Como no me encontró en el domicilio de mi tía donde yo estaba en ese momento se la llevó de vuelta, pero mi tía anoto algunos párrafos.
En la carta decía que al lugar donde vamos a ir, que no se olvidara de traer jabón, y que llevara artículos de pesca. Era como diciéndole guarda que hay miedo de por medio y relacionado al jabón y los artículos de pesca como que le quiso decir que si te agarran te van a fondear en el medio del mar, calculo que debe haber querido decir eso, no me acuerdo muy bien”.
Raúl contó lo que siguió después, cuando el hermano de Elena con apenas 17 años la acompañó al lugar previsto, subió a un auto Chevy junto a su hijo y no se la vio nunca más.
Era Roberto Mijalchuk, quien conservó durante más de cuarenta años la línea de teléfono fijo que al fin le permitió recibir el tan esperado llamado para conocer a su sobrino. Esa tarde de jueves frente a los medios estaba especialmente conmovido, contó el también tío Raul Venturelli, sorprendido por el enorme trabajo de Abuelas – “es impresionante lo que trabaja esa gente, hay que sacarse el sombrero porque es impresionante lo que trabaja, lo que investiga” – y su colaboración constante con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y el Banco Nacional de Datos Genéticos.

