Una ciudad no es inclusiva si una silla de ruedas no puede circular

Por favor, que arreglen todas las calles… no se puede andar. En Areco no se puede andar, en Vagues tampoco. La otra vez rompí todas las ruedas de la silla. Aca no se puede andar”. 

El pedido, cargado de bronca e impotencia, pertenece a uno de los adultos que vive en el Hogar San Camilo, en Vagues. Sus palabras representan una realidad que atraviesa a muchas personas con discapacidad y también a adultos mayores, madres con cochecitos, ciclistas y peatones.

Las imágenes hablan por sí solas.

Calles de tierra convertidas en barro después de cada lluvia. Pozos que obligan a bajar a la calzada. Cruces de hormigón destruidos. Veredas rotas o inexistentes.

Obstáculos que para muchos dejó de ser solo una molestia, pero que para una persona que depende de una silla de ruedas pueden transformarse en una barrera infranqueable.

La inclusión también se construye desde el suelo

La accesibilidad no empieza con una rampa.

Empieza con la posibilidad de salir de casa.

De llegar al médico.

De ir a estudiar.

De trabajar.

De visitar a un familiar.

De recorrer una plaza sin miedo a romper una rueda, caerse o quedar atrapado en un pozo.

Sin embargo, esa realidad todavía parece lejana para muchos vecinos de este distrito.

Porque cuando una calle impide circular, deja de ser únicamente un problema vial.

Empieza a convertirse en un problema de derechos.

El costo de una rueda rota

El vecino del Hogar San Camilo lo resumió en una frase:

“La otra vez rompí todas las ruedas de la silla”.

No es un detalle menor.

Una rueda delantera de una silla de ruedas puede costar varios miles de pesos y, si el daño alcanza ruedas traseras u otros componentes, la reparación puede representar un gasto aún mayor. En muchos casos, ese costo resulta imposible de afrontar.

Y detrás de cada rotura aparece una pregunta que nadie responde:

¿Quién se hace cargo cuando una silla de ruedas se rompe por el mal estado de una calle o una vereda?

Un reclamo que también llegó desde Duggan

El pedido de los residentes del Hogar San Camilo encontró se suma a vecinos de Duggan, que comenzaron a difundir imágenes del estado de las calles junto a un mensaje que rápidamente se viralizó en redes sociales.

En el texto, los vecinos expresaron

“Cuando las calles se vuelven una barrera

Esta imagen (en referencia a la tapa de esta nota) refleja una realidad que los vecinos de Duggan vivimos a diario. Mientras muchos ven una calle de tierra con barro, para una persona con movilidad reducida representa un camino prácticamente imposible de transitar.

Cada lluvia convierte las calles en un obstáculo que impide salir de casa, asistir a una consulta médica, ir a la escuela, trabajar o simplemente ejercer el derecho básico de desplazarse con autonomía. Los pozos, el barro y los grandes charcos hacen que una silla de ruedas no pueda avanzar con seguridad, obligando a depender de terceros o, directamente, a permanecer aislado.

No se trata de una incomodidad ocasional. Se trata de una vulneración cotidiana del derecho a la accesibilidad, a la igualdad de oportunidades y a una vida digna. Cada día que pasa sin soluciones, el deterioro de las calles se agrava y también se profundiza la exclusión que padecen quienes más necesitan una infraestructura adecuada.

Por eso, este petitorio no reclama un privilegio. Reclama una respuesta urgente del Municipio para garantizar condiciones mínimas de transitabilidad, accesibilidad y seguridad para todos los habitantes de Duggan. Porque un pueblo donde una persona no puede salir de su casa por el estado de las calles es un pueblo al que se le está negando un derecho fundamental”.

Esta nota no habla solamente de personas con discapacidad. También interpela la realidad de los adultos mayores que caminan con miedo a una caída, de los chicos que andan en bicicleta, de los motociclistas que esquivan pozos, de los automovilistas que rompen sus vehículos y de los peatones que cada día sortean barro, veredas destruidas y calles intransitables. En definitiva, retrata una ciudad donde el deterioro del espacio público termina poniendo en riesgo a todos, pero donde, como casi siempre, quienes más sufren las consecuencias son quienes menos posibilidades tienen de defenderse.

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