Eduardo Sierra llevó tranquilidad frente al “Súper Niño”: cuándo llegarían las lluvias y qué zonas podrían verse más afectadas

En su columna para “Tiempo de Campo”, el reconocido agroclimatólogo explicó que El Niño se instalará de manera gradual y que las lluvias más importantes no llegarán de un día para otro. También diferenció la situación de San Antonio de Areco de las regiones que podrían quedar más expuestas a los excesos.

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La posible llegada de un “Súper Niño” viene acompañada de pronósticos sobre lluvias intensas, excesos de humedad y dificultades para la producción. Sin embargo, el ingeniero agrónomo y agroclimatólogo Eduardo Sierra pidió no caer en interpretaciones alarmistas y explicó que el fenómeno tendrá una evolución gradual y efectos diferentes según cada región.

Fue durante su columna habitual en “Tiempo de Campo”,  donde analizó qué podría suceder durante las últimas semanas de septiembre y el comienzo de octubre.

“No se hagan la cabeza con el tema de las lluvias tremendas, de El Niño y de la destrucción del mundo”, pidió Sierra.

El especialista aclaró que las precipitaciones asociadas con El Niño no aparecerán de forma repentina ni tendrán la misma intensidad en todo el país. Entre las regiones que podrían quedar más expuestas a los excesos mencionó particularmente a Misiones y el nordeste argentino, diferenciando ese panorama de lo que podría ocurrir en San Antonio de Areco y la zona central de Buenos Aires.

Según explicó, El Niño irá instalándose “de a poquito”, con lluvias que comenzarían a cobrar mayor presencia hacia el final de septiembre y durante los primeros días de octubre.

Cambios de temperatura antes de las lluvias

Antes de la llegada de las precipitaciones más importantes, Sierra anticipó una transición marcada por cambios considerables de temperatura.

Durante la semana de la primavera podrían registrarse máximas superiores a los 25 grados, seguidas por un fuerte descenso hacia el 22 de septiembre. El comienzo astronómico de la nueva estación llegaría, de esta manera, acompañado por un “refrescón”, con temperaturas sensiblemente más bajas.

Después volverían los vientos del norte y se produciría una recuperación gradual de las temperaturas.

La lluvia, en cambio, continuaría siendo escasa durante buena parte de ese período.

Sierra explicó que esta demora no resulta necesariamente anormal. En los episodios de El Niño, las lluvias pueden intensificarse durante octubre y adquirir mayor importancia en noviembre y diciembre.

Más de 50 milímetros en dos semanas

De acuerdo con la perspectiva presentada por el especialista, las lluvias comenzarían a aparecer con mayor continuidad durante los últimos días de septiembre.

Hacia el martes 29 se produciría un aumento de la nubosidad y un descenso de la temperatura. Luego podrían registrarse aproximadamente tres días de precipitaciones ligeras, capaces de acumular cerca de 30 milímetros.

Un panorama similar se repetiría entre el 3 y el 9 de octubre, con lluvias intermitentes que podrían aportar otros 30 milímetros.

“En dos semanas estaríamos juntando más de 50 milímetros. Está lindo porque la lluvia cae de a poco y viene bien para el suelo”, explicó.

Precisamente, uno de los aspectos favorables del pronóstico es que el agua no llegaría de manera repentina. Al distribuirse durante varios días, podría favorecer la recuperación de la humedad de los suelos sin provocar necesariamente escurrimientos importantes.

Los efectos no se limitan a los cultivos

El análisis de Sierra no quedó reducido a la agricultura. El especialista recordó que un período más cálido y húmedo también puede tener consecuencias sobre la ganadería, el ambiente y la salud.

El exceso de humedad puede favorecer la aparición de hongos en los cultivos, parásitos y enfermedades en los animales, mientras que las temperaturas elevadas y la acumulación de agua crean condiciones propicias para la reproducción de mosquitos.

Por eso, recomendó seguir la evolución del fenómeno y adoptar medidas preventivas, pero sin trasladar automáticamente los escenarios más extremos a todas las regiones.

La columna aportó algo más que un pronóstico: precisó fechas, diferenció zonas y llevó tranquilidad frente a los anuncios más alarmistas sobre el “Súper Niño”, sin desconocer que su evolución deberá seguirse con atención durante los próximos meses.

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