Redes sociales: cuando la viralidad mata
Jefa de guardia del Hospital de Quemados, Valeria Fernández, dio un dato alarmante al dar declaraciones sobre explosión en escuelas.
Vuelve a encenderse la alarma sobre el poder destructivo de los desafíos virales
Hoy, en la era digital, lo que ocurre a miles de kilómetros ya no está lejos. Las redes sociales borraron las fronteras geográficas y temporales: un reto que surge en otro país puede llegar a las pantallas de niñas, niños y adolescentes argentinos en cuestión de segundos. La viralidad no distingue idiomas ni contextos. Lo que pasa “allá” también pasa “acá”, aunque no siempre nos demos cuenta a tiempo.
Una amenaza que no reconoce fronteras
En los últimos meses, distintos casos alrededor del mundo han puesto nuevamente en el centro del debate el impacto real que pueden tener los desafíos virales en la vida de niñas, niños y adolescentes. No se trata solo de “juegos” peligrosos: algunos de estos retos ponen en riesgo la vida y se propagan en cuestión de horas, impulsados por algoritmos que premian lo impactante, lo extremo y lo viral.
Casos recientes (publicados) que conmueven
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Mendoza, Argentina -abril de 2025: Un niño de 11 años falleció tras ingresar en estado crítico al Hospital Humberto Notti. Según la investigación judicial, habría intentado recrear el “blackout challenge” o “desafío del apagón”, un reto que consiste en provocarse asfixia para filmar la pérdida de conciencia. Aunque la causa está en investigación, el caso encendió las alarmas sobre la llegada de estos desafíos a nuestro país.
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México, septiembre de 2025: Un niño de 7 años sufrió quemaduras en el 40 % de su cuerpo tras intentar recrear el “Fire Challenge”, que consiste en encender fuego sobre el cuerpo luego de rociarse con alcohol u otros acelerantes.
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Estados Unidos, septiembre de 2025: Un adolescente de 12 años resultó con quemaduras de segundo y tercer grado tras replicar un reto con fuego y alcohol que vio en redes sociales. Su hermano logró salvarle la vida al apagar las llamas.
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España, julio de 2025: Un adolescente fue hospitalizado tras ingerir una gran cantidad de medicamentos como parte de un reto que circulaba en TikTok: “tomar el remedio más fuerte que haya en casa”.
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Colombia, enero de 2025: Autoridades alertaron sobre un desafío viral que incitaba a adolescentes a “desaparecer” por varios días para ganar puntos en redes, provocando situaciones de angustia y operativos de búsqueda reales.
Por qué no existen estadísticas confiables sobre muertes por retos virales
Subregistro:
Cuando ocurre una muerte vinculada a un reto, en los registros oficiales (como certificados de defunción, peritajes judiciales o reportes médicos) no suele figurar “reto viral” como causa directa. En cambio, se clasifica según el desenlace: sobredosis, asfixia, caída, suicidio, accidente doméstico, etc. Esto hace que muchos casos queden “invisibles” para cualquier conteo temático.Dificultad de atribución:
Establecer que un reto fue la causa específica requiere pruebas (videos, chats, testimonios) que no siempre están disponibles o se consideran concluyentes. En algunos casos, la conducta puede mezclarse con otros factores como problemas de salud mental, negligencia adulta o situaciones de riesgo previas, lo que vuelve compleja la determinación causal.Cobertura mediática selectiva:
La mayoría de los casos que llegan a la opinión pública lo hacen a través de noticias sobre episodios extremos, por ejemplo, muertes en menores de edad, lo que genera una percepción fragmentaria. Los medios no tienen la obligación de llevar un registro sistemático, por lo que la información depende del interés noticioso, no de un monitoreo constante.Falta de estudios sistemáticos:
Ni en Argentina ni a nivel mundial existen organismos que mantengan bases de datos consolidadas sobre muertes relacionadas con retos virales. Tampoco hay protocolos unificados para que sistemas de salud, justicia o educación reporten este tipo de casos bajo una misma categoría. Las investigaciones que existen son acotadas (por ejemplo, sobre muertes por selfies de riesgo) y no abarcan la totalidad del fenómeno.
Por qué estos retos siguen siendo peligrosos
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Algoritmos que amplifican lo extremo: Las plataformas privilegian contenidos impactantes, sin medir el daño potencial.
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Presión social y búsqueda de reconocimiento: Los adolescentes buscan aprobación en likes y visualizaciones, muchas veces sin evaluar el riesgo real.
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Falta de educación digital temprana: No siempre existen espacios familiares o escolares para hablar de estos contenidos de forma crítica.
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Acceso fácil a materiales peligrosos: Productos inflamables, medicamentos o químicos están al alcance en la mayoría de los hogares.
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Difusión instantánea y global: Un video grabado en otro continente puede replicarse en Argentina en minutos.
Prevenir también es educar
Especialistas en salud mental y educación digital insisten en la necesidad de fortalecer el diálogo familiar, formar a docentes y adultos referentes, y responsabilizar a las plataformas para frenar la circulación de contenidos dañinos. La prevención no pasa solo por prohibir, sino por construir espacios de confianza y pensamiento crítico, donde niñas, niños y adolescentes puedan hablar de lo que ven en línea sin miedo a ser castigados.
También destacan la importancia de alertas tempranas y campañas públicas que visibilicen los riesgos. Las escuelas, medios y organizaciones comunitarias tienen un rol clave para que estas situaciones no se repitan.
Mirar de frente el fenómeno
Estos casos no son anécdotas aisladas. Son el reflejo de un ecosistema digital que muchas veces corre más rápido que la capacidad social de reaccionar. Si no hablamos de estos temas en casa, en la escuela y en los medios, la conversación la dan los algoritmos y allí, la lógica no es cuidar, sino viralizar.
En tiempos de hiperconexión, ningún fenómeno digital es ajeno: lo que ocurre en otro punto del planeta, ocurre también a nuestro lado.
