“Once Piezas” encendió la noche del Teatro Nacional en Areco: Salón Guerrico desbordado
El estreno de Once Piezas (Linaje en seis actos), del grupo local de teatro independiente bajo la dirección de Silvio Menconi tuvo un revés conmovedor
Esa fecha no es casual. Cada 30 de noviembre se conmemora en Argentina el Día del Teatro Nacional, en recuerdo de la inauguración del primer teatro estable del país: el histórico Teatro de la Ranchería, que remontaba a 1783. Con ese marco simbólico, el estreno local adquirió una dimensión aún más especial.

Y fue una noche intensa: el Salón Guerrico se llenó al máximo. Faltaron sillas: hubo gente de pie, espectadores sentados en el piso, rincones improvisados en cada pasillo. Pero nadie se fue. Como decía Menconi, “el silencio demuestra que estaban entusiasmados y enganchados”. Esa atención conquistada no solo habla del público: habla de lo hecho sobre el escenario.
Fue una apuesta colectiva que, para muchos, dio en la tecla. Una obra que nació del grupo, de la experimentación, de la búsqueda. Menconi recordaba: “Este año me animé también a ayudar a las personas que por ahí se acercan al teatro para perder la vergüenza, para perder la timidez, para poder expresarse mejor”. Es importante destacar que para una parte del elenco fue su primera vez en escena y, seguramente, no la última. Un éxito abrumador.
La historia que cuenta Once Piezas apela a lo cotidiano: es “una historia de familia. La realidad de las casas… la realidad de las casas, los secretos, la historia, los vínculos”. La obra aborda la vida de tres hermanas, obligadas a convivir tras circunstancias difíciles, viviendo en la casa de sus padres, con hijos y nietos -una convivencia intensa marcada por “la fricción de los cuerpos”, las tensiones de la crisis económica, los conflictos de vínculos. Un retrato crudo y honesto de lo doméstico, del drama íntimo, del roce inevitable de las urgencias con la memoria.
Menconi dice que toda la dramaturgia nació colectivamente: a partir de improvisaciones, de lo que fue emergiendo en los ensayos, de las urgencias de cada actor. Luego se fue dando forma: cuadro por cuadro, acto por acto, hasta alcanzar los seis actos definitivos de la obra. Con ese trabajo, y con esa entrega, Once Piezas se convirtió en algo más que una función: fue un acto de valentía.
El público, colmado y atento, acompañó con respeto y emoción. Muchos se fueron conmovidos. Otros pensativos. Algunos con ganas de volver. Pero todos con algo en común: la convicción de que el teatro -ese arte de carne, voz, cuerpo y palabra- está cada vez más vivo, en su pueblo, en su sala, en su gente.
Porque en Areco también se celebra el teatro. Y cuando eso ocurre, el corazón late más fuerte
