Cierre de año y entrega de diplomas de los talleres de Artes Plásticas y Restauración de Marcos
El Museo de la Ciudad y Centro Cultural Usina Vieja fue escenario de una tarde cargada de emoción, arte y comunidad. Allí se realizó la entrega de diplomas de fin de año de los talleres municipales de Artes Plásticas y Restauración de Marcos, que reúne a vecinas y vecinos que durante meses trabajaron, aprendieron y desarrollaron su creatividad en un espacio público y gratuito impulsado por la Dirección de Cultura.
El encuentro no solo celebró el cierre de una etapa, sino también un proceso. Fueron 39 estudiantes quienes formaron parte del taller este año, sumándose tanto personas que ya venían con experiencia como otras que se animaron por primera vez a dar el paso hacia la pintura y el dibujo. La profesora Emilce Domínguez destacó la importancia de este recorrido y el crecimiento colectivo del grupo:
“Muy satisfecha de poder darle este espacio a tanta gente que continúa desde hace años y a quienes se sumaron y se animaron. Mucha gente tenía postergado comenzar con esto. Fue un lujo poder cerrarlo así”.
El taller de Restauración de Marcos también tuvo un papel protagónico. Cuatro estudiantes trabajaron durante meses en el cuidado y recuperación del patrimonio del Museo: Joaquín Bilbao, Milagros Aubaín, Mariela Di Carlo y Lucía Molares. Gracias a ellos, ya fueron restaurados 17 óleos de la colección Adolfo Bellocq, además de sus marcos. “Despacio, sin prisa pero sin pausa”, como describe Emilce, también avanzaron con la limpieza y tratamiento de obras en papel.
Para este proceso se sumó el aporte profesional de Alba Pereiro, titular de la Cátedra de Restauración en papel de la Universidad Nacional de las Artes, quien brindó asesoramiento técnico para comenzar con la limpieza de oxidaciones en los grabados de la colección Bellocq. Cuatro de esas restauraciones ya están expuestas.
Uno de los proyectos más ambiciosos está a cargo de Lucía Molares, estudiante de restauración en el IUNA, quien trabaja sobre un marco de gran complejidad técnica. Para Emilce, es fundamental que nuevas generaciones continúen ese camino:
“Apuesto a que ella sea la que cuide este patrimonio en el futuro”.
El cierre del taller fue un recordatorio del valor del arte como lugar de encuentro, formación y transformación personal. En cada diploma había un recorrido, un primer trazo, una obra que nació de la curiosidad y el esfuerzo. En cada abrazo, el orgullo compartido de pertenecer a una comunidad que apuesta por la cultura y la preservación de su patrimonio.
Y como cada año, Emilce lo resume de la forma más simple y verdadera: este taller es una puerta abierta. Un espacio donde cada persona que llega puede empezar de nuevo. Y donde el arte, una vez más, hace su trabajo: unir historias, recuperar memorias y seguir creando futuro.
