Areco frente a la liberación de bitrenes: más peso sobre rutas al límite
⏳ Tiempo estimado de lectura: 3 minutos
Tal como se conoció en las últimas horas y fue replicándose en medios nacionales y regionales de todo el país, el Gobierno Nacional anunció la liberación total de la circulación de bitrenes en la red vial argentina. La Resolución 1196/2025, firmada por el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo y celebrada por Federico Sturzenegger, abre la puerta a que estos gigantes de la ruta circulen sin restricciones por todo el país.
Los bitrenes son camiones de gran porte formados por un tractor y dos semirremolques biarticulados. Su extensión puede superar los 30 metros de largo y transportar hasta 75 toneladas de carga, es decir, más del doble que un camión convencional.
El argumento oficial es claro: menos viajes por tonelada, menos combustible consumido, reducción de costos logísticos. En palabras de Sturzenegger: “Estamos cambiando las reglas del juego del transporte en Argentina”.
Pero la pregunta que flota, inevitable, es: ¿en qué rutas van a circular esos mastodontes?
En Areco y su entorno inmediato, la Ruta Nacional 8 y la Ruta Provincial 41 son los corredores naturales de ingreso y egreso. Y no es necesario ser ingeniero vial para advertir que ambas están lejos de estar preparadas.
La Ruta 8, parcialmente autopista, conserva largos tramos en doble mano, con curvas ciegas, ondulaciones que impiden la visibilidad y banquinas deterioradas. Tras las inundaciones de mayo, los cortes parciales y las grietas en el pavimento quedaron a la vista. Con tránsito pesado, colectivos y autos particulares ya conviviendo al límite, la incorporación de bitrenes parece más una apuesta a la ruleta rusa que a la productividad.
La Ruta 41 tampoco se queda atrás: un corredor provincial clave, sobrecargado cada vez que la 9 presenta cortes o desvíos. Vecinos y productores lo definen como “terrorismo vial”: asfalto deformado, banquinas peligrosas y accesos mal diseñados. Es cierto, la Provincia avanza en una obra de autovía en algunos tramos, pero la foto actual es la de una ruta precaria donde maniobrar ya es un riesgo cotidiano.
Desde la provincia de Buenos Aires, la respuesta no tardó en llegar. El propio gobernador Axel Kicillof calificó la decisión como una “irresponsabilidad que pone en situación crítica a los bonaerenses”, recordando que gran parte de las rutas nacionales que atraviesan el territorio provincial “están abandonadas desde que se paralizó la obra pública”. “Liberar los bitrenes en este contexto es abrir la puerta a una catástrofe vial”, advirtió.
Al mismo tiempo anunció el envío a la Legislatura de un proyecto para declarar la emergencia de la obra pública nacional en territorio bonaerense, con el objetivo de darle al Ejecutivo provincial herramientas para intervenir en aquellas rutas que hoy presentan un deterioro alarmante. En la misma línea, el ministro de Transporte bonaerense, Martín Marinucci, denunció que la medida “habilita más peso en rutas destruidas” y que con ello “se pone en riesgo la vida de los argentinos”.
Aunque la Resolución 1196/2025 abre prácticamente toda la red vial nacional a los bitrenes, el propio Ministerio de Desregulación reconoció que existen excepciones mínimas. Se trata de apenas 55 curvas muy pronunciadas en rutas montañosas de Salta, Jujuy y Tucumán, más una en Chubut, donde la maniobra de giro sería imposible sin cortar el tránsito.
Allí los bitrenes solo podrán pasar con permisos especiales y operativos de seguridad. El contraste es evidente: mientras la norma se presenta como un giro de 180° hacia la “libertad de circulación”, en la práctica la topografía y la precariedad estructural imponen límites físicos que el decreto no puede borrar.
Los defensores de la medida repiten el mantra de la eficiencia logística. Pero hay datos que no se pueden tapar:
-
Maniobras imposibles: Adelantar un bitren en una ruta de un solo carril por mano puede demandar más de 1 kilómetro de visibilidad despejada. ¿Dónde existe eso en nuestras rutas?
-
Mayor distancia de frenado: Con 75 toneladas encima, detener un vehículo de estas dimensiones requiere mucho más tiempo y espacio, en rutas que ya carecen de mantenimiento.
-
Desgaste acelerado de la red vial: El peso extra multiplica el daño sobre el asfalto y puentes. Y con la obra pública paralizada, ¿quién reparará esos caminos?
-
Inseguridad vial en ascenso: La combinación de rutas destruidas, señalización deficiente y vehículos de dimensiones extremas es un cóctel explosivo.
Lo más preocupante es que la medida llega en paralelo al vaciamiento de Vialidad Nacional y la ausencia de un plan serio de mantenimiento. Se libera el tránsito de vehículos más pesados y largos que nunca, en una red que ya se cae a pedazos.
El gobierno festeja una supuesta modernización del transporte, pero lo hace desatendiendo la realidad concreta de las rutas. La lógica economicista mide en pesos por tonelada, mientras la vida de quienes circulan todos los días por la 8 o la 41 queda librada a la buena suerte.
Liberar los bitrenes sin infraestructura adecuada es como abrir las compuertas de un dique en ruinas: la potencia existe, pero el riesgo de catástrofe es inminente. No se trata de rechazar la innovación logística, sino de reconocer que Argentina necesita primero rutas seguras, firmes y mantenidas, no más peso sobre un pavimento agrietado ni más longitud en un asfalto que ya no alcanza.
Porque de nada sirve transportar más barato si en el camino lo que se pierde es lo más caro: la vida de las personas.

