Casa Refugio “Renacer”: ¿Qué diferencia hay entre inaugurar una casa y construir una política pública?
En pocas líneas
- La Casa Refugio Renacer fue inaugurada en 2021 como una herramienta para proteger a mujeres víctimas de violencia de género.
- Cinco años después, la casa permanece cerrada, vacía y sin actividad conocida.
- Una revisión de la normativa provincial, documentación pública y registros consultados para esta investigación no permitió encontrar evidencia pública que acredite su incorporación a la red provincial de Hogares de Protección Integral.
- La historia abre una pregunta más profunda: ¿qué diferencia hay entre inaugurar una casa y construir una política pública?.
- ¿Este será el motivo por el cual no se responden los pedidos de informes del HCD?
- En esta intentamos entender y explicar por qué el gobierno actual no habla de este tema.
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En marzo de 2021, el Municipio de San Antonio de Areco inauguró la Casa Refugio Renacer. La presentación fue difundida públicamente como una respuesta destinada a mujeres víctimas de violencia de género. Hubo fotografías, anuncios y una puesta en escena institucional que buscó mostrar un avance en una problemática tan compleja como urgente.
Cinco años después, la realidad es otra.
La casa está cerrada.
Vacía.
Sin actividad conocida.
Y según fuentes consultadas para esta nota, ya atravesó al menos dos episodios de ocupación.
La pregunta, entonces, ya no parece ser qué pasó con la Casa Refugio Renacer.
La pregunta es: ¿Existió alguna vez como verdadero refugio?
El detalle que encendió todas las alarmas
Hay un dato que resulta imposible ignorar.
Los Hogares de Protección Integral destinados a mujeres víctimas de violencia de género tienen una regla básica: su ubicación debe mantenerse reservada.
No es una sugerencia.
No es una recomendación.
Forma parte de los criterios de funcionamiento establecidos por la Provincia de Buenos Aires.
La normativa provincial establece expresamente que la ubicación de estos hogares no debe darse a publicidad y que sólo puede ser conocida por el personal afectado al dispositivo. El objetivo es proteger tanto a las mujeres alojadas como a los equipos de trabajo.
La lógica es tan sencilla como contundente: una mujer llega a un refugio porque necesita protección frente a una situación de riesgo. Si el agresor conoce el lugar donde se encuentra, esa protección desaparece.
Por eso los hogares de este tipo suelen funcionar con direcciones reservadas, circuitos de ingreso protegidos y estrictas medidas de confidencialidad.
Sin embargo, la Casa Refugio Renacer fue inaugurada públicamente y su ubicación fue difundida abiertamente.
¿Con qué criterio se publicita la dirección de una casa destinada a proteger a mujeres víctimas de violencia de género?
Porque no se trata de un detalle administrativo.
Se trata de seguridad.
Y en este tipo de políticas públicas, la ausencia de fotografías suele ser una buena noticia. Significa que se priorizó la protección de las personas antes que la difusión institucional.
En Areco ocurrió exactamente al revés.
Dicho de otro modo: una casa refugio no puede anunciarse como se anuncia una plaza, una oficina municipal o un centro cultural.
Porque si el agresor sabe dónde está la víctima, el refugio deja de ser refugio.

Lo que exige la Provincia
Otro aspecto central surge al revisar qué condiciones debe reunir un Hogar de Protección Integral.
La Provincia no define estos espacios simplemente por la existencia de una vivienda.
Lo que exige es un dispositivo de protección.
La normativa establece evaluaciones de riesgo, protocolos de admisión, estrategias de ingreso y egreso, asistencia interdisciplinaria, confidencialidad y cobertura permanente. También prevé la existencia de una coordinadora, trabajadora social, psicóloga, abogada, personal administrativo y operadoras rotativas para garantizar atención las 24 horas del día durante todo el año.
La diferencia es enorme.
Una casa es una construcción.
Un Hogar de Protección Integral es una política pública.
Y son cosas muy distintas.
La pregunta que nadie logró responder
Durante la elaboración de esta nota se revisó normativa provincial, documentación pública y material vinculado a la red bonaerense de dispositivos de protección para mujeres víctimas de violencia de género.
El resultado es tan simple como inquietante.
No se encontró documentación pública que permita verificar que la Casa Refugio Renacer forme parte de la red provincial de Hogares de Protección Integral ni que figure dentro de los dispositivos provinciales de protección consultados para esta investigación.
Eso no significa necesariamente que no exista algún expediente administrativo interno.
Significa algo más concreto: que no fue posible encontrar registros públicos, estructuras de funcionamiento o documentación accesible que acrediten su integración al sistema provincial.
Y esa ausencia resulta especialmente relevante porque los hogares de protección no son solamente edificios.
Son dispositivos institucionales.
Por eso la pregunta vuelve una y otra vez.
Si la casa fue presentada como refugio para mujeres víctimas de violencia de género, ¿dónde están los registros que acreditan esa condición?
¿Dónde están los protocolos?
¿Dónde está el personal asignado?
¿Dónde está la estructura que debería sostenerla?
El refugio que no aparece
Referentes vinculadas a la temática vienen señalando desde hace años que Renacer nunca logró consolidarse como un verdadero dispositivo de protección.
La crítica nunca estuvo centrada en la propiedad del inmueble.
La casa existe.
Es municipal.
Puede ser utilizada.
Lo que se cuestiona es otra cosa.
La ausencia de una estructura permanente que permitiera sostener el funcionamiento de un refugio bajo los estándares que la propia Provincia establece.
Fuentes consultadas sostienen que nunca existió personal asignado de manera permanente al lugar, ni guardias, ni cobertura continua.
En otras palabras: existía la casa, pero no el dispositivo.
Y cuando una herramienta de protección depende exclusivamente de la buena voluntad de quienes circunstancialmente la utilizan, deja de funcionar como política pública para transformarse en una solución precaria.
La discusión que viene
Paradójicamente, el debate vuelve a aparecer hoy en medio de las discusiones sobre salud mental.
Algunos imaginan que el inmueble podría convertirse en un dispositivo descentralizado para la atención de personas atravesadas por padecimientos mentales.
Otros plantean alternativas vinculadas a personas en situación de calle o a distintos programas comunitarios.
Y ahí aparece una enseñanza importante.
La casa podría utilizarse.
Por supuesto que podría.
Pero el error sería repetir la misma lógica.
Porque una casa de salud mental sin profesionales, sin protocolos y sin responsables designados no es un dispositivo de salud mental.
Un hogar para personas en situación de calle sin equipos de acompañamiento tampoco constituye una política pública de inclusión.
Y un refugio para mujeres víctimas de violencia sin estructura permanente deja de ser un refugio.
La discusión nunca debería ser únicamente qué función darle al edificio.
La discusión debería ser qué política pública se quiere construir adentro.
Más allá de las paredes
Cinco años después de aquella inauguración, quizás el problema ya no sea la Casa Refugio Renacer.
El problema es la diferencia entre anunciar una respuesta y construirla.
Porque las políticas públicas no se miden por los carteles.
No se miden por las fotografías.
No se miden por los discursos.
Se miden por las personas que logran proteger.
Y cuando una herramienta pensada para asistir a quienes atraviesan las situaciones más difíciles termina vacía, cerrada y envuelta en preguntas sin respuesta, lo que queda en discusión ya no es un inmueble.
Lo que queda en discusión es la capacidad del Estado para transformar una necesidad real en una respuesta real.
Y esa es una deuda mucho más difícil de inaugurar.

