Tarifas, subsidios, boletas más caras: qué cambia con la quita de subsidios

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(Es una nota explicativa. Necesaria para entender qué pasa con las tarifas y los subsidios)

 El Gobierno nacional de Javier Milei oficializó un nuevo esquema de tarifas de energía que implica la eliminación o reducción de subsidios para millones de hogares en todo el país. La medida afecta tanto a la electricidad como al gas y se empezará a sentir en las facturas que llegarán entre febrero y marzo, correspondientes a los consumos desde el 1° de enero.

Aunque en ciudades como la nuestra el servicio eléctrico es prestado por una cooperativa, los aumentos no se definen a nivel local. El Estado nacional fija el precio mayorista de la energía y decide cuánto subsidio aporta; la Provincia de Buenos Aires arma los cuadros tarifarios y las distribuidoras -privadas o cooperativas- los aplican.

Qué pasa con la luz y por qué sube

Según explicó Martín Rigacci, representante de la Cooperativa de Electricidad, Obras y Servicios Públicos (CEOSP), en las últimas semanas llegó un nuevo cuadro tarifario enviado por la Provincia que refleja el aumento del llamado precio estacional de la energía, definido por la Nación.

Ese incremento ronda el 2,2% y corresponde al costo mayorista de la electricidad. De ese aumento, solo una parte menor queda en manos de la cooperativa, vinculada al valor agregado de distribución, mientras que el resto responde a costos que la CEOSP no define ni controla.

“Ese precio mayorista es trasladado a todas las provincias, y la Provincia nos envía los cuadros tarifarios que debemos aplicar”, explicó Rigacci, aclarando que este esquema rige para todas las categorías de usuarios.

El cambio más fuerte: quién pierde el subsidio

El punto central del nuevo esquema no es solo el aumento mensual, sino la quita de subsidios. Hasta ahora, los usuarios estaban segmentados en tres niveles (N1, N2 y N3) según ingresos. Ese sistema fue eliminado y reemplazado por uno mucho más restrictivo:

  • usuarios con subsidio
  • usuarios sin subsidio

La migración desde el Registro de Acceso a los Subsidios a la Energía (RASE) al nuevo esquema será automática. En principio, no hace falta que los usuarios hagan ningún trámite, salvo que quieran actualizar datos del grupo familiar o ingresos.

El criterio clave es el ingreso total del hogar. Si el grupo familiar supera el equivalente a tres canastas básicas totales, pierde el subsidio. Hoy, ese monto ronda entre 1,4 y 1,6 millones de pesos mensuales, una cifra que deja afuera a muchas familias de ingresos medios que no se consideran “sin necesidades”, pero que deberán pagar tarifa plena.

Los jubilados con ingresos bajos, en general, seguirán dentro del esquema subsidiado, aunque el beneficio no es automático si conviven con otros familiares con ingresos.

Topes de consumo: el subsidio no cubre todo

Incluso quienes conserven el subsidio no lo tendrán de manera ilimitada. El nuevo sistema establece topes de consumo subsidiado: una cantidad determinada de kilovatios por mes tendrá descuento y todo lo que se consuma por encima de ese límite se pagará a precio pleno.

Esto significa que una familia puede seguir recibiendo subsidio, pero aun así ver aumentos importantes si su consumo supera los valores fijados, algo frecuente en invierno o en hogares con varios integrantes.

Ni la Provincia ni las cooperativas tienen margen para evitar esta medida: no pueden reemplazar con fondos propios un subsidio que el Estado nacional decide retirar. Las distribuidoras locales no fijan precios ni subsidios; simplemente trasladan el costo de la energía que compran. Cuando el Gobierno nacional recorta su aporte, la boleta sube y la paga el usuario, más allá de quién preste el servicio.

Qué significa todo esto para el bolsillo

La combinación de aumentos mensuales, quita de subsidios y topes de consumo implica que las boletas de luz y gas representarán una porción cada vez mayor del ingreso familiar. Para quienes pierdan el subsidio, el salto es directo a la tarifa plena. Para quienes lo mantengan, el alivio será parcial y limitado.

Aunque las cooperativas y la Provincia aplican los cuadros tarifarios, la decisión de fondo es nacional. Sin subsidios del Estado, el costo real de la energía pasa directamente al usuario, sin intermediarios que puedan amortiguar el impacto.

En definitiva, lo que se presenta como un “ordenamiento” del sistema energético se traduce, en la práctica, en servicios básicos más caros, en un contexto donde salarios y jubilaciones siguen corriendo de atrás.

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