Robos reiterados, abandono y amenazas: grave denuncia de los dueños de carros gastronómicos en Boulevard Zerboni

Los propietarios de los carros gastronómicos ubicados sobre Boulevard Zerboni, entre Zapiola y Bolívar, denunciaron nuevos robos, falta de seguridad, abandono municipal y presiones para trasladarse a otro sector sin condiciones mínimas de trabajo.
Aseguran que la situación se repite desde hace tiempo y que, lejos de mejorar, cada vez se vuelve más difícil sostener la actividad.

En la zona funcionan varios carros, todos instalados con inversión propia, sin infraestructura municipal y con escasa iluminación. En los últimos días volvieron a sufrir daños y robos.

Rufino Leguizamón contó que en su caso el carro ya fue violentado en cinco oportunidades.
La modalidad se repite: chapas cortadas, ventanas forzadas, mercadería dañada y herramientas destruidas.
Muchas veces no se llevan grandes cosas, pero el daño es suficiente para arruinar el trabajo de varios días.

Otros trabajadores también fueron víctimas de hechos similares.
Pablo Leguizamón relató que a él le robaron al menos tres veces, mientras que otros compañeros también sufrieron pérdidas recientes.

El problema, dicen, no es solo el robo, sino la sensación de estar completamente desprotegidos.

No hay iluminación suficiente, no hay vigilancia, no hay baños en condiciones y tampoco obras que alguna vez fueron prometidas para ordenar el sector como patio gastronómico.

El traslado que nunca se concretó y el conflicto con el Municipio

Según relataron, desde la Secretaría de Desarrollo y Producción les propusieron mudarse a otro sector del predio, detrás de la pérgola, hacia el fondo, en una zona sin servicios, sin iluminación y que incluso se inunda cuando llueve.

Los trabajadores se negaron a trasladarse hasta que se hicieran las obras que les habían prometido, entre ellas iluminación, organización del espacio y mejoras básicas para poder trabajar.

Nada de eso se cumplió.

En ese contexto, sostienen que en una reunión con la secretaria Celina Pérez Adamo recibieron una advertencia que marcó el quiebre.

Según contaron, se les dijo que si no aceptaban mudarse al lugar que el Municipio proponía, no volverían a tener eventos ni beneficios.

Desde entonces, afirman, no hubo mejoras, no hubo obras y tampoco apoyo para el sector.

Todo lo que tienen -la bajada de luz, las habilitaciones, los arreglos, los servicios- lo pagan ellos mismos.

Sin luz, sin baños y con robos cada vez más frecuentes

El lugar donde trabajan apenas tiene iluminación de las farolas del boulevard, que no alcanzan para dar seguridad.

Los baños del predio están abandonados y nunca fueron arreglados, lo que también afecta a quienes se acercan a consumir.

Incluso cuando intentaron resolver algunas cosas por su cuenta, como colocar baños químicos o mejorar el espacio, aseguran que no se los permitieron.

Mientras tanto, los robos se repiten y el resultado siempre es el mismo: pérdidas, daños y la sensación de que nadie se hace cargo.

Denuncias, demoras y maltrato

También cuestionaron el trato recibido al momento de hacer las denuncias.

En algunos casos, tuvieron que ir varias veces a la comisaría hasta que les tomaron la exposición.
Fabiana contó que el día que encontró su carro dañado fue por la mañana a hacer la denuncia, pero le dijeron que volviera más tarde. Regresó a la tarde, la volvieron a enviar a esperar y recién cerca de las siete y media de la tarde pudo terminar el trámite, después de haber ido y venido durante todo el día.

En otros casos, aseguraron haber recibido respuestas despectivas frente a hechos que ya se repitieron demasiadas veces, incluso con comentarios que minimizaban los robos.

La bronca crece porque sienten que el problema es conocido, pero no hay soluciones.

Trabajan todos los días, dependen de lo que venden y cada daño significa empezar de nuevo.

“Esperemos que esto no nos traiga más consecuencias”

En un contexto en el que el país acaba de recordar los 50 años del golpe militar, con actos, movilizaciones y expresiones públicas en defensa de la democracia, resulta indignante que vecinos que solo reclaman poder trabajar tengan temor a hablar por las consecuencias que pueda traerles decir lo que están viviendo.

Saben que ya tuvieron problemas por decir lo que pasa y temen que vuelva a ocurrir.
Según contaron, en otras oportunidades, después de reclamar mejoras o negarse a aceptar el traslado que les proponían, dejaron de tener apoyo, no se concretaron proyectos prometidos y tampoco volvieron a realizarse eventos que, aseguran, podían ayudarles a trabajar mejor.

Uno de ellos lo expresó con claridad al final de la entrevista: “Esperemos que no nos traiga más consecuencias decir las cosas”.

Relataron que en una reunión con funcionarios se les había advertido que, si no aceptaban mudarse al sector que el Municipio proponía, no habría más actividades ni beneficios para ellos.
Desde entonces, sostienen que no hubo mejoras en el lugar, no se avanzó con el patio gastronómico que se había anunciado y tampoco se permitió que resolvieran por su cuenta algunas necesidades básicas, como la colocación de baños o mejoras en el espacio.

A pesar de todo, siguen trabajando todos los días, pagando de su bolsillo los servicios, la luz, las habilitaciones y los arreglos que necesitan para poder seguir adelante.
Pero además, aseguran que la situación económica también se siente y que cada vez hay menos movimiento en la zona. Fabiana lo resumió con preocupación al señalar que ya no trabajan como antes, que los fines de semana hay menos gente y que el esfuerzo es cada vez mayor para poder sostener los carros abiertos.

El pedido, dicen, no es un privilegio.

Quieren seguridad, iluminación, condiciones mínimas y la posibilidad de trabajar sin miedo.

Incluso plantearon que podrían organizar actividades para generar más movimiento en el sector, como hacen otros rubros de la ciudad.
Pablo Leguizamón propuso que también se les permita realizar eventos propios, por ejemplo una jornada especial para los carros gastronómicos, algo similar a lo que ocurre con otras propuestas locales, como podría ser una “Noche de los Carros”.

Pero hasta ahora, aseguran, nunca tuvieron esa oportunidad.

Después de tantos robos, tantas promesas incumplidas y tantos reclamos sin respuesta, la pregunta queda abierta:

¿Se trata de desidia, de indiferencia… o de discriminación?

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