La crisis en Granja Tres Arroyos pone en jaque a miles de hogares de Areco y la zona

Trabajadores de la planta de Capitán Sarmiento rechazan el pago de haberes en cuotas, mientras el conflicto se extiende a otras localidades y golpea de lleno la economía de Areco y la región. La empresa ofreció pagar el aguinaldo en cuatro (4) etapas y la quincena en cinco (5) cuotas. Realmente humillante, imposible de sostener. 

La crisis que atraviesa Granja Tres Arroyos, una de las principales empresas avícolas del país, comenzó a sentirse con fuerza en San Antonio de Areco y Capitán Sarmiento, ante el reclamo de cientos de trabajadores por sueldos adeudados y condiciones laborales cada vez más deterioradas. La planta mencionada se transformó en el epicentro de un conflicto que ya se replicó en otras localidades donde la firma tiene instalaciones.

Operarios denunciaron atrasos en el pago de salarios y aguinaldos, y una propuesta empresarial que busca saldar esas deudas en cuotas que se extenderían hasta el mes de mayo. La iniciativa fue rechazada por los trabajadores y los gremios, que la consideraron insuficiente y humillante.

Cabe destacar que los empleados cobran de manera quincenal, por lo que cada demora o fraccionamiento del salario impacta de forma inmediata en la economía familiar. La falta de pago en tiempo y forma generó complicaciones para afrontar alquileres, alimentos y gastos básicos, acelerando el hartazgo y las medidas de fuerza.

Además de los atrasos salariales, los trabajadores advierten sobre incumplimientos en aportes jubilatorios, pagos a mutuales y una reducción del 11% en los sueldos, a lo que ahora se suman nuevas postergaciones en los haberes mensuales. Frente a este escenario, se intensificaron las protestas con asambleas permanentes y quema de neumáticos en los accesos a la planta.

El conflicto no se limita a Capitán Sarmiento. Plantas ubicadas en Pilar, en la provincia de Buenos Aires, y en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, también realizaron paros y manifestaciones, lo que deja en evidencia que la crisis atraviesa a todo el grupo empresario.

De hecho, en Entre Ríos la empresa ya cerró una de sus plantas como parte de un proceso de reestructuración para reducir costos, trasladando personal a otros establecimientos, en medio de reclamos salariales similares a los que hoy se viven en la región.

El periodista Tomás Barnetche, de Capitán Sarmiento, describió un panorama de fuerte incertidumbre y hermetismo empresarial. Señaló que, si bien cree que existen conversaciones con autoridades ante la magnitud del problema, la situación es compleja en el actual contexto económico. También mencionó versiones extraoficiales sobre la caída de convenios de exportación con China, la quita de subsidios que habría tenido la empresa en gobiernos anteriores y rumores sobre la venta de una parte mayoritaria de la planta a capitales extranjeros.

Según Barnetche, uno de los puntos que más genera bronca entre los trabajadores es que, pese a la crisis que manifiesta la empresa, la producción no se habría detenido: los empleados sostienen que se sigue faenando la misma cantidad de pollos y que los camiones y contenedores continúan saliendo como siempre, lo que alimenta la sensación de que el negocio continúa mientras los salarios no se pagan en tiempo y forma.

El impacto social es enorme. Supera a la 2500 trabajadores, 2500 familias. Esta crisis golpea de lleno a la economía de ambas ciudades. Comercios, talleres, transportistas y distintos rubros locales también comienzan a sentir las consecuencias de un conflicto que afecta a miles de familias de manera directa e indirecta.

Si bien la situación viene arrastrándose desde hace más de dos años, en las últimas semanas se alcanzó un punto de quiebre. El desgaste acumulado, los atrasos reiterados y la falta de respuestas concretas llevaron a los trabajadores a profundizar las medidas de fuerza.

La crisis de Granja Tres Arroyos ya no es solo un conflicto laboral, sino una problemática social que sacude a toda la región. Areco y Capitán Sarmiento observan con preocupación un escenario que pone en jaque a miles de familias y a la economía local, mientras crece la incertidumbre sobre el futuro de una de las principales fuentes de empleo de la zona.

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