El Club Vieytes de Duggan celebró 110 años de historia, memoria y pertenencia
El Club Vieytes de Duggan celebró sus 110 años con un encuentro cargado de emociones, anécdotas y reencuentros. Hubo entrega de diplomas a socios vitalicios, música, brindis y, sobre todo, orgullo por una institución que sigue siendo el corazón del pueblo.
“Antes se vivía distinto, pero se vivía bien”, recuerda uno de los socios más antiguos, en esa época había que venir de saco y corbata, obligatorio. Las fiestas eran sociales, familiares. Y además se jugaba: bochas, paleta, tenis. La cancha de tenis la desarmaron después, pero todo eso era el movimiento del pueblo”.
La historia del club está ligada a la de sus vecinos, a los trenes que llegaban cargados de vida y a las fiestas que convocaban a todos. En tiempos donde viajar a Areco no era tan común, el club era el punto de encuentro. “Había menos autos, menos apuro. El tren era todo. Y las fiestas eran distintas… más cercanas, más nuestras”, cuentan los protagonistas.

Algunos de los homenajeados recibieron su diploma de socio vitalicio con lágrimas en los ojos. Uno de ellos recuerda que se hizo socio en los años 80: “Venía a jugar a la paleta y después a las bochas. A los bailes, solo cuando estaba en la comisión, siempre se trabajaba por el club”.
Otro, más joven, confiesa que se unió hace unos veinte años, pero que su vínculo va más allá de la membresía. “Fui tesorero, secretario… hicimos el cielo raso, cuando esto era un galpón. Me casé acá, en el 92, con una helada de cinco grados bajo cero y una estufa a kerosene en el medio del salón. Verlo ahora así, tan lindo, te emociona. Es el esfuerzo de muchas generaciones”.
Los dirigentes actuales coinciden en que la fecha es más que un aniversario: es una reafirmación del compromiso comunitario. “Dejamos todo acá, vivimos para el trabajo y para el club. Pero lo hacemos con amor. Hay un sentimiento que no se explica”, cuentan desde la comisión, mientras entregan los diplomas y saludan a quienes alguna vez pelearon por sostener las puertas abiertas.
Una de las socias recuerda con orgullo haber sido parte de la lucha por la participación femenina: “Antes no nos dejaban ser socias. Las comisiones eran de hombres. Yo golpeaba la puerta y decía: queremos ser socias de la familia. Hasta que un día nos dijeron que sí.” Hoy, el club fútbol femenino y una nueva camada de jóvenes que se suma con entusiasmo.
El Vieytes de Duggan no solo celebra su historia: la renueva. En noviembre y diciembre habrá más baile, con la presentación de Granizado y Los Soñadores, y más adelante, La Bomba Tucumana y Cumbia y Luna.
“Son 110 años de esfuerzo, de baile, de bochas y de comunidad. Pero, sobre todo, de amor por este lugar”, resume uno de los socios más veteranos porque esto -dice señalando el salón lleno- ya no es solo un club. Es parte de nuestra vida.”

