No hay edad para escuchar un cuento: La Luna mostró en Areco su otra cara

En el marco del ciclo Aún Arte, el sábado por la noche el Salón Guerrico recibió a La Luna Compañía de Cuentos, integrada por Fernanda Gómez y Erika Brandauer, quienes presentaron “De cuento… en cuento”, una propuesta de narración oral y música pensada para público adulto.

Quienes conocen a La Luna Compañía de Cuentos por sus propuestas para las infancias quizás se llevaron una sorpresa este sábado 12 de septiembre. En el Salón Guerrico de San Antonio de Areco, Fernanda Gómez y Erika Brandauer presentaron “De cuento… en cuento”, un espectáculo en el que las historias y la música fueron esta vez una invitación para los grandes.

La Luna está radicada en Duggan y lleva más de 15 años recorriendo escenarios y encuentros con una particular manera de contar: la palabra no va por un lado y la música por otro, sino que ambas forman parte de la misma historia. Su trayectoria incluso las llevó a participar de encuentros internacionales de narración oral fuera del país.

Después de la función, ellas mismas resumieron una idea que atravesó la noche: “No hay edad para escuchar cuentos”. Y aunque en esta zona son muy conocidas por su trabajo con niños, explicaron que sus comienzos estuvieron, precisamente, entre adultos.

“Hace 15 o 16 años nuestras primeras contrataciones eran para cumpleaños de 80, de 70 años, reuniones familiares. Así empezamos contando para adultos”, recordaron. Con el tiempo llegaron los espectáculos infantiles y ese trabajo fue ganando mayor visibilidad en la zona, pero el otro repertorio nunca desapareció.

Un serrucho también puede hacer música

Uno de los detalles que despertó curiosidad durante la presentación fue un instrumento bastante inesperado: un serrucho común tocado con arco de violín.

No es un agregado decorativo. Forma parte de la búsqueda de La Luna por entrelazar sonidos y relatos. “Vamos haciendo ese tejido. Es lo que más nos divierte: ir haciendo una trama entre música y palabra”, explicaron al terminar la función.

Los cuentos que eligen provienen, en buena medida, de tradiciones orales, historias que fueron pasando de boca en boca y de familia en familia. También recopilan relatos durante sus viajes y recurren al trabajo de investigadores especializados.

Y hubo una pequeña escena entre el público que terminó confirmando aquello de que las edades no importan demasiado frente a una buena historia. Un niño que había acompañado a su abuelo quiso quedarse hasta conocer el final del cuento.

Aunque “De cuento… en cuento” estaba pensado para adultos, él también quería saber cómo terminaba.

Quizás La Luna tenga razón: para escuchar un cuento no hay edad.

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