Duratierra en el Galpón Chamico: un domingo de música, gestión y corazones plenos

Areco vivió un encuentro único con la llegada de Duratierra, una de las bandas más representativas de la música popular argentina, que por primera vez desembarcó en el Galpón Chamico. El espacio cultural, nacido de la gestión colectiva y el trabajo incansable de su cooperativa, volvió a demostrar que es capaz de traer artistas de primer nivel al corazón del pueblo.

Duratierra, con Micaela Vita como voz principal y acompañada por el guitarrista y compositor Juan Saraco, se presentó con la fuerza de un proyecto que combina raíz folclórica, potencia rockera y dos décadas de camino artístico. La formación se completa con Martín Beckerman y Nicolás Arroyo en percusión, Tomás Pagano en contrabajo, Valen Bonetto en ronroco y guitarra, y Silvia Aramayo en piano y acordeón. Juntos, vienen de conquistar escenarios emblemáticos como el Festival de Cosquín, de ganar un Premio Gardel y de recibir un Konex al mejor conjunto folclórico de la década.

La visita a Areco no fue una fecha más. El Chamico se vistió de fiesta con una puesta en escena pensada al detalle, escenografía incluida, en una tarde que reunió a más de 120 personas, entre vecinos y visitantes de localidades cercanas y del exterior. El clima lluvioso no fue obstáculo: la música encendió el calor colectivo y convirtió al domingo en una verdadera celebración.

Los héroes de esta jornada fueron los integrantes de Mental DeltaEmmanuel De Renzo en guitarra, Tomás Lecot en bajo, Tomás Araguz en batería, Walter Ratto en piano y Lucho Scarano en percusión- quienes no solo pusieron el sonido impecable de la noche, sino que además gestionaron con pasión y esfuerzo que Duratierra tocara en Areco y llenara el Chamico. El trabajo de esta cooperativa demostró cómo la autogestión cultural es capaz de producir hitos memorables.

El concierto reafirmó el espíritu independiente de Duratierra, que a lo largo de su carrera publicó cuatro discos -con piezas como Cría, Trinchera y La Fuerza-  y que hoy recorre el país. La potencia de sus canciones, sumada a la cercanía con el público, dejó en claro por qué se convirtieron en referencia de la escena popular contemporánea.

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la peña compartida con músicos locales, un puente de afectos y de música que multiplicó la emoción. La banda celebró la oportunidad de encontrarse con artistas de Areco y de la región, reconociendo el talento que late en cada rincón del país. Esa comunión entre visitantes y anfitriones dejó una huella profunda: la certeza de que Argentina es un país hermoso y diverso, donde la cultura popular se mantiene viva en cada encuentro y en cada escenario que abre sus puertas con generosidad.

La noche cerró con esa sensación que sólo dejan los grandes encuentros: la certeza de que la cultura sigue viva y pujante cuando hay espacios que se atreven a gestionarla con amor y bandas que se entregan con pasión para multiplicarla.

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