Columna de Opinión: Reclaman por las rutas, pero se sientan con los que las abandonan
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Esta semana, dos postales reflejaron la crisis vial que atraviesa la Segunda Sección Electoral: por un lado, la audiencia pública donde Vialidad Nacional confirmó que no se terminarán obras claves en la Ruta 7, como la Variante Chacabuco o el tramo hasta Carmen de Areco. Por otro, el reclamo del intendente de San Antonio de Areco, Francisco Ratto, quien denunció públicamente el abandono de los accesos a la ciudad y exigió mantenimiento urgente en la Autovía 8.
Como publicó el portal INFOCIELO, durante la audiencia celebrada en Junín se confirmó que el Gobierno Nacional no finalizará las obras de la Ruta 7 en el tramo que une Chacabuco con Carmen de Areco, ni destinará fondos para su mantenimiento. A cambio, se permitirá que empresas concesionarias instalen cabinas de peaje sin ninguna obligación de completar los trabajos. Bajo el nuevo esquema de “concesión autosustentable”, las rutas se cobran, pero no se arreglan. El municipio de Chacabuco —también perteneciente a la Segunda Sección Electoral— calificó la medida como “injusta” y anticipó acciones institucionales para frenarla.
“Participamos de la Audiencia Pública convocada por la Dirección Nacional de Vialidad en el marco de la próxima concesión de la Autovía Nacional N°8.
Expresamos con firmeza nuestro reclamo por la inmediata reactivación de las obras paralizadas en los accesos a nuestra ciudad.
También exigimos el mantenimiento urgente de la ruta, colectoras y banquinas, que hoy representan un riesgo constante para vecinos y visitantes.
La seguridad vial no puede esperar”, dice Ratto.
Las palabras de los jefes comunales fueron firmes. Pero, ¿qué peso tiene un reclamo cuando se lo lanza hacia arriba, mientras abajo se amasa una alianza con quienes lo provocan?
El informe publicado por La Tecla deja poco margen para la duda: Francisco Ratto integra la mesa política que negocia con La Libertad Avanza en la Segunda Sección. Es uno de los intendentes del PRO que busca conservar “la lapicera” en el reparto de listas, mientras el mileísmo exige lugares amparado en su caudal electoral. Los otros nombres en esa lista son conocidos: Javier Martínez (Pergamino), Fernando Bouvier (Arrecifes) y Marcelo Matzkin (Zárate).
Es decir, muchos de los intendentes que hoy denuncian el deterioro de las rutas, participan activamente del armado político con quienes desfinancian el Estado, paralizan obras y vacían Vialidad Nacional.
En este modelo, los vecinos pagamos el peaje por rutas que no se arreglan, y también pagamos el costo político de una dirigencia que dice una cosa en los medios y hace otra en las mesas de poder.
Las obras no se reactivan con posteos ni con declaraciones indignadas. Mucho menos si esas voces también están tejiendo acuerdos con el oficialismo libertario. Porque no es Milei el que está solo: es la dirigencia tradicional la que lo está normalizando, una negociación a la vez.
Es decir, Milei no avanza únicamente por sus votos o su convicción ideológica, sino porque sectores del PRO y de la política territorial lo están legitimando cada vez que negocian con él, cada vez que se sientan en una mesa para armar listas o cerrar acuerdos. Mientras en los micrófonos reclaman por el ajuste, en las reuniones de estrategia lo validan, lo ordenan y lo expanden. Su soledad es una construcción discursiva; en la práctica, lo acompañan más de lo que admiten.
Reclamar está bien. Pero el reclamo pierde fuerza cuando se convierte en pura palabra vacía. Y los vecinos ya no estamos para seguir esperando: necesitamos rutas, no excusas; decisiones, no posicionamientos de ocasión.
