Catorce años después: el Zerboni sigue buscando cómo cobrar lo que le deben y cómo financiarse

Qué: Catorce años de problemas para cobrar prestaciones del Zerboni.
Quién: Distintas gestiones municipales y el sistema de salud.
Cuándo: De 2012 a 2026.
Cómo: Recupero propio, FECLIBA y ahora uso pago de instalaciones.
Por qué: Porque las obras sociales siguen debiendo dinero al Hospital.

Tiempo estimado de lectura 4 minutos

(Cambian los gobiernos y las herramientas, pero catorce años después el Zerboni sigue intentando cobrar por la salud que ya prestó)

 

El problema no nació con Francisco Ratto ni se resolvió con Francisco Durañona. Atravesó gestiones, cambió de formas y llegó hasta un Hospital Zerboni que en 2026 vuelve a discutir cómo financiarse. Obras sociales que no pagan, millones acumulados, un convenio con FECLIBA que tiene costo, una alternativa pública -SAMO- que la oposición pidió discutir y un nuevo derecho para utilizar instalaciones hospitalarias con pacientes provenientes de consultorios privados. Catorce años después, la pregunta sigue siendo incómodamente parecida: quién paga la salud que el Hospital ya prestó.

La historia no empezó con los quirófanos.

Tampoco con FECLIBA.

Mucho antes de que San Antonio de Areco discutiera cuánto debe pagar un profesional para utilizar instalaciones del Hospital Zerboni con un paciente proveniente de su consultorio privado, el Municipio ya tenía otro problema: cómo cobrar lo que las obras sociales debían pagar por sus afiliados.

Y lo tenía hace catorce años.

La cronología ayuda a entenderlo.

2012: el sistema estaba desfinanciado y había conflicto por los cobros

Apenas iniciada la gestión de Francisco Durañona, el entonces secretario de Promoción Social, Dr. Juan Riera cuya área comprendía Salud, describió un sistema sanitario desfinanciado y con dificultades para garantizar prestaciones básicas.

En enero de 2012, junto con la entonces secretaria de Gobierno María Marta Barrera y las autoridades del Hospital Zerboni, se anunció la Emergencia Sanitaria y Asistencial.

La decisión fue avanzar sobre algo bastante elemental: si el Hospital atendía a una persona que tenía obra social, esa obra social debía pagarle al Hospital.

Se implementó un sistema de recupero y facturación. En marzo de ese año, durante una reunión de Durañona y Riera con el entonces ministro de Salud bonaerense Alejandro Collia, se informó que el nuevo mecanismo había permitido que “el Estado recuperó el cobro de las obras sociales”.

Al mismo tiempo, aquella gestión cuestionó el cobro de adicionales a pacientes dentro del Hospital. El mensaje era que quien tenía cobertura debía presentar su documentación, pero no llevar dinero para pagar un plus por la atención hospitalaria.

Hubo resistencia y discusiones con parte del sector profesional.

Pero detrás de aquella pelea había una definición de política pública: la prestación realizada dentro del Hospital debía ingresar al circuito económico del Hospital.

El conflicto escaló y terminó en renuncias

Aquella discusión no quedó solamente en declaraciones.

Riera terminó dejando el área de Salud y, al explicar su salida, formuló una frase especialmente dura: “La corporación médica me llevó puesto en el cargo, ya que no pudimos revertir el grado de naturalización de malas prácticas médicas que se habían generado”.

La expresión pertenece a Riera y refleja su propia interpretación del conflicto. No convierte a todo el sector médico en responsable de aquella crisis, pero sí permite dimensionar hasta dónde había escalado la disputa.

Su salida tampoco fue un hecho aislado. Después se produjeron renuncias dentro de la estructura sanitaria municipal, incluidas autoridades del Hospital y, posteriormente, el plantel completo de médicos de terapia intensiva.

El intento de modificar la manera en que circulaba el dinero dentro del sistema -quién facturaba, quién cobraba y qué se le podía exigir al paciente- había terminado chocando con parte de la propia estructura sanitaria.

Pero tampoco aquella crisis consiguió resolver definitivamente el problema.

Años posteriores: el recupero siguió siendo un problema

Cuatro años después, en 2016, Riera -ya nuevamente vinculado a la conducción sanitaria municipal- volvió al Concejo Deliberante junto con autoridades de Salud.

Entre los temas sobre los que tuvieron que dar explicaciones estaba la recaudación del Hospital Zerboni.

Es un dato importante porque evita construir una historia demasiado cómoda sobre el pasado.

Durañona no resolvió definitivamente el problema.

La dificultad para transformar en ingresos efectivos las prestaciones realizadas a pacientes con cobertura siguió atravesando al Hospital.

Y siguió atravesando gestiones.

2025: Ratto y “el único hospital que tenemos”

Trece años después de aquella emergencia, Francisco Ratto también colocó al Zerboni en el centro de su discurso político.

Durante la apertura de sesiones de 2025 defendió al establecimiento, destacó los recursos reunidos para ampliar el Área Crítica y cuestionó las críticas hacia el sistema sanitario municipal.

Entonces dijo: “No sé cuál es la gracia de tirar en contra del único hospital que tenemos”.

La frase cobra otro peso leído desde 2026.

Porque durante esos años el Hospital también había sido presentado oficialmente como una construcción colectiva, sostenida con inversión municipal pero también con aportes de vecinos, instituciones y empresas para su ampliación.

El Zerboni era, en el discurso oficial, un patrimonio a fortalecer y defender.

2025/2026: las obras sociales todavía deben millones

Pero el viejo problema seguía allí.

Cuando Ratto presentó el convenio con FECLIBA, volvió a describir un cuadro conocido: obras sociales que no pagan en tiempo y forma, débitos muy elevados y prestaciones que el Hospital realiza pero no consigue cobrar íntegramente.

Puso ejemplos concretos. Señaló que OSECAC debitaba más del 80% de determinadas prestaciones y habló de una deuda de IOMA cercana a los 170 millones de pesos.

Y formuló una pregunta que conecta perfectamente 2026 con 2012: “¿Quién paga todo eso? El pueblo de San Antonio de Areco”.

Ahí aparece el problema central.

Si el Zerboni realiza una práctica, utiliza personal, insumos, equipamiento y estructura, pero después la cobertura del paciente no paga, el costo ya fue afrontado.

Y alguien termina absorbiéndolo.

2026: para cobrar aparece FECLIBA

La respuesta elegida por el gobierno de Ratto fue firmar un convenio con FECLIBA.

La Federación interviene en facturación, auditorías, débitos, seguimiento, negociación y cobro frente a obras sociales y prepagas.

La idea oficial es que una organización que agrupa numerosos prestadores tenga mayor capacidad de negociación que un hospital municipal actuando individualmente.

Pero hay una diferencia importante:

FECLIBA tiene un costo para el Municipio, se lleva el 4,5%.

Percibe un porcentaje sobre aquello que efectivamente consiga recuperar.

Entonces aparece una pregunta inevitable: si hace catorce años Areco ya había decidido que las obras sociales debían pagarle al Hospital por las prestaciones de sus afiliados, ¿cómo llegó a 2026 necesitando pagarle a un tercero para cobrar lo que al Zerboni ya le correspondía?

SAMO: una alternativa que la oposición pidió discutir

Había otra posibilidad sobre la mesa.

Fuerza Patria propuso analizar el SAMO, el sistema público provincial destinado al recupero de costos hospitalarios frente a terceros pagadores.

La propuesta no prosperó.

Y ese punto es importante porque la discusión no era si había que cobrarles a las obras sociales.

En eso prácticamente todos coincidían.

La discusión era cómo cobrar, quién debía hacerlo y cuánto le costaría al Municipio conseguir ese dinero.

Por eso queda pendiente una comparación concreta: ¿por qué se eligió FECLIBA y no se abrió una evaluación formal entre ese mecanismo y SAMO?

Porque si una alternativa implica pagar una comisión sobre lo recuperado y otra pertenece al sistema público provincial, la comparación económica y operativa resulta relevante.

¿Y quién cobra la deuda vieja?

Hay además una pregunta que todavía necesita una respuesta clara.

FECLIBA comenzó a intervenir a partir del convenio firmado en 2026.

Pero las deudas del Hospital no comenzaron este año.

Durante años se acumularon facturas, débitos y acreencias frente a distintas coberturas.

Entonces: ¿qué ocurre con todo lo facturado y no cobrado antes del convenio?

¿Qué deuda anterior puede gestionar FECLIBA? ¿Qué sigue reclamando directamente el Municipio? ¿Qué antigüedad tiene cada acreencia? ¿Existe deuda que ya no pueda recuperarse?

No es un detalle contable.

Es dinero correspondiente a prestaciones que el Zerboni ya realizó y que alguien ya pagó por adelantado: el sistema público.

2026: y ahora aparece una nueva fuente de ingresos

Mientras intenta resolver ese viejo problema, el Municipio abrió otra puerta.

Este año quedó aprobado el Derecho de Uso de Instalaciones Hospitalarias, mediante el cual profesionales podrán utilizar espacios y recursos del Zerboni para prácticas destinadas a pacientes provenientes de sus consultorios privados, pagando el correspondiente derecho al Municipio.

No hace falta repetir aquí los valores ni todas las cuestiones todavía pendientes de reglamentación, desarrolladas en la primera nota de esta serie.

Para esta historia importa otra cosa: el Zerboni vuelve a buscar recursos. Nunca dejo de hacerlo.

Primero tratando de cobrar mejor aquello que las obras sociales ya le deben.

Ahora también habilitando el uso pago de parte de su infraestructura para determinadas prácticas provenientes del ámbito privado.

Catorce años en cinco líneas

2012: el sistema estaba desfinanciado y había conflicto por los cobros.

Años posteriores: el problema del recupero no desapareció.

2025/2026: siguen acumulándose deudas de obras sociales.

2026: se contrata a FECLIBA pagando un porcentaje de lo recuperado, mientras existía la alternativa pública SAMO y la oposición reclamaba discutirla.

2026: además, se abre el Hospital a prácticas provenientes de consultorios privados mediante un derecho de uso.

El problema sobrevivió a los gobiernos

Y quizás ahí esté la parte más incómoda de esta historia.

Lo que debería preocupar es precisamente eso: que después de catorce años la pregunta siga siendo quién paga la salud que el Hospital ya prestó. Y que prestará.

Nota Anterior

HCD: El precio ya está puesto: qué falta saber sobre el uso privado de los quirófanos que Areco ayudó a construir

Siguiente Nota

De la sala de cuatro años a Jujuy: el proyecto del Duende Azul pasó a la instancia nacional