Austeridad para unos, Movistar Arena para otros: Qué intenta defender Amadeo
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(A laburar, muchachos… que el fin de mes siempre se adelanta. Y eso que todavía no nos jubilamos…)
En medio de una crisis económica, política y social profunda, con millones de personas fuera del sistema laboral y programas sociales desmantelados, la defensa pública que hizo hoy el jefe de Gabinete, Miguel Amadeo, quien fuera candidato a diputado provincial por la alianza La Libertad Avanza, dejó servida en bandeja una lectura política ineludible: lo que intenta presentarse como “austeridad” termina revelando una mezcla de improvisación y negación frente a la realidad.
Consultado por esta productora sobre el estado de la campaña local, Amadeo respondió:
“Nosotros estamos exactamente en la misma situación que estuvimos en las elecciones provinciales. Hoy integramos un frente con La Libertad Avanza y si esta campaña en general ha sido una campaña atípica y muy distinta a la que estamos acostumbrados a ver, hoy ves dentro de la sociedad, de la comunidad como una apatía, estamos como muy fríos. Entonces la realidad es que uno también tiene que adaptarse a los tiempos y si hoy la comunidad no se ve interesada en lo que en otras oportunidades pasaba, bueno no tiene mucho sentido forzarlo”.
La frase condensa una justificación que mezcla resignación política con falta de estrategia. En lugar de explicar cómo piensan representar a la ciudadanía en un contexto tan delicado, el funcionario elige atribuir la inacción a la “apatía social”.
¿Apatía o vergüenza de enfrentar a los vecinos?
A lo largo de su carrera, Ratto fue mudando de sello político con notable plasticidad: el vecinalismo de Estela Lennon, del Frente Renovador pasó a Cambiemos, luego a Juntos por el Cambio, se recostó en el PRO y hoy sella alianza con La Libertad Avanza. Todos estos espacios comparten un mismo hilo conductor: su ubicación en el arco opositor al peronismo y su capacidad para ofrecer estructuras electorales sólidas. Más que convicción ideológica, lo que emerge es un pragmatismo político constante, orientado a sostener poder territorial y presencia en la escena provincial.
Ese itinerario no es solo un mapa de sellos: es un método. Si cada crisis se resuelve con un cambio de camiseta, ¿cómo pedirle a la gente compromiso cuando el propio oficialismo evita el mano a mano en la calle?
No es apatía: es incomodidad para dar la cara. Quienes piden austeridad y sacrificio prefieren el silencio antes que explicar por qué la política local se transformó en un carrusel de alianzas según la conveniencia del momento.
Una defensa vacía ante el escándalo Espert
En los últimos días, el oficialismo libertario bonaerense quedó en el ojo de la tormenta tras la renuncia de José Luis Espert a su candidatura, acusado de haber recibido 200 mil dólares del empresario Federico “Fred” Machado, vinculado a causas de narcotráfico.
Frente a esta situación, Amadeo ensayó una defensa que no logró despejar dudas ni asumir posturas políticas claras:
“Nosotros compartimos los valores de La Libertad Avanza que tienen que ver con el superávit fiscal, con el control de la inflación, estabilizar la economía, un gobierno austero”, dijo sostuvo que: “Las acciones que cada que el gobierno de Javier Milei tuvo que tomar respecto de los últimos acontecimientos, los tomó y eso es un paso más hacia la transparencia, o vos ves del kirchnerismo que cuando hay situaciones similares, rápidamente se le pide la renuncia, se aparta, nada, lo sostienen, lo sostienen y buscan todas las herramientas, y bueno eso demuestra que no todos los espacios políticos son iguales”.
“Eso ya es una cuestión judicial, digamos. Vos tenés dos planos: un plano de la justicia donde cada cosa que decís la tenés que probar; después tenés el plano de la política donde determinados acontecimientos generan un ruido que no son beneficiosos para el buen desempeño ni para el mensaje que vos querés dar… y el kirchnerismo está encantado que sigamos discutiendo estas cosas porque no discutimos el, digamos, el desastre que dejaron”, dijo el funcionario.
El argumento se deshace solo: apelan a la austeridad y a la “transparencia” para no dar explicaciones políticas de fondo, trasladando todo a la justicia y desviando hacia el kirchnerismo, como si ese reflejo fuera suficiente para despejar un escándalo interno.
Mientras tanto, Milei canta en el Movistar Arena
En este clima, Javier Milei se olvido que es el presidente de la Nación y se convirtió en ROCKSTAR eligió “salir de su laberinto a los gritos”. Literalmente.
“Hola a todos, yo soy el león”, rugió en el inicio de un show musical en el Movistar Arena para presentar su libro La construcción del milagro, en un acto que combinó estética de recital con épica libertaria y un despliegue inédito para un presidente en ejercicio.
El evento habría sido financiado por el empresario Eduardo Kovalivker y costó más de 100 mil dólares solo en alquiler del estadio. La “Banda Presidencial” incluyó a diputados y candidatos libertarios en batería, guitarra y coros. Entre canciones de Charly, Gilda y Nino Bravo, se proyectaron videos donde Milei era un héroe galáctico que combatía a Cristina Kirchner, Axel Kicillof y medios de comunicación.
En términos políticos, este tipo de actos en contextos de crisis no buscan resolver la coyuntura real. Sirven para reafirmar liderazgo interno y fidelizar a la base militante. Es política-espectáculo para los propios, no gestión para la sociedad.
El doble discurso: “austeridad” para la gente, estadio para el líder
Mientras Amadeo defiende un “gobierno austero” y traslada los problemas a “la justicia” o al kirchnerismo, Milei se da el lujo de montar un recital personalista en medio de:
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Desempleo creciente (9,3 %) y más de 5 millones de personas fuera del sistema.
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Desfinanciamiento de universidades, salud pública y programas sociales.
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Recortes a la discapacidad y crisis en el Garrahan.
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Tarifazos, caída de ingresos y pobreza en aumento.
- Jubilados fuera de agenda
No es “solo un show”: es un gesto político que exhibe prioridades. Mientras se exige sacrificio a la población, el Presidente se autopromociona como rockstar en un estadio de primer nivel.
Comparado con el kirchnerismo, la diferencia no es solo estética. Amado Boudou tuvo su banda, sí, pero nunca en medio de una crisis de esta magnitud ni en el marco de un acto oficial presidencial. Cristina Kirchner, con todos sus procesos judiciales, no montó recitales para tapar escándalos, Macri también cantaba Freddie Mercury, pero en actos de barrio, no en un estadio alquilado: la diferencia no es la afinación, es el contexto.
Milei inaugura un nuevo código: la mezcla entre política institucional y show personalista, algo inédito en la Argentina democrática.
La defensa de Miguel Amadeo es floja y contradictoria. Repite slogans de austeridad mientras el líder máximo canta en un estadio financiado por empresarios cercanos. Esquiva definiciones políticas sobre el caso Espert y se refugia en el “plano judicial” para no incomodar.
Mientras tanto, el país real vive los efectos de un ajuste brutal, con sectores enteros desfinanciados y una sociedad exhausta.
No se trata de “dejar de hablar del kirchnerismo”: se trata de no aceptar que el presente se tape con un show.
En 2010, la prensa española ironizaba sobre el “recital” de Amado Boudou en San Antonio de Areco. El entonces ministro de Economía subió al escenario en un acto kirchnerista para tocar viejas canciones de rock, guitarra en mano. “Pasé toda una vida dedicada a la noche”, dijo entre risas. El diario El Mundo resaltó la escena y recordó, con sorna, que él mismo bromeó diciendo que si no era ministro “a esta altura estaría preso”. Y así fue.
Pero no nos confundamos: Boudou tuvo una banda; Milei tiene un estadio. Uno tocaba en clubes, el otro gobierna un país en emergencia. La mención que hizo Amadeo a aquel episodio no justifica que un presidente de la Nación se corra del ejercicio de gobierno para ensayar y montar un show de autocelebración en plena crisis económica y social. La diferencia no es menor: es política e institucional.
