HCD: un reconocimiento que puso en valor los oficios, la formación y el trabajo

El Concejo Deliberante reconoció anoche a los estudiantes de Herrería del Centro de Formación Laboral N.º 401 y a su instructor, Hernán Darío Saavedra, por la construcción de la nueva rampa de acceso al edificio. Pero el reconocimiento abrió una conversación que fue más allá de la obra: el valor de volver a aprender un oficio, la formación pública y gratuita y las posibilidades concretas de inserción laboral.

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La rampa ya está ahí. Se usa todos los días y resolvió un problema concreto de accesibilidad en uno de los edificios públicos más importantes de San Antonio de Areco.

Pero detrás del hierro, las soldaduras y las horas de trabajo hay otra historia.

La de personas que están aprendiendo un oficio y que, con lo aprendido, hicieron del Concejo Deliberante un lugar más accesible e inclusivo.

El Concejo Deliberante reconoció a los 14 estudiantes del curso de Herrería del Centro de Formación Laboral N.º 401 y a su instructor, Hernán Darío Saavedra, por haber construido la nueva rampa de acceso al edificio legislativo.

La resolución fue aprobada por unanimidad y destacó no solamente el resultado de la obra, sino la experiencia educativa que permitió llevarla adelante: aprender sobre una necesidad real y aplicar esos conocimientos en una construcción que hoy utiliza la comunidad.

Recuperar el valor de un oficio

Durante el reconocimiento apareció una reflexión que amplió el sentido de la jornada.

Se habló de recuperar los oficios.

De electricidad, herrería y otras capacitaciones que permiten aprender haciendo y que, además, pueden transformarse en una salida laboral.

En el recinto se destacó especialmente la necesidad de visibilizar estas posibilidades y de recordar que el CFL 401 ofrece educación pública, gratuita y accesible, con distintas franjas horarias para quienes quieren capacitarse.

En tiempos en los que conseguir trabajo es difícil, aprender un oficio puede convertirse en mucho más que sumar un conocimiento.

Puede significar tener una herramienta propia para empezar a trabajar.

Una clase que terminó convertida en una obra

La construcción de la rampa reunió a distintos actores.

El CFL 401 puso a disposición la formación, los estudiantes y el acompañamiento de su instructor. Saavedra trabajó con el grupo en cuestiones técnicas que incluyeron hasta la interpretación del croquis elaborado por la arquitecta responsable del diseño.

Los alumnos fueron quienes llevaron adelante la construcción durante sus jornadas de práctica.

El Municipio aportó materiales, un espacio para trabajar y recursos para concretar la obra, mientras que IOMA realizó también un aporte económico.

La resolución aprobada por el Concejo puso justamente en valor esa articulación entre educación, formación profesional, trabajo y comunidad.

Y hay una diferencia importante: la experiencia fue concebida como una práctica formativa, vinculada con situaciones concretas del mundo laboral.

Es decir: no solamente aprender cómo se hace.

Hacerlo.

Una rampa que cuenta otra historia

La obra tiene, además, un valor que excede la formación profesional.

Durante años, el edificio del Concejo Deliberante presentó dificultades de acceso para personas con movilidad reducida. En la sesión se volvió a poner sobre la mesa una problemática más amplia: la accesibilidad sigue siendo una deuda en numerosos edificios y espacios de Areco, especialmente en una ciudad donde buena parte de su patrimonio fue construido mucho antes de que estas necesidades fueran contempladas.

Por eso aquella práctica de Herrería terminó resolviendo una necesidad concreta.

Y quizás allí esté la mejor síntesis de lo ocurrido: una institución necesitaba una rampa y un grupo de estudiantes necesitaba aprender un oficio.

La formación y la necesidad se encontraron.

Que también queden sus nombres

Durante el reconocimiento surgió una propuesta sencilla pero cargada de significado: colocar en la rampa una pequeña placa con los nombres de quienes participaron de su construcción.

Agustín López explicó la idea con una historia personal. Contó que su padre trabajó durante años en la construcción y participó de obras de Areco en las que todavía hoy puede encontrar su nombre. Pasar por esos lugares, dijo, sigue siendo para él motivo de orgullo.

Y quizás de eso también se trate aprender y ejercer un oficio: de dejar algo que permanece.

Que quienes hoy se están formando puedan volver dentro de muchos años, pasar frente al Concejo, mirar esa rampa y reconocerse en lo que hicieron.

Pero también que puedan hacerlo sus hijos, sus nietos y quienes vengan después.

Porque las obras quedan. Y detrás de cada una hubo personas que aprendieron, trabajaron y pusieron sus manos para hacerlas posibles.

Que sus nombres queden allí es también una manera de que las próximas generaciones copien y sientan orgullo de estos enormes valores. 

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