EL TRASFONDO | Aquiles Pazzaglia: qué está en juego entre los intereses comerciales y la seguridad hídrica

Para entender lo que hay detrás de la noticia

El futuro del espacio ubicado junto al río Areco continúa abierto. El Concejo Deliberante aprobó una iniciativa de Marcelo Pereyra (UCR) para consultar al Ejecutivo sobre las condiciones de una eventual concesión y la readecuación de la calle Costanera. La propuesta reavivó el debate sobre los usos comerciales de la ribera, la circulación pública y las medidas de prevención frente a posibles inundaciones.

Costanera Aquiles Pazzaglia, junto al río Areco. Fotografía publicada en Google Maps, galería de Puente Viejo. Autor no identificado.

¿Qué condiciones deben cumplirse para desarrollar actividades comerciales en un espacio ubicado junto al río Areco? La pregunta vuelve a instalarse en torno al Predio Aquiles Pazzaglia, un sector de la Costanera donde confluyen proyectos de inversión, circulación pública y limitaciones vinculadas con las obras hidráulicas.

El debate cobró impulso después de que el Concejo Deliberante aprobara una iniciativa del concejal Marcelo Pereyra (UCR) para consultar al Departamento Ejecutivo sobre la viabilidad de futuras inversiones y la posibilidad de modificar el recorrido de la calle Costanera.

El proyecto, correspondiente al expediente N.º 15.399/26, obtuvo diez votos afirmativos y tres negativos. Durante la sesión, su autor introdujo una modificación en el artículo primero de la resolución.

La decisión no constituye una nueva concesión ni habilita la ejecución de obras. Su alcance se limita a abrir una instancia de evaluación sobre las condiciones que deberían contemplarse antes de avanzar con posibles cambios en el sector.

Una explotación comercial autorizada desde 2019

El 22 de noviembre de 2019, mediante el Decreto Municipal N.º 1014/19, el Departamento Ejecutivo otorgó un permiso de explotación precaria sobre una construcción ubicada en Aquiles Pazzaglia.

Posteriormente, el 9 de diciembre de 2020, el Concejo Deliberante sancionó por mayoría la Ordenanza N.º 4496/20, que convalidó esa autorización por un plazo de cinco años.

La normativa amplió su alcance al sector denominado Costanera Aquiles Pazzaglia, delimitado entre el Puente Viejo y el Camino J. A. Güiraldes, y facultó al Ejecutivo a suscribir el contrato correspondiente. También contempló reformas, mejoras y construcciones a cargo del titular del permiso.

Sin embargo, incorporó una condición fundamental: su artículo cuarto excluyó las zonas alcanzadas por las restricciones previstas para las obras hídricas provinciales, cuyos límites podían modificarse de acuerdo con los planes de la Dirección Provincial de Hidráulica.

Esta disposición adquiere especial relevancia frente a cualquier propuesta de transformación del lugar.

Inversiones, concesión y cambios en la Costanera

La iniciativa presentada por Pereyra plantea estudiar un régimen de concesión pública que permita desarrollar infraestructura, establecer un programa de inversiones y generar beneficios para la comunidad.

Entre sus fundamentos señala, además, que el recorrido actual de la calle Costanera no coincidiría, en determinados tramos, con la traza registrada en el Catastro Municipal.

Por ese motivo, propone analizar su desplazamiento y readecuación antes de definir un eventual nuevo esquema de explotación.

El planteo reúne dos cuestiones estrechamente relacionadas: la posibilidad de impulsar actividades económicas y la necesidad de ordenar la circulación por un sector de uso público.

A ello se suma una tercera condición, establecida en los antecedentes normativos: la compatibilidad de cualquier proyecto con las obras y previsiones hidráulicas existentes.

La seguridad hídrica, en el centro de los cuestionamientos

La propuesta no obtuvo acompañamiento unánime. Desde Fuerza Patria plantearon que las decisiones sobre espacios próximos al río deben estar precedidas por estudios técnicos que permitan evaluar sus posibles consecuencias.

Durante una entrevista, los concejales Agustín López, Ramiro Ramallo y Florencia Mendizábal señalaron que la prevención frente a eventuales inundaciones y la seguridad de los vecinos deben ocupar un lugar central en la planificación territorial.

En ese contexto, hicieron referencia a iniciativas presentadas por Ramallo para que las obras, los movimientos de suelo y los rellenos en sectores ribereños cuenten con evaluaciones previas de la Autoridad del Agua y otros organismos provinciales competentes.

También mencionaron situaciones que consideran necesario revisar en distintos puntos de la Costanera, como el depósito de tierra extraída del río y las modificaciones realizadas sobre terrenos cercanos a su curso.

Según explicaron, el cuestionamiento no está dirigido a impedir emprendimientos privados, sino a establecer condiciones de seguridad antes de autorizar nuevas obras.

Los proyectos vinculados con estas exigencias deberán continuar su tratamiento en comisión.

Las autorizaciones comerciales y una situación pendiente de aclaración

Otro aspecto que merece atención es el estado administrativo de las actividades económicas existentes en el lugar.

En los boletines oficiales municipales se identificaron renovaciones de habilitación comercial precaria correspondientes a 2024 y 2025 para el establecimiento ubicado en la Costanera Aquiles Pazzaglia.

La última autorización localizada corresponde al Decreto Municipal N.º 1301/2025, que otorgó una habilitación por 365 días a partir del 20 de agosto de 2025.

Ese período finalizó en agosto de 2026. Sin embargo, no haber encontrado una renovación posterior entre los documentos examinados no significa que el comercio funcione actualmente sin autorización.

Para esclarecer su situación es necesario diferenciar la habilitación de la actividad comercial, el permiso para utilizar el inmueble o terreno y las condiciones urbanísticas e hidráulicas que rigen sobre ese espacio.

Un espacio público cuyo futuro sigue abierto

La discusión sobre Aquiles Pazzaglia excede la posibilidad de incorporar inversiones o renovar una actividad comercial. También involucra el acceso de los vecinos a la ribera, el ordenamiento de la Costanera y las condiciones que deben respetarse en un área vinculada directamente con el comportamiento del río.

La resolución aprobada por el Concejo abre una instancia de consulta, pero no resuelve todavía qué podrá hacerse ni bajo qué condiciones.

El interrogante de fondo permanece: hasta dónde puede transformarse un espacio junto al río sin comprometer su función pública ni las medidas destinadas a proteger a la comunidad frente a futuras crecidas.

Porque las decisiones sobre la ribera no solo definen el uso de un terreno. También pueden tener consecuencias sobre el territorio y sobre quienes viven en él.

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