Editorial | “Uno para poder ser fiel a otro, tiene que ser fiel a uno mismo”
⏳ Tiempo estimado de lectura: 4 minutos (menos tiempo del que duran algunos principios)
En tiempos donde las alianzas se arman y se desarman como si fueran paquetes descartables, Eduardo Jordán eligió correrse. Sin portazos. Sin escándalos. Pero con una frase que lo dice todo:
“Uno para poder ser fiel a otro, tiene que ser fiel a uno mismo”.
La renuncia a la presidencia de Sanear marca más que una salida administrativa. Es un gesto político, ético y profundamente incómodo para una dirigencia cada vez más acostumbrada a justificar cualquier cambio de rumbo con un guiño, una selfie o un silencio.
Jordán se va porque no convalida el giro que dio Francisco Ratto al aliarse con La Libertad Avanza y el PRO. “Yo no estoy convencido del frente con La Libertad Avanza. No corresponde que me quede en ese lugar”. Claro, concreto, sin eufemismos.
Y aunque no lo diga abiertamente, hay algo que en su renuncia resuena con fuerza: el espacio Viva Areco, ese colectivo que hizo posible que Ratto llegara a la intendencia y lo sostuvo durante dos gestiones, hoy parece ser entregado al mejor postor. Un regalo que no todos están dispuestos a firmar.
Mientras tanto, se escuchan versiones en los pasillos: que Ratto cree tener la mejor lista, que esta elección se convirtió en un juego de poder personal, casi una competencia de vanidades. Como si gobernar se tratara de medir quién gana más, no quién representa mejor. Y ese, justamente, es el juego que la gente no votó. Ni en 2019, ni en 2023.
En un pueblo como el nuestro, donde nos conocemos todos, las jugadas políticas no pasan desapercibidas. Lo que se ve como estrategia desde un despacho, se siente como traición desde la vereda.
Jordán eligió otra cosa. Se va sin rencor, pero con firmeza. Asegura que Sanear queda en buenas manos, que la empresa no será una escribanía ni un botín de guerra. Y aunque afirma que no será candidato, su renuncia lo deja mejor parado que muchos que se quedan por conveniencia.
Dice que coordinará el espacio radical en la segunda sección. Pero sería ingenuo pensar que ese es todo su recorrido. Jordán no es de los que se bajan del todo. Su lectura de la política es aguda, y su nombre suena con respeto incluso entre quienes no comparten su ideología. ¿Será candidato provincial? ¿Recibirá una merecida oferta? Tal vez no lo sepamos hasta el último minuto. Pero su capital político crece, precisamente porque no se vendió barato.
También habló de autocrítica. Dijo que muchos dirigentes deben revisar por qué acompañaron políticas que no entendían o que afectaban directamente a la gente. Que el radicalismo necesita volver a representar ideales, no sólo firmar acuerdos.
En un momento donde los frentes parecen más una ensalada de oportunismos que un proyecto común, la salida de Jordán deja una marca. Recuerda que hay dirigentes que todavía creen que no todo vale. Que el poder sin coherencia, en realidad, es debilidad.
Su renuncia interpela a la política local, que se parece cada vez más a una mesa de póker y menos a un espacio de construcción colectiva. Y también a la ciudadanía, que empieza a distinguir entre quienes trabajan para el pueblo y quienes sólo quieren ganarle al otro.
A veces, correrse a tiempo no es un adiós. Es una forma de esperar el próximo movimiento. Y Jordán, que ya fue intendente, sabe jugar a futuro.

