Corazones Vagabundos al límite: “No queremos apagar las luces, pero ya no podemos más”
Después de años de rescatar animales heridos, abandonados y en situaciones extremas, Corazones Vagabundos lanzó el pedido de ayuda que nunca quiso hacer. La agrupación asegura que enfrenta una deuda veterinaria de $15 millones, que son muy pocas voluntarias y que el agotamiento llegó a un punto crítico. Esta vez no están pidiendo ayuda solamente para un perro o un gato: están pidiendo ayuda para poder seguir existiendo.
Hay publicaciones que buscan una adopción. Otras, un hogar de tránsito. Algunas cuentan que apareció un perro atropellado, que hubo que internarlo, operarlo o encontrar dinero donde no había para darle una oportunidad.
Esta vez es diferente.
Esta vez, Corazones Vagabundos está pidiendo auxilio por Corazones Vagabundos.
“No queremos apagar las luces, pero ya no podemos más”.
Así comienza el mensaje que la agrupación proteccionista de San Antonio de Areco hizo público en las últimas horas. Y detrás de esas pocas palabras aparece una realidad que, según explicaron, ya no pueden sostener: una deuda veterinaria de 15 millones de pesos que continúa creciendo y un grupo cada vez más reducido de voluntarias intentando responder a los animales que llegan en situaciones desesperantes.
“Esta es la publicación que nunca, jamás, quisiéramos haber escrito”, expresaron. Y enseguida pusieron en palabras aquello que hasta ahora habían tratado de evitar: “Corazones Vagabundos está en riesgo real de cerrar sus puertas para siempre”.
El precio de no poder mirar para otro lado
La deuda no apareció de un día para otro.
Detrás de esos $15 millones hay internaciones, operaciones, tratamientos, pensionados y emergencias. Hay animales que llegaron cuando prácticamente no quedaba tiempo para decidir qué hacer.
Y quizás sea allí donde aparece la frase más dolorosa de toda la publicación: “Intentamos parar miles de veces pero no pudimos decirles que ‘no’ a aquellos animales que llegaron destrozados a nosotras”.
Porque ¿cómo se para?
¿Cómo se explica que no queda dinero frente a un animal atropellado? ¿Cómo se mira para otro lado cuando aparece uno lastimado, enfermo o abandonado?
Corazones Vagabundos siguió diciendo que sí.
Y cada uno de esos “sí” salvó una vida, o al menos intentó hacerlo. Pero también fue acumulando una cuenta que hoy amenaza con llevarse puesto todo el trabajo construido durante años.
Desde la organización explicaron que intentaron generar recursos de distintas maneras: rifas, sorteos, ferias y eventos a beneficio. Sin embargo, la cantidad y gravedad de los casos terminó siendo muy superior al dinero que lograban reunir.
Pero la deuda no es solamente económica
Hay otra cuenta que no figura en ninguna veterinaria.
Es la del cansancio.
“Somos muy pocas voluntarias. Físicamente no damos abasto. Las manos no alcanzan, el agotamiento es total”, escribieron.
Porque rescatar no termina cuando alguien levanta un animal de la calle.
Después hay que trasladarlo. Llevarlo al veterinario. Conseguir medicación. Limpiar. Alimentar. Buscar un hogar de tránsito. Publicar. Contestar mensajes. Organizar adopciones. Conseguir dinero. Volver a trasladarlo.
Y al día siguiente, empezar otra vez.
Desde Corazones Vagabundos aseguran que necesitan personas que puedan colaborar con traslados, hogares de tránsito, limpieza del refugio y procesos de adopción.
No están pidiendo solamente plata.
Están diciendo que ya no les alcanzan las manos.
Esta vez, el rescate son ellas
Durante años la pregunta fue cómo ayudar al perro que necesitaba una cirugía, al cachorro abandonado, al animal atropellado o al que esperaba una familia.
Hoy la pregunta cambió.
¿Quién rescata a quienes rescatan?
Corazones Vagabundos necesita reunir fondos para afrontar la deuda veterinaria, pero también necesita voluntarios y una comunidad que ayude a sostener un trabajo que ya no pueden cargar unas pocas personas sobre sus espaldas.
Quienes puedan colaborar económicamente pueden hacerlo al:
Alias: corazonesvaga.mp
Y quienes no puedan aportar dinero también pueden ayudar: sumándose como voluntarios, ofreciendo traslados u hogares de tránsito, colaborando con el refugio o simplemente difundiendo el pedido para que llegue a más personas.
En los próximos días, la organización anunció que irá mostrando los distintos casos que fueron generando los gastos y explicando cómo se llegó a una deuda de semejante magnitud.
Pero hay algo que no puede esperar.
Porque cuando Corazones Vagabundos escribe “no queremos apagar las luces”, detrás de esas luces hay mucho más que un refugio.
Están los que llegaron rotos y pudieron recuperarse. Los que volvieron a caminar. Los que encontraron una casa. Los que conocieron por primera vez una caricia. Y también están los que no llegaron a tiempo, pero no murieron solos.
Durante años, cuando apareció un animal destrozado, ellas no pudieron decir que no.
Ahora son ellas las que están pidiendo que Areco no les diga que no.









