Comenzó la restauración de los techos del Museo Ricardo Güiraldes

Después de medio siglo sin intervenciones de mantenimiento en sus cubiertas, el Museo Ricardo Güiraldes y el complejo del Parque Criollo comenzaron un proceso de restauración clave para la preservación de su patrimonio.

El 1 de septiembre se puso en marcha la obra, a cargo del maestro restaurador Walter Pianaro, quien instaló el equipamiento necesario para iniciar la puesta en valor de los techos. Los trabajos no se limitan al edificio central del museo: alcanzan a la pulpería, las salas interiores, la biblioteca y otras áreas del complejo, que desde hace cincuenta años no recibían una reparación de esta magnitud.

El intendente Francisco Ratto destacó que se trata de una inversión importante que responde tanto a la necesidad de mantener los edificios históricos como de proteger el patrimonio cultural que resguardan: desde la volanta de Don Segundo Sombra y el carruaje de los Castex hasta la pinacoteca, la platería y la soguería. Para afrontar la obra, el municipio se apoyó también en la colaboración de los Amigos del Parque Criollo, lo que permitió contratar a especialistas con experiencia en este tipo de construcciones.

El director del museo, Patricio Santos Ortega, subrayó la relevancia de la intervención en términos de conservación. Remarcó que el objetivo es garantizar la seguridad del acervo y de los visitantes, al tiempo que se preserva la identidad arquitectónica de un Monumento Histórico Nacional.

Por su parte, Walter Pianaro -heredero de una tradición familiar ligada al oficio, ya que su padre dejó su sello en decenas de obras en San Andrés de Giles y la región- explicó que los techos presentaban un deterioro profundo, con filtraciones de agua y maderas dañadas por el paso del tiempo. La restauración requiere reemplazar piezas estructurales y conseguir tejas francesas antiguas, difíciles de hallar y disponibles solo en lugares especializados.

El especialista, con una década de experiencia en Italia en la restauración de residencias históricas, explicó que en este caso se trata de un trabajo minucioso, con técnicas de conservación que combinan materiales de primera calidad y respeto por la estructura original. Según su estimación, la obra podría estar terminada en dos meses.

En paralelo, el museo continuará recibiendo visitantes durante el proceso, aunque algunas salas podrán quedar momentáneamente fuera de servicio. La Fiesta de la Tradición será el gran hito del calendario: el complejo abrirá sus puertas como todos los años para recibir a miles de turistas y vecinos, con la obra en marcha pero garantizando el acceso al patrimonio.

La restauración de los techos del Museo Güiraldes no solo significa una obra de infraestructura: es un acto de memoria y cuidado patrimonial, que enlaza la tradición arquitectónica de la familia Pianaro con la historia viva de San Antonio de Areco.

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