Feliz Día del Trabajador/ra, con más lucha que festejo
Hoy, 1° de mayo de 2026, nos encuentra atravesando un Día del Trabajador distinto, marcado por una realidad que duele y que no podemos ignorar.
Es un día para saludar y reconocer a quienes tienen un empleo y siguen sosteniendo, con esfuerzo cotidiano, sus trabajos en medio de tanta incertidumbre. A quienes se levantan cada mañana y ponen el cuerpo, la cabeza y el corazón, aun cuando el contexto no acompaña.
Pero también es un día que nos interpela profundamente por quienes hoy no tienen trabajo, por quienes lo han perdido, y por quienes viven con la angustia constante de no saber si podrán conservarlo. En este presente atravesado por el cierre de fábricas, la caída de la producción y el debilitamiento del tejido laboral, el trabajo deja de ser solo una actividad: se vuelve una preocupación diaria.
La aprobación de una reforma laboral que implica la pérdida de derechos conquistados a lo largo de décadas suma aún más incertidumbre y preocupación. No es un dato menor: es parte del contexto en el que hoy conmemoramos esta fecha.
Por eso, este 1° de mayo no es solo una celebración. Es también un momento de reflexión, de memoria y de compromiso. De preguntarnos qué modelo de país queremos, qué lugar ocupa el trabajo en nuestras vidas y qué estamos dispuestos a defender.
Recordamos que el Día Internacional de los Trabajadores no nació como una festividad, sino como una jornada de lucha y reivindicación. Tiene su origen en las huelgas de 1886 en Chicago, Estados Unidos, donde miles de trabajadores reclamaban la jornada laboral de ocho horas y fueron brutalmente reprimidos. En homenaje a los llamados “Mártires de Chicago”, el Congreso de la Segunda Internacional reunido en París en 1889 estableció el 1° de mayo como día de conmemoración en todo el mundo.
Desde entonces, esta fecha se convirtió en un símbolo de lucha por los derechos laborales, la justicia social y condiciones dignas de trabajo. En la Argentina y en gran parte del mundo es un feriado nacional, pero también un día de movilización, de memoria activa y de reivindicación colectiva.
Que esa memoria siga presente. Porque el trabajo digno no debería ser un privilegio, sino un derecho.

