Allanamiento, error y silencio: el papelón que terminó ensuciando a una familia inocente
Lo que debía ser un operativo contra el robo de motos terminó en un bochorno difícil de justificar y peor de digerir. A primera hora de la mañana, efectivos de la Policía Comunal de San Antonio de Areco junto a personal de Arrecifes llevaron adelante una serie de allanamientos en el marco de una causa por sustracción de motocicletas. Hasta ahí, nada fuera de lo habitual. El problema empezó cuando se equivocaron de casa… y siguieron como si nada.
Según el parte oficial difundido en la mañana, el procedimiento se realizó en distintos domicilios de la ciudad, con resultados positivos: secuestro de una moto robada, prendas y motopartes, además de un hombre mayor de edad puesto a disposición de la justicia. Todo prolijo en el papel. Todo ordenado. Todo correcto.
Pero la realidad fue bastante más desprolija.
En una de esas intervenciones, la policía irrumpió en la vivienda de la familia propiedad de Jonathan Magdalena que no tenía absolutamente nada que ver con la causa. Forzaron el ingreso, generaron una situación de tensión innecesaria y, recién cuando comenzaron a leer la orden, se dieron cuenta de que el nombre de la persona buscada no coincidía con quienes vivían allí. El detalle no es menor: la orden describía la casa… pero el apellido era de un vecino.
Es decir, el error no fue fino: fue grosero.
La familia, sorprendida y con lógica preocupación, advirtió la equivocación. Recién entonces el operativo se frenó. Según el testimonio del vecino afectado, hasta los propios efectivos y testigos terminaron pidiendo disculpas en el momento, evidenciando la incomodidad de una situación que ya era insostenible.
Pero lo peor vino después.
Como no pudieron ingresar al domicilio correcto -porque la orden estaba mal redactada- trasladaron los elementos secuestrados y los exhibieron en la vereda… de la casa equivocada. Sí, en la del vecino inocente. Ahí mismo montaron la escena, sacaron fotos y esas imágenes fueron las que circularon luego en redes y medios, con el logo oficial de la Secretaría de Seguridad.
En un pueblo como Areco, donde todos se conocen, no hace falta mucho para que una foto condene. Ver una moto secuestrada frente a una casa alcanza para que el rumor haga el resto. El daño ya estaba hecho.
El propio vecino, anticipando lo que podía pasar, se acercó a la comisaría y hasta llamó a Arrecifes para advertir que no difundieran esas imágenes. Le dijeron que se iban a ocupar. No alcanzó. Horas después, las fotos ya estaban publicadas.
Recién pasadas las 18 llegó un comunicado oficial. Escueto. Sin pedido de disculpas. Apenas una aclaración fría en la que se reconoce que la vivienda de la familia Magdalena no tenía nada que ver con el procedimiento. Nada más.
Ni una palabra sobre el error.
Ni una explicación.
Ni alguien que dé la cara.
Mientras tanto, el vecino tuvo que salir por su cuenta a aclarar lo ocurrido, llamar a medios y explicar que no era ningún delincuente. Porque en estos casos, limpiar el nombre corre por cuenta de quien fue ensuciado.
Y acá es donde la situación deja de ser un simple error para convertirse en algo más grave: la liviandad con la que se expone a una familia, la falta de responsabilidad al difundir información sensible y, sobre todo, el silencio posterior.
Porque equivocarse puede pasar. Pero no hacerse cargo, no.
La orden venía de Arrecifes, sí. Pero el operativo fue en Areco. Y, reiteramos, en Areco nos conocemos todos. No es lo mismo mostrar una foto cualquiera que exponer la casa de un vecino. El impacto es directo, personal y duradero.
Ahora bien, la pregunta es simple:
¿Nadie en la Secretaría de Seguridad va a salir a dar explicaciones en serio?
¿Ni siquiera un pedido de disculpas como corresponde?
Porque el allanamiento podrá haber sido “positivo” en términos judiciales. Pero lo que pasó con esta familia fue un papelón. Y de los grandes.
