“Lo que falta es empatía y trabajo”: vecinas de Areco se organizan ante la descoordinación estata
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Las lluvias volvieron a poner a prueba la capacidad de respuesta del municipio. Mientras el agua retrocede lentamente en algunos barrios, vecinas como Ernestina Peralta y Elisa Álvarez se convirtieron en nexos improvisados entre las autoridades y los vecinos aislados.

“En la imaginación siempre estamos esperando que pasen cosas más extremas -dice Peralta- pero lo que estamos viendo es que, a pesar de los esfuerzos del municipio, no termina de ser una organización integrada.” Desde su casa, donde el agua no llegó, Ernestina pasó las últimas horas comunicándose con Bomberos, Seguridad y Defensa Civil. “Nosotras tratamos de hacer el trabajo que no pueden hacer entre ellos”, resume.
Mientras tanto, en los barrios más comprometidos, algunos vecinos permanecen aislados dentro de sus casas. “Hay gente que no se fue porque no puede salir. Hay quienes tienen agua adentro y se quedaron. Si estuvieran en el Saigos estarían siendo asistidos, pero el hecho de no estar ahí no significa que no deban serlo”, advierte Peralta. Según cuenta, muchas familias llevan días sin poder cocinar ni recibir comida caliente. “Estamos a fin de mes. La gente que no pudo salir a trabajar quedó aislada y no tiene provisiones”, agrega.

Elisa Álvarez, que vive en una de las zonas más afectadas, confirma el panorama. “En este momento no hay nada claro respecto al protocolo”, señala. “Hablan de un ingeniero que vendría pero eso es un proyecto a largo plazo, y nosotros tenemos el agua en la puerta.” Describe una inundación extraña: “Al principio subía tres centímetros, después uno, y cuando llegó la noche empezó a subir muchísimo. Fue muy rara esta crecida.”
Ambas coinciden en que hubo presencia de Defensa Civil y Seguridad, pero sin coordinación. “No es falta de voluntad, pero todo es una descoordinación”, lamenta Álvarez. “Organizar una olla y ver cuántas familias necesitan asistencia no es tan difícil. Hay niños, hay personas mayores, y hay que pensar también en la salud, porque muchos no pueden moverse”, subrayó.

Otro punto que señalan es la falta de comunicación clara. Los partes municipales, dicen, no reflejan la realidad de los barrios. “Cuando comunican en los flyers, nombran las calles céntricas, pero los barrios no existimos, cuenta Elisa. Nosotros armamos un grupo de WhatsApp para avisar qué calles están cortadas. Propusimos que se dividan las zonas, que haya una zona 1, 2 y 3, y que las alertas sean escalonadas. No es tan difícil: mostrás un mapa y ya está.”
Peralta coincide: “Cuando dicen evacuen todos, es imposible, porque las calles no dan para que toda la gente salga al mismo tiempo. Si se avisara por zonas, sería más seguro.” Y subraya que lo que falta no es buena voluntad, sino coordinación. “No puede ser que si yo no hablo con uno o con otro no se pueda coordinar la información. Somos adultos. Esta situación supera cualquier discordia previa”.

Hacia el final, su tono se vuelve más reflexivo. “No sabemos cómo va a ser la primavera, ni el verano. No podemos decir “no va a pasar”. Y cuando el intendente habla de retenciones, lo hace de un modo fatalista. Como jefe político y espiritual del pueblo, debería ser más cauto”, sostiene. Y remata: “Nosotros no tenemos que acatar, lo que se necesita en los barrios es empatía y trabajo.”
