El lugar donde la política pública se convierte en abrazo: el CEC 801 celebró sus 50 años
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El Centro Educativo Complementario Nº 801 celebró sus bodas de oro, medio siglo de trabajo comunitario, acompañamiento y cuidado.
El salón principal, decorado con carteles y fotos antiguas, se llenó de docentes, familias, alumnos y autoridades que llegaron para rendir homenaje a una institución que, como se dijo una y otra vez, ha marcado la vida de generaciones enteras.
Una historia nacida del compromiso
Entre aplausos, Marta Sorchille, una de las fundadoras del centro, tomó la palabra con la voz entrecortada. “No se imaginan la emoción que tengo, me tiemblan las piernas y eso es literal”, confesó antes de retroceder en el tiempo hasta aquel 1973, cuando un grupo de docentes soñó con crear un espacio que acompañara a las familias trabajadoras de Areco.

Sorchille recordó las reuniones con autoridades municipales y provinciales, los viajes a La Plata, las horas de insistencia y convicción necesarias para convencer a los funcionarios de que el pueblo necesitaba un centro educativo complementario. “Necesitábamos un lugar donde los chicos estuvieran contenidos, protegidos, con apoyo pedagógico y también familiar”, resumió.
Ese proyecto tomó forma un 23 de octubre de 1975, y medio siglo después, Marta volvió a pisar el mismo suelo, con la emoción intacta. “Imagínense lo que siento, dijo, después de tanto tiempo, estar acá celebrando un proyecto que tuve la dicha de haber iniciado.”
Cuidar también es enseñar
La actual directora, Geraldina Moreira, habló de la continuidad entre aquel sueño inicial y el presente. “Circunstancialmente hoy me toca hacer historia”, comenzó, destacando que el CEC 801 nació como una respuesta a las necesidades concretas de la comunidad: ofrecer un espacio familiar, acogedor y pedagógico para niñas y niños.
Cincuenta años después, el espíritu sigue siendo el mismo. “Este equipo de trabajo se transformó en familia”, aseguró. En su discurso, describió con ternura el día a día del centro: las aulas convertidas en ambientes cálidos y alfabetizadores, las cocinas donde se celebra a las cocineras con aplausos, las auxiliares que mantienen los espacios perfumados para que los chicos sientan ganas de habitar la escuela.

Y dejó una frase que condensó el sentido de la celebración:
“El CEC 801 representa ese lazo concreto entre el Estado y la vida cotidiana de cada estudiante. Es el lugar donde la política pública se transforma en abrazo, en palabra justa, en futuro.”
Para Moreira, cada práctica dentro del centro es también una práctica de cuidado: “Cuidar es enseñar, proteger, escuchar, estar presente.”
El corazón más grande
El intendente Francisco Ratto también se sumó a la conmemoración con palabras de reconocimiento. Recordó los inicios del barrio: “Cuando todo esto era un gran descampado y el CEC era lo único que había” y destacó cómo la institución se convirtió en el corazón de una “manzana educativa espectacular”.

“Hoy es un día hermoso, un día donde una verdadera familia se reúne, dijo, la casa es grande, pero el corazón del CEC es mucho más grande.”
Ratto elogió el rol social del centro, que no se limita al apoyo escolar sino que acompaña a las familias y refuerza lazos comunitarios. “El sistema educativo argentino asiste, ordena y apuntala a las familias. Y este lugar es un ejemplo de eso”, expresó, antes de cerrar con un mensaje de gratitud: “Desde el primero hasta el último integrante del equipo, todos tienen claro que lo importante siempre son los alumnos.”
Cincuenta años de futuro
La ceremonia concluyó con un aplauso largo, de esos que suenan a promesa porque cincuenta años después, el Centro Educativo Complementario Nº 801 sigue cumpliendo su misión: ser ese puente entre la educación, el afecto y la comunidad.






