Reparar para volver a sufrir: el duro reclamo por la inseguridad en Villa Lía

El productor agropecuario, Enrique Beltrami, relató el robo de cables y los daños en un transformador de su establecimiento. Según contó, después de gastar alrededor de cinco millones de pesos en repuestos y recuperar el suministro, detectaron un nuevo intento de sustracción esa misma noche. Contó que sufrió el robo de cables y daños en un transformador de su establecimiento. Según relató, la misma noche en que recuperaron el suministro eléctrico hubo un nuevo intento de sustracción. Aseguró que escribió al intendente y al secretario de Seguridad no obtuvo respuesta.

El transformador volvió a funcionar cerca de las siete de la tarde. La reparación debía permitir que el turno de las once de la noche retomara el trabajo. Pero cuando los empleados intentaron encender las máquinas, faltaba una fase. Según el relato de Enrique Beltrami, alguien había vuelto a intervenir la instalación eléctrica apenas unas horas después de que terminara el arreglo.

Esa secuencia concentra la gravedad de su denuncia: una planta que procura recuperar su actividad después de un robo y que, esa misma noche, vuelve a quedar expuesta.

El productor de la zona de Villa Lía contó que el primer episodio ocurrió la semana pasada. Describió destrozos en la instalación, la sustracción de cables de cobre y un transformador que quedó abandonado. Según explicó, había dos personas trabajando dentro del establecimiento cuando sucedió.

Para restablecer el servicio, dijo haber comprado alrededor de cinco millones de pesos en elementos necesarios para la reparación. Reconoció especialmente el trabajo del personal de la cooperativa eléctrica, que consiguió poner nuevamente en funcionamiento el equipo.

Sin embargo, al llegar el siguiente turno, los trabajadores encontraron un fusible desprendido. Beltrami interpretó lo ocurrido como un nuevo intento de robo y sostuvo que los sistemas de anclaje colocados en parte de la instalación habían impedido que retiraran otros componentes.

“Yo ya sé que estoy desamparado desde hace un montón de años”, expresó.

Su preocupación tiene antecedentes. Recordó el robo de otro transformador cuatro años atrás y relató hechos anteriores de violencia, entre ellos una ocasión en la que, según afirmó, tuvo que escapar en automóvil mientras le disparaban.

El reclamo también apunta a la respuesta institucional. Beltrami aseguró que se comunicó al secretario de Seguridad, Ramón Ojeda, y al intendente Francisco Ratto, sin recibir contestación hasta el momento de su testimonio.

Al mismo tiempo, distinguió esa falta de respuesta de la atención que recibió de efectivos policiales que se acercaron previamente para interiorizarse de lo sucedido. Valoró el trato y la disposición de esos agentes, aunque cuestionó que, ante el nuevo episodio, el móvil solicitado para constatar los daños demorara casi una hora en llegar, de acuerdo con su relato.

También planteó la necesidad de revisar las cámaras ubicadas en los accesos de la zona para reconstruir posibles movimientos de vehículos. Su pedido abre una pregunta concreta: qué registros existen y qué pueden aportar a la investigación. La presencia de cámaras, por sí sola, no permite saber si captaron imágenes útiles ni si fueron examinadas.

El perjuicio alcanza además a la actividad del establecimiento. Según detalló, allí trabajan seis personas y su funcionamiento sostiene servicios de transporte y otras tareas contratadas. Cada interrupción eléctrica compromete esa continuidad.

Beltrami vinculó su malestar con las obligaciones económicas que cumple y con la protección que espera recibir. Incluso contó que desistió de un proyecto de construir una vivienda en Areco por temor a nuevos hechos de inseguridad.

Su testimonio exige respuestas verificables: qué se investiga, qué medidas de prevención se adoptaron después del primer episodio y cómo se protege una instalación que volvió a ser afectada apenas reparada.

La dureza del reclamo está en ese intervalo de pocas horas. El establecimiento había recuperado la electricidad; la tranquilidad, por supuesto, sigue pendiente.

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