Noche de baile, tradición y comunidad en el galpón de la Escuela Agraria de Duggan

Duggan volvió a vestirse de fiesta este fin de semana con una nueva edición de la Estación de la Tradición, una de las celebraciones más esperadas dentro del calendario arequero. El Galpón de la Escuela Agraria fue el corazón del encuentro: un espacio emblemático que volvió a llenarse de música, danza y espíritu criollo.

Desde temprano, el galpón empezó a colmarse. Familias, parejas y grupos de amigos se acercaron con mate en mano para disfrutar de una noche que reunió a vecinos, instituciones y artistas locales, en el marco de la 86ª Fiesta de la Tradición. En el escenario se presentaron la Escuela Municipal de Danzas Ricardo Güiraldes, Magallanes Ratto, Antonio Tapia, Vientos de Tradición, Pampas de Areco y Flor del Ceibo, entre otros grupos que hicieron vibrar al público con sus zapateos y pañuelos al aire.

Aunque el clima amenazaba con lluvias, la decisión de trasladar la fiesta al galpón fue acertada: el piso de madera, el eco de las guitarras y la calidez del lugar le dieron al evento un aire íntimo y festivo, muy propio de nuestra tradición. La gente respondió con entusiasmo, llenando cada rincón.

La cantina, organizada por las cooperadoras de la Escuela Agraria, la Escuela Nº9, la unidad sanitaria, el Centro de Jubilados y el Centro Tradicionalista El Pampa, fue otro punto de encuentro. Las instituciones trabajaron juntas para recaudar fondos, demostrando una vez más la fuerza de la comunidad cuando se une por un objetivo común.

El cuerpo de baile de Duggan también tuvo su momento destacado, mostrando el trabajo que se realiza semana a semana en los talleres de danzas del pueblo. La nueva docente de la Escuela Municipal, que asumió hace apenas semanas, se mostró feliz de poder enseñar en su lugar y de ver a sus alumnos -desde los más chicos hasta los adultos- disfrutando del escenario y la tradición.

Pura alegría, artistas, aplausos, la noche dejó una sensación compartida: la tradición late fuerte en Duggan.  El galpón de la Escuela Agraria volvió a ser refugio, escenario y símbolo de una identidad que se celebra bailando.

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