La herencia explica, pero no justifica
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Hay algo peor que no hacer, o no poder hacer, o no saber hacer. Si. Es echar culpas mientras no se hace, no se puede o no se sabe como hacer .
En la Argentina, las rutas matan. No una vez, no por excepción, sino como regla silenciosa. En Areco lo sabemos bien. Cada nombre que se suma a la lista de víctimas es un recordatorio brutal de todo lo que no se hizo. Desde el kilómetro 124 al 131, el tramo Sarmiento-Areco está directamente destrozado. Y no hay solución: hay tambores de 200 litros como señalización improvisada, como si un barril pudiera evitar otro accidente fatal.
Mientras tanto, los funcionarios hacen lo que mejor les sale: se pasan facturas. Van a Junín a pedir por rulos y promesas viejas mientras el Presidente Javier Milei lanza concesiones con aumentos de peajes del 184%, sin un centímetro más de obra nueva. Lo único garantizado es el negocio, no la seguridad. Los privados apenas estarán obligados a tapar baches, cortar pasto y poner luces LED. Todo lo que debió hacerse antes. Todo lo que no hicieron ni los anteriores ni los actuales.
Ratto, nuestro intendente, sigue pidiendo que se recuerde “la herencia”, cuando ya está en su segundo mandato. Y Areco sigue esperando: accesos seguros, rutas transitables, señalización real. No hay excusa que aguante frente a la cantidad de vidas perdidas.
Pero cuidado: la memoria no es selectiva. El abandono no tiene un solo color político. Lo que no hicieron antes, no lo están haciendo ahora. Y lo que empieza a hacerse, llega con peajes exorbitantes, sin obras nuevas y con la promesa de que apenas se va a “mantener” lo que existe.
La política no puede seguir gobernando con excusas mientras la ruta cobra vidas. No se trata de ideologías ni de banderas: se trata de que hay autos que patinan porque el agua no drena, animales que salen de banquinas salvajes, familias que bajan a caminos de tierra porque Google no avisa que ahí falta todo.
Y ahora, los mismos intendentes que denuncian el deterioro vial, participan del armado político con quienes desfinancian el Estado, paralizan obras y vacían Vialidad Nacional. Es fácil gritar fuerte en una audiencia pública y después volver a la oficina. La gestión no es una foto ni una declaración. Es trabajo constante. Y cuando no lo es, es abandono.
¿Nos sentamos a esperar?
Los vecinos pagamos el peaje por rutas que no se arreglan… y también el costo político de una dirigencia que dice una cosa frente a las cámaras y hace otra en las mesas de poder.
No hay margen para seguir jugando a la rosca mientras se muere gente.
No hay margen para que el único progreso sea el del tarifazo.
El intendente Ratto no tiene nada nuevo para decir. Y mientras repite, los días -y las vidas- siguen pasando.






