El Rivadavia rugió: así se vivió la primera edición de Areco Baila Rock

Tiempo de lectura: 3 minutos ( El tiempo de un coro biguero cantado a todo pulmón)

por Camila Pannunzio

Puro pulso, distorsión y piel de gallina. La primera edición de Areco Baila Rock llegó para romper el molde clásico local y plantarse con un grito eléctrico. 

En el Club Rivadavia, cuatro bandas arequeras se subieron a un escenario que hizo temblar el piso: Juani Posta, Faro, El Gato de la Abuela y el gran cierre de La Biga Alada. Producción de lujo a cargo de Lucas Dolezor y el Galli, con un sonido extraordinario, majestuoso, de esos que no se escuchan tan seguido por acá.

Más de 300 personas -desde pibes de 17 hasta de 60- colmaron el lugar. Ambiente familiar, menores de 12 gratis, personas con discapacidad también. Una verdadera peña rockera. “Sí, viste que el rock es una casa en la que son todos bienvenidos”, decían los músicos desde el escenario, y lo demostraron con cada acorde.

La Biga, la familia biguera y un cierre soñado

La Biga Alada no necesita presentación, pero igual vale recordarlo: un estilo que mezcla rock barrial, groove, funk y disco. Desde aquel arranque en el Barrio Prado en 2011 hasta hoy, siguen sumando familia a su tribu de seguidores.

 Más de una década de música.  Eran cinco: Nido, el hermano, Laucha Saboy y Agustín Viu, entre otros nombres que dieron las primeras notas de lo que después sería una familia musical. Con el tiempo llegaron más músicos, más instrumentos, más energía… y más sueños.

Los primeros tres años fueron puro movimiento: cambios de formación, búsquedas, ajustes, hasta encontrar ese sonido que hoy es sello propio. Pero no solo eso: se empezó a construir algo que ya trasciende la música, una verdadera mística biguera.

Llegaron los colectivos llenos de seguidores, los dos discos, los cientos de escenarios. Algunos íntimos, como aquel carnaval en el polideportivo ante más de diez personas; otros gigantes, como esas noches en lugares emblemáticos: el Konex, La Trastienda (dos veces). Y para ellos, todos fueron iguales. “Yo lo siento todo como si fuera el Estadio River, qué sé yo”, dicen.

Esa es La Biga: capaz de ponerle la misma pasión a un público de diez que a uno de mil. Y esa misma entrega fue la que, este sábado en el Rivadavia, coronó la primera edición de Areco Baila Rock con un cierre que todavía retumba en la memoria de todos los que estuvieron ahí.

Anoche la expectativa era total. La gente lo estaba esperando y, cuando sonó el primer tema, el Rivadavia vibró. El público dejó todo. Chapu, voz de La Biga, lo había dicho en una nota previa con De Pura Sceppa: “La gente quiere identificarse. Creo que la cosa esta de tocar en vivo hace que nos ayude un poco a la comunicación entre todos que tanta falta hace hoy en día en esta sociedad”.

Un puente entre generaciones

No fue solo música. Fue encuentro. Padres, hijos, amigos, desconocidos… todos mezclados, cantando y bailando. En esa misma charla previa en De Pura Sceppa, Chapu había tirado: “Hacemos el llamado a que se empiecen a conectar las generaciones, más que nada. Padres de 50, 60, 70 años que están viendo que no pueden comunicarse con su hijo y que ven que se están metiendo en la habitación… Compran el ticket de la Biga, y se lo dejan en la cama. Se empiezan a socializar un poco, a ver en qué anda el pibe”.

Y sí: anoche la música hizo de traductora universal. En un contexto donde el folclore y la cumbia suelen liderar la escena local, esta vez el rock se puso primero en la agenda.

Cultura, diversidad y apuesta privada

Lo más lindo: que esta movida no vino de la mano de un municipio ni de un programa oficial. Fue la iniciativa privada la que apostó fuerte a los músicos de acá, a la cultura arequera, a la diversidad de estilos. Y ganó.

Porque en San Antonio de Areco, el rock está vivo, latiendo fuerte y esperando la próxima vez que el Rivadavia vuelva a temblar.

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