El limbo de los despedidos de Granja Tres Arroyos: sin indemnización y todavía vinculados a la empresa

Foto: “Bichos de Campo”

Trabajadores que recibieron el telegrama de despido aseguran que todavía figuran vinculados laboralmente a Granja Tres Arroyos. Algunos consiguieron otro empleo, pero cuentan que fueron tomados de manera informal ante la falta de una baja de la empresa. Mientras tanto, continúan los reclamos por salarios e indemnizaciones pendientes.

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La crisis de Granja Tres Arroyos dejó de ser solamente una discusión sobre el cierre de plantas y cientos de puestos de trabajo. Para algunos de los despedidos comenzó otra etapa: un verdadero limbo laboral.

Trabajadores de la zona consultados por Bosco Producciones aseguran que, después de recibir el telegrama de despido y dejar de prestar tareas para la avícola, todavía no fueron dados de baja por la empresa. Algunos ya consiguieron otro trabajo, pero relatan que sus nuevos empleadores optaron por incorporarlos de manera informal porque continúan figurando vinculados a Granja.

Se trata de testimonios recogidos por este medio y no de una situación que pueda generalizarse a todos los despedidos. Pero abren una pregunta concreta: ¿qué debe ocurrir registralmente cuando una empresa despide a un trabajador?

Qué dice la normativa

ARCA establece que, cuando se extingue un contrato de trabajo por cualquier causa, el empleador debe comunicar la baja en el sistema Simplificación Registral dentro de los cinco días corridos desde la fecha de finalización de la relación laboral.

El trabajador puede comprobar personalmente su situación laboral ingresando con CUIL y Clave Fiscal a ARCA, en el servicio “Trabajo en Blanco”. Allí puede consultar en tiempo real qué empleadores lo tienen registrado, verificar si una relación laboral figura de alta o de baja y descargar la correspondiente constancia. Si detecta que los datos no coinciden con su situación real, el mismo servicio dispone de un “Buzón de observaciones”, que permite informar irregularidades de manera confidencial.

Hay, sin embargo, una particularidad en el caso Granja Tres Arroyos: el Ministerio de Trabajo bonaerense dictó el 4 de septiembre una conciliación obligatoria que ordenó retrotraer los despidos y reincorporar a los trabajadores mientras continuaban las negociaciones. La medida alcanzó inicialmente a 1.200 trabajadores de las plantas de Capitán Sarmiento, Pilar y Esteban Echeverría.

Eso puede explicar parte de la contradicción administrativa, pero no resuelve la situación cotidiana de quienes recibieron el telegrama, dejaron de trabajar en la planta y ahora intentan conseguir otro empleo.

Además, una relación laboral que continúa registrada no significa por sí sola que un trabajador tenga prohibido ser registrado por otro empleador. Por eso, los casos relatados a este medio requieren distinguir entre lo que muestra el sistema, los efectos de la conciliación obligatoria y la decisión adoptada por cada nuevo empleador.

Despedidos, pero sin cobrar

El problema tampoco termina con la baja.

Esta semana continuaban los reclamos por salarios adeudados e indemnizaciones impagas. Una cobertura del 22 de septiembre informó que los trabajadores seguían sin cobrar esos conceptos mientras permanecían vigentes las conciliaciones obligatorias.

El delegado gremial Adrián Rodríguez sostuvo además que la planta de Capitán Sarmiento permanece cerrada, que la empresa no convoca al personal ni asigna tareas y que todavía existen deudas salariales y de aguinaldo. Según sus cifras, los despidos alcanzaron a unas 550 personas de Capitán Sarmiento, además de trabajadores de Carmen de Areco y Arrecifes.

La dimensión de la crisis llegó este martes al Congreso Nacional. Ezequiel Centurión, trabajador despedido de la planta de Capitán Sarmiento, fue el primero en exponer ante la Comisión de Economía de Diputados y describió una situación que, dijo, ya excede lo laboral: habló de familias con dificultades para alimentarse y de una emergencia “social, laboral y productiva”.

Mientras las negociaciones, el concurso preventivo y la discusión política siguen su curso, para muchos trabajadores el problema es bastante más inmediato: ya no trabajan en Granja, necesitan volver a trabajar y todavía esperan que se defina qué ocurre con el vínculo que dejaron atrás y con el dinero que les corresponde cobrar.

Ese es hoy el limbo de los despedidos.

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