El hospital Zerboni, un síntoma del abandono: entre la precariedad estructural y el atropello empresarial
En pocas líneas
- Corte de gas, instalaciones clausuradas, lavarropas inutilizados y un hospital que sigue funcionando atado con alambre.
- Mientras Naturgy actúa sin control y las autoridades del hospital parecen desentenderese.
- El jefe de Gabinete fue quien debió intervenir para evitar el colapso del Zerboni.
⏱ Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
En las últimas horas, el hospital Emilio Zerboni volvió a ser escenario de una crisis que expone crudamente el estado de abandono (de muchos años) en el que funciona el único efector público de salud de San Antonio de Areco. El corte del suministro de gas por parte de Naturgy no fue un episodio aislado, sino el emergente de un entramado de precariedad, desidia y, en este caso puntual, de acciones empresariales que rozan la arbitrariedad.
El hecho se originó por una obra realizada en el sector de área crítica del hospital. Los trabajos fueron ejecutados por un gasista matriculado y supervisados por el Ejecutivo municipal, pero nunca fueron informados oficialmente a Naturgy para que la empresa realice la inspección final y habilite formalmente el servicio. En los registros de la distribuidora, la obra figuraba como inconclusa. No fue informada. Esa fue la razón que desató el corte del suministro.
Lo que en un domicilio particular ya sería traumático, en un hospital público es directamente inadmisible. Un corte intempestivo de gas en un centro de salud afecta directamente derechos esenciales como el acceso a la salud y la vida misma (Constitución Nacional, art. 42 y 75 inc. 22; Pactos Internacionales de Derechos Humanos). Sin embargo, Naturgy avanzó con la interrupción: ¿Sin aviso previo ni instancia de intimación formal documentada?.
A partir de allí, la reacción fue de emergencia. Personal del hospital que diariamente sostiene el funcionamiento con enorme compromiso —pero sin respaldo estructural— dio aviso al Ejecutivo. Fue el jefe de gabinete, Miguel Amadeo, quien se puso al frente de las gestiones para lograr la rápida reconexión, que finalmente ocurrió hacia el mediodía, tras verificar que la obra cumplía con los requisitos técnicos.
Pero mientras realizaban nuevas mediciones, Naturgy detectó otro sector de instalaciones defectuosas: caños obsoletos, en condiciones de riesgo, algunos -según se supo- incluso de material plástico, lo que llevó a clausurar preventivamente parte de las instalaciones.
Hoy, ese sector permanece inhabilitado, afectando las áreas de descanso y servicios de los médicos, quienes ni siquiera tienen acceso pleno a agua caliente. Las nuevas obras requerirán nuevamente intervención profesional, certificación oficial, aprobación de la distribuidora y, mientras tanto, el hospital seguirá funcionando al límite.
Pero el cuadro de vulnerabilidad no termina ahí. A los problemas del gas se suman los daños estructurales provocados por las recientes inundaciones. Los motores de los lavarropas industriales -imprescindibles para el lavado de la ropa hospitalaria- quedaron bajo agua y fuera de servicio. La solución transitoria ha sido trasladar diariamente toda la ropa de cama y vestimenta hospitalaria al Hogar San Camilo, en un operativo logístico sostenido por el esfuerzo del personal. Las reparaciones definitivas aún no tienen horizonte claro.
En definitiva, el hospital Emilio Zerboni funciona hoy atado con alambre. Cada parche que se aplica deja al descubierto nuevas fallas ocultas. Instalaciones viejas, obras que nunca se registraron en los planos oficiales, reparaciones improvisadas, problemas cloacales, filtraciones de techos y un sistema edilicio al borde del colapso. Una postal del abandono estatal.
Ahora bien, en medio de este cuadro crítico, es necesario detenerse en el accionar de Naturgy, que no es nuevo para los vecinos de Areco. La empresa no tiene oficina local de atención. Los usuarios no tienen interlocutores claros. Nadie sabe quién, cuándo ni cómo realiza las mediciones de consumo, ni existe un sistema transparente de comunicación previa ante intervenciones críticas. Las decisiones se toman a distancia, desde oficinas en Zárate, dejando a los usuarios -particulares e instituciones públicas- en un estado de indefensión constante.
Aquí surge el punto central desde el punto de vista legal: si bien Naturgy tiene la potestad de interrumpir el suministro ante un riesgo objetivo de seguridad (Ley 24.076 de Gas Natural, art. 38; Reglamento Técnico de Distribución de Gas – RTDG), la normativa exige que cualquier medida sea proporcional, razonable y con resguardo del interés público. Cuando se trata de un efector de salud pública esencial, las prestadoras deben extremar los recaudos antes de cortar un servicio que afecta derechos constitucionales básicos (Ley 24.240 de Defensa del Consumidor, art. 42 CN; Pactos Internacionales de Derechos Humanos; Resolución ENARGAS 139/95).
Entonces, Naturgy cumplió o no con los pasos previos: ¿Hubo intimación formal al municipio o al hospital advirtiendo la irregularidad antes de cortar el suministro? ¿O se avanzó directamente al corte sin considerar el impacto social?
Estas preguntas son las que hoy ni la empresa ni las autoridades responsables responden claramente. Lo que sí queda en evidencia es el doble abandono: por un lado, de parte de la muchas administraciones municipales -que tienen bajo su órbita el hospital- y no han sabido, no han podido o no han querido sostener una infraestructura digna y segura; por otro lado, de parte de una empresa concesionaria que opera sin control efectivo, sin presencia territorial, y sin mecanismos accesibles de defensa para los usuarios.
La pregunta de fondo, entonces, sigue vigente y clama respuesta: ¿Dónde están las autoridades nombradas por el Ejecutivo para resolver, dirigir y crear políticas públicas que ayuden a que el hospital Zerboni crezca y no que se hunda cada vez más?
¿Dónde estuvieron ayer el secretario de Salud, Dr. Fernando Spina, y el subsecretario, Dr. Favio Crudo? ¿El Hospital Zerboni no tiene dirección ni coordinación? ¿Dónde estaban? ¿ Por qué no hicieron su trabajo?
¿Por qué el personal tuvo que acudir directamente al jefe de Gabinete para que intervenga? Esa sola secuencia parece dejar en claro que las ausencias son tan frecuentes y notorias, que en las urgencias ya ni siquiera se cuenta con ellos.

