El bochorno antivacunas del Congreso y la lección de salud pública desde Areco

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En los últimos días, medios nacionales  advirtieron sobre el papelón que protagonizó un sector del Congreso al habilitar una jornada antivacunas plagada de teorías conspirativas, desinformación y escenas insólitas. Mientras en el Anexo A se pegaban imanes en la piel como supuesta “prueba científica”, en territorios como San Antonio de Areco las y los trabajadores de la salud respondían con algo mucho más valioso: experiencia, evidencia y un compromiso real con la comunidad.

En Areco, tanto la Dra. Mariana Fernández, directora de Atención Primaria, como Ayelén Taurel, coordinadora del Área de Vacunación, fueron contundentes. No sólo rechazaron el negacionismo, sino que explicaron  por qué estos discursos bochornosos no solo son falsos, sino peligrosos.

“Fue un acontecimiento muy penoso para la salud”

Cuando se le pregunta por el acto antivacunas en el Congreso, la primera reacción de la Dra. Mariana Fernández es emocional antes que técnica: habla de un acontecimiento muy penoso, repetido dos veces como si necesitara subrayar la gravedad de lo ocurrido. No lo vive como un debate: lo vive como un retroceso.

Para ella, la puesta en escena fue tan desordenada y carente de sustento que terminó generando el efecto contrario al buscado por sus organizadores. Quienes lo vieron -cuenta- advirtieron de inmediato la enorme cantidad de incoherencias y relatos sin base científica.

Fernández se detiene en un punto que vuelve una y otra vez: la historia sanitaria. Explica que las vacunas salvaron millones de vidas a lo largo de generaciones, incluidas las de nuestros propios padres y abuelos. Y desde esa perspectiva se pregunta, casi con lógica maternal y sanitaria a la vez: ¿por qué negarles esa herramienta a nuestros hijos?

Habla con la memoria de quien vivió otros tiempos. Recuerda inviernos saturados de bronquiolitis, centros de atención primaria sin respiradores suficientes y hospitales desbordados. Esa escena -dice- cambió radicalmente gracias al avance de la vacunación, y hoy existen inmunizaciones que protegen incluso a recién nacidos mediante la vacunación de embarazadas.

Sobre los efectos adversos, prefiere la claridad: adjudicar cualquier situación a una vacuna no tiene sentido sin un análisis serio. Los equipos de salud llevan registros, siguen protocolos y trabajan con criterios científicos claros.

Pero su mensaje central no es técnico: es social.

La salud pública, insiste, no funciona bajo la lógica del individualismo. Vacunarse no es un acto privado; es un acto colectivo. Las decisiones personales tienen impacto directo en la comunidad. Por eso, cuando alguien se niega a vacunarse, en Areco se firma una declaración jurada de responsabilidad: no para castigar, sino para dejar en claro que esa decisión afecta a otros.

Fernández también advierte sobre el riesgo de la amnesia sanitaria. Habla de la polio, de los pulmotores, de personas que quedaron con secuelas de por vida. Recuerda haber trabajado junto al profesor Olindo Martino, quien recorrió el país relatando la devastación de aquella epidemia. En comparación a los discursos negacionistas actuales resultan irrelevantes frente al sufrimiento que vivieron generaciones pasadas.

Y deja una advertencia que resuena: nada está totalmente erradicado excepto la viruela. El sarampión ya muestra brotes en la provincia. Si el país se relaja, las enfermedades vuelven.

El trabajo cotidiano que sostiene la vacunación

Desde otro lugar del sistema, Ayelén Taurel observa el mismo fenómeno con una mirada más práctica, más de trinchera. Ella es quien conversa con las familias, quien recibe dudas en el mostrador y quien aplica cada dosis.

Describe una realidad que contrasta con el ruido nacional: en Areco hay una muy buena respuesta a la vacunación. Los casos de resistencia son mínimos y en la mayoría de los casos, se resuelven hablando, explicando el por qué, despejando miedos.

En las escuelas, jardines y maternales -cuenta- la recepción sigue siendo excelente. Las docentes colaboran y entienden que la vacunación no es solo un trámite: es una herramienta de cuidado institucional.

Vacunas clave a los 11 años: una etapa decisiva, ahora para niñas y varones

Taurel se detiene especialmente en las vacunas que se aplican a los 11 años, un momento estratégico del calendario en el que el cuerpo desarrolla una respuesta inmune especialmente eficaz.

Explica que en esa etapa no solo se completan dosis tradicionales, sino que se aplica la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), que desde hace algunos años está destinada tanto a niñas como a varones. Este cambio se basa en evidencia contundente: el VPH no afecta únicamente a las mujeres. También puede provocar enfermedades graves en varones, entre ellas cáncer de pene, ano, orofaringe y las conocidas verrugas genitales.

Vacunar a los varones a los 11 años cumple así una doble función: los protege individualmente y reduce la circulación comunitaria del virus, un objetivo clave para evitar que se transmitan enfermedades prevenibles. Además, esa edad -antes del inicio de la vida sexual- es cuando el organismo genera la respuesta más robusta y duradera.

Es importante subrayar que este avance en el calendario representa uno de los cambios más importantes en materia de salud pública de los últimos años, aunque muchas veces pase desapercibido.

Un sistema accesible y en funcionamiento territorial

Taurel repasa la estructura local: el CIC central, los centros de salud barriales, las unidades sanitarias de Villa Lía y Duggan, y el hospital municipal, donde se aplican vacunas todos los días.  Y, ya desde un costado humano, reconoce que el acto de vacunarse no siempre es cómodo  pero recuerda que es una herramienta indispensable, una inversión en salud que protege el presente y el futuro.

Mientras tanto, en el Congreso…

El contraste es tan fuerte que se narra solo: mientras en el Congreso algunos sectores habilitan discursos que apelan a supersticiones y teorías sin sustento -al punto de presentar un imán como “argumento científico”- en Areco el sistema de salud sigue construyendo confianza con evidencia, historia sanitaria y trabajo territorial.

Fernández y Taurel desarman el ruido negacionista sin gritos ni espectáculos, sino con algo más poderoso: razón, memoria y compromiso con la comunidad.

En tiempos donde la vacunación cae en el país a niveles críticos y reaparecen enfermedades que creíamos superadas, sus voces funcionan como un recordatorio urgente: la salud pública no se defiende con teorías conspirativas sino con vacunas, ciencia y trabajo cotidiano.

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