Editorial: Votan por quedarse, callan al que pregunta

Con el voto de desempate de Verónica Magario, el Senado bonaerense aprobó la reelección indefinida para legisladores, concejales y consejeros escolares. La imagen fue clara: una paridad absoluta, una ausencia funcional, una abstención oportuna y un desempate con nombre y apellido. Ganó el cristinismo, pero también se impuso una idea que atraviesa a casi toda la política: mejor aferrarse al poder que arriesgarlo.

La contradicción es evidente. Mientras muchos dirigentes hablan de renovación, alternancia y participación, en los hechos operan para perpetuarse. Lo que se presenta como “más democracia” es, en realidad, una forma de cerrarla: eternizar figuras conocidas, cristalizar lógicas de favores y desalentar el recambio genuino.

Por ahora, la norma no incluye a los intendentes, pero esa exclusión ya generó roces en el oficialismo. Desde el espacio de Axel Kicillof asoman voces que reclaman “igualdad de condiciones”. Es decir: quieren que la reelección indefinida también se aplique en los municipios. Otro round en una interna que no descansa.

Mientras tanto, como reflejaron varios medios provinciales, la sesión estuvo atravesada por un fuerte cerrojo informativo: periodistas sin acceso al recinto, transmisión interrumpida, y senadores peleando por visibilizar lo que ocurría adentro. Todo esto en el marco de una votación que define el modo en que se reproduce el poder en la provincia.

Lo que ocurrió con la prensa no es un detalle menor ni un hecho aislado: es una señal grave. Impedir el ingreso de periodistas al recinto y obligarlos a seguir el debate desde una pantalla, como si se tratara de espectadores y no de trabajadores de la información, es una forma directa de blindar la política frente al escrutinio público.

La actitud de Arietto, intentando transmitir desde su banca para que la ciudadanía supiera quién votaba qué, pone en evidencia el tamaño del cerrojo: cuando el periodismo es desplazado, la verdad necesita colarse como puede. Y si además se interrumpe el audio oficial de la sesión en varios tramos, ya no se trata de desprolijidades técnicas, sino de un límite deliberado a la circulación de la información.

Este tipo de prácticas no solo daña al periodismo: daña a la democracia. Porque sin testigos, sin relato, sin luz sobre los hechos, el poder se convierte en un acto privado. Y en tiempos donde la credibilidad política está en crisis, jugar al silencio es una irresponsabilidad.

La reelección indefinida no fortalece la democracia. La adormece.

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