Alejandro Coria: Perfil de un salvador autoproclamado
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(Sabemos que es larga, pero no más que un cafecito bien conversado… ¿No te parece?)
Alejandro Coria se presenta como un “servidor público” que actúa por vocación. No tiene cargo, no representa a ninguna institución, no fue elegido ni designado por nadie. Pero eso no le impide arrogarse tareas de fiscalización, intervenir en áreas sensibles como la salud pública ni denunciar penalmente al Estado municipal. Lo hizo con el Hospital Emilio Zerboni y no lo hizo solo: apareció el siempre dispuesto y denunciador por vocación, Sergio Hurtado, con cámaras y micrófonos.
Su intervención comenzó con pedidos formales de informes económicos y sanitarios en mayo, continuó con una propuesta de ordenanza para declarar la emergencia sanitaria en junio, y alcanzó su clímax el 25 de julio, cuando llamó directamente a la empresa Naturgy por una fuga de gas en el hospital que, como ya informó esta productora, estaba anulada y bajo candado. Transmitió en vivo, denunció penalmente, mostró papeles. Para Coria, fue un acto de justicia. Para el Municipio, un sabotaje.
En su relato, Coria es el único capaz de ver el problema, el único dispuesto a actuar, y el único que no teme enfrentarse a “esta gente”. Habla de justicia, urgencia, valores. Dice que no lo mueve un interés electoral, aunque esté rodeado de signos de campaña.
Pero esta narrativa, que a veces puede parecer heroica, se vuelve peligrosa cuando saltea procesos, normas y jerarquías. ¿Quién le dio ese mandato? ¿A quién representa Coria, además de a sí mismo?
Del kirchnerismo al nacional-liberalismo
Coria fue kirchnerista. Luego defendió a Javier Milei. Hoy forma parte de Potencia (PA+), el espacio liderado por María Eugenia Talerico y José Lucas Lonigro, que busca construir una alternativa liberal, republicana y federal desde los distritos. Potencia critica abiertamente al Gobierno nacional y se define como un movimiento soberanista, emancipador y profundamente argentino. Su objetivo: convertir al país en una “potencia libre y solidaria”.
El discurso de Potencia se aleja del anarcocapitalismo mileísta y propone un nacionalismo económico con base federal. Coria, sin embargo, navega todos esos relatos sin aparente contradicción. Defiende causas locales, se enfrenta al poder, denuncia sin escalas.
La estrategia de instalación: visibilidad vs. representación
El episodio del gas en el hospital fue el punto más alto de su exposición. Mientras el Municipio lo denuncia por sabotaje, Coria se defiende con fechas, informes y denuncias previas. La Justicia archivó la causa, pero él viajó a Mercedes a pedir su reapertura. Habla de salvar vidas. Pero ¿cuándo el bien común deja de ser causa y se convierte en excusa para protagonismos personales?
Coria actúa sin aval institucional, pero con estrategia de instalación. Donde hay conflicto, hay una cámara. Donde hay una denuncia, hay un posteo. Y ahí es donde se diluye la frontera entre oposición y oportunismo.
Su pasado lo sigue
Alejandro Coria no es nuevo en la escena local. Su acercamiento a los espacios libertarios de Areco terminó en exclusión: quedó fuera de las listas. Tampoco logró sostener su lugar en la Cooperativa de Luz de Villa Lía, donde había ingresado gracias a su amistad -hoy deteriorada- con Lucas Tasso, presidente del Consejo de Administración. Coria no tardó en ganarse la confianza de un Sorchilli, referente histórico del peronismo local e integrante de la misma comisión, quien allanó el camino para su ingreso como gerente.
Su salida, como en otros espacios, fue por la puerta chica, tras conflictos internos.
Este recorrido revela un patrón: entra a los espacios, gana visibilidad, rompe estructuras desde adentro y, cuando ya no hay lugar para él, los denuncia. Es en ese borde -entre la denuncia y la exclusión- donde parece sentirse más cómodo.
A su lado aparece siempre Sergio Hurtado, el periodista que convirtió la denuncia en un modo de vida. Dueño de FM Luna, con décadas de enfrentamientos con todos los gobiernos, Hurtado carga con un sentimiento de persecución constante. Ve enemigos donde hay adversarios, y operaciones donde hay límites legales. Su medio perdió la pauta oficial y eso terminó de sellar su pase a la militancia activa.
Ambos, Coria y Hurtado, se retroalimentan. Uno genera el hecho; el otro lo amplifica. Uno denuncia; el otro narra. Uno se expone como víctima; el otro lo entrevista en vivo. El problema es que, en el medio, queda la comunidad entera atrapada en un show de enfrentamientos, transmisiones y escándalos, sin ninguna propuesta clara de salida.
Hurtado no oculta su deseo de participar activamente en política, aunque no lo hace desde una banca sino desde el aire radial. El gobierno municipal lo señala por antiguos resentimientos con el hospital y por querer ocupar espacios que no le fueron concedidos. Lo cierto es que forma con Coria un tándem explosivo: uno pone la palabra, el otro el micrófono.
“Fue espectacular lo que hice”, dijo Coria
La intervención de Coria en el hospital no fue institucional ni solicitada. Llamó a Naturgy por cuenta propia, en un edificio con pacientes internados y obras en curso. Aunque tenga papeles y denuncias previas, el procedimiento fue unilateral y temerario. No importa cuántos informes tenga en la mano: el voluntarismo no reemplaza la legalidad.
Su defensa fue férrea. Pero defender lo indefendible suele ser un acto de fe. O de desesperación.
Alejandro Coria dice que actúa por principios. Pero su historia reciente muestra otra cosa: conflictos personales, zigzags ideológicos, alianzas que duran lo que dura el enojo. De defender a Milei a integrarse a un espacio que lo critica; de ingresar con un Sorchilli a romper con el peronismo.
Y mientras tanto, el hospital público, el lugar donde debería primar el cuidado, quedó en el centro de una operación política sin precedentes.
La crisis del hospital, la falta de médicos, el abandono estructural son temas que cualquier ciudadano puede y debe señalar. Pero lo que Coria propone no es solución: es exhibición. No hay proyecto, hay protagonismo. No hay propuesta de salud, hay una épica individual.
Coria dice que nadie lo manda. Pero camina con un partido. Dice que representa al pueblo. Pero nadie lo eligió. Dice que denuncia por los demás. Pero nunca construyó con otros.
Dice que actúa por el bien común, pero lo hace violentando normas, instrumentalizando el dolor ajeno y buscando cámaras.
Potencia necesita referentes territoriales para crecer. Pero si apuesta todo a figuras como Coria y Hurtado, corre el riesgo de convertirse en un refugio de outsiders sin rumbo. La pregunta que debería hacerse a nivel nacional es si está eligiendo voceros con representatividad o simplemente aventureros sin responsabilidad institucional.
San Antonio de Areco está acostumbrado al debate político, incluso a la tensión. Pero esta vez el límite fue otro: el hospital público, el espacio más sensible de una comunidad. Donde las diferencias políticas deben ceder ante la urgencia médica. Donde no se puede jugar con fuego -literalmente- para instalar una candidatura.
Coria dice que nadie lo mandó. Que él solo responde a su conciencia. Pero una comunidad democrática no necesita iluminados, necesita instituciones fuertes y liderazgos responsables.
Este es el claro ejemplo de lo que el pueblo no quiere. Ni la decadencia de años en el único efector de salud, ni el delirio de salvadores del mundo.
Areco, como el país, no necesita iluminados. Necesita responsabilidad. Y -por favor- coherencia.

