Adolescentes, redes sociales y violencia: qué nos está pasando como sociedad ante la ola de amenazas escolares

En medio de la creciente preocupación por amenazas de tiroteo en escuelas de todo el país -incluido San Antonio de Areco- cobra especial vigencia el análisis de la licenciada en Psicología Delfina Noto, quien días atrás dialogó con esta productora en el programa Dinámica Matinal a partir de lo ocurrido en Santa Fe. Sus reflexiones resuenan frente a un escenario que se replica en distintas localidades.

En las últimas semanas, mensajes intimidatorios en instituciones educativas activaron protocolos de seguridad, en un contexto donde incluso se investiga si algunos casos responden a desafíos virales en redes sociales.

Son situaciones muy complejas, que no lo podemos reducir a una sola causa”, explicó la especialista, al tiempo que advirtió sobre una reacción frecuente: la necesidad social de encontrar rápidamente responsables ante hechos que generan angustia.

Para Noto, el foco debería correrse hacia una pregunta más profunda: qué lugar están ocupando hoy los adolescentes. Tal como planteó, se trata de una etapa atravesada por múltiples cambios emocionales y contextos difíciles, donde muchas veces no encuentran espacios reales para expresarse.

Hoy los adolescentes atraviesan un montón de situaciones de malestar y no siempre encuentran un espacio para decir lo que sienten”, señaló.

En ese sentido, remarcó que el problema no es únicamente lo que les pasa a los jóvenes, sino también la disponibilidad de los adultos para acompañarlos. La falta de escucha, explicó, suele traducirse en otras formas de expresión como el enojo, el aislamiento o conflictos con otros.

Ahí es donde aparece un punto clave: no se trata de tener respuestas perfectas, sino de estar presentes. “No necesitamos la gran charla ni la frase perfecta: a veces necesitan un mate, una oreja, un abrazo”, sostuvo, subrayando la importancia de generar espacios cotidianos de confianza.

El contexto actual agrega una capa más de dificultad. Las redes sociales, la exposición constante y la inmediatez configuran una realidad distinta a la que vivieron generaciones anteriores, lo que muchas veces genera un desfasaje entre adultos y adolescentes.

En paralelo, fenómenos como el bullying también cambiaron de escala. Antes quedaba limitado al ámbito escolar, pero hoy se extiende a las pantallas, amplificando los conflictos y su impacto.

Frente a este panorama, la psicóloga remarcó que la prevención no depende de una única institución, sino de un trabajo conjunto entre familias, escuelas y espacios sociales. Escuchar sin juzgar, validar lo que sienten los adolescentes y prestar atención a cambios de conducta aparecen como señales clave.

Nuestro rol como adultos es clave: tienen que existir espacios seguros donde puedan hablar”, afirmó la licenciada que se mantiene muy activa en sus redes aportando información valiosa. 

Mientras las investigaciones continúan y aún no está claro si las amenazas responden a hechos reales o a dinámicas virales, el debate vuelve a instalarse: más allá del miedo inmediato, el desafío parece ser entender qué está pasando con los adolescentes y qué lugar están ocupando en la sociedad actual.

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