Hernán Zotto: el artesano naval que construye barcos a escala desde Areco
Llegó a San Antonio de Areco como turista hace 25 años y terminó quedándose. En su atelier, Hernán Zotto construye réplicas a escala de embarcaciones reales con un nivel de detalle sorprendente. Ya superó las 100 maquetas y entre sus clientes hay navieras y propietarios que le encargan reproducciones exactas de sus propios barcos.
Hay más de 30 barcos alrededor de Hernán. Son distintos entre sí: cambian las dimensiones, las estructuras, los colores y también las épocas. Algunos nacieron de planos; otros tuvieron que ser reconstruidos mirando fotografías. Pero todos comparten algo: fueron hechos a mano y a escala.
El equipo de De Pura Sceppa visitó su atelier para conocer un oficio que combina artesanía y precisión, nacido de una relación con los barcos que comenzó en la infancia y que desde hace años se convirtió en su trabajo
Zotto llegó a San Antonio de Areco hace 25 años, casi por casualidad. Conoció el pueblo a través de una publicación que por entonces era referencia para las escapadas de fin de semana. “Vine a conocerlo por la revista Lugares”, recordó. Se enamoró de Areco y finalmente se quedó.
Los barcos, en cambio, estaban en su vida desde mucho antes. Su abuelo trabajaba en un remolcador y su padre era despachante de aduana. Cuando era chico solía acompañarlo al puerto. A eso se sumaba otra fascinación temprana: las miniaturas.
Con los años, esas dos cosas terminaron encontrándose.
De las primeras maquetas a los encargos
El taller comenzó a tomar forma comercial alrededor del año 2000. Zotto construyó diferentes modelos para mostrar lo que podía hacer y fue armando una suerte de catálogo.
Buena parte de aquel trabajo todavía puede verse en su atelier: más de 30 maquetas diferentes que sirvieron como carta de presentación. Desde entonces, construyó más de 100.
Con el tiempo comenzaron a llegar encargos específicos. Navieras y propietarios de embarcaciones le piden réplicas de sus propios barcos. Una gran parte de los trabajos realizados corresponde a pesqueros de Mar del Plata, Comodoro Rivadavia, Rawson y Puerto Madryn.
Su conocimiento del ambiente portuario también terminó convirtiéndose en una herramienta para el oficio. Anclas, remolcadores, estructuras y diferentes tipos de embarcaciones forman parte de un lenguaje que conoce desde chico y que hoy utiliza para interpretar cada nuevo proyecto.
Una réplica del barco real
Cuando el encargo consiste en reproducir una embarcación determinada, el punto de partida son sus planos. El objetivo es construir una réplica a escala, respetando las proporciones y reproduciendo cada elemento en el lugar que ocupa en el barco original.
“Todo se hace exactamente igual, en el mismo lugar donde está en el plano”, explicó mientras mostraba uno de sus trabajos.
Las dimensiones dependen de lo que necesite el cliente. Si una maqueta se realiza, por ejemplo, en escala 1:50, esa proporción se utiliza para calcular el largo y después cada una de las restantes medidas.
Una pieza puede demandarle alrededor de un mes de trabajo, dependiendo de su complejidad.
Y aunque a primera vista algunos cascos puedan parecer metálicos, el material fundamental es la madera.
El proceso incluso guarda semejanzas con la construcción de una embarcación real. Primero aparece la quilla, el eje central que recorre el barco de proa a popa. Después se incorporan las cuadernas, que van definiendo la forma del casco. Sobre esa estructura trabaja con madera balsa, suficientemente flexible para acompañar las curvas. Luego llegan la masilla, las terminaciones, la pintura y cada uno de los pequeños detalles que terminarán convirtiendo aquella estructura en la réplica del original.
Cuando no existen los planos
No siempre cuenta con toda esa información.
Las más de 30 maquetas que el artista conserva en el atelier fueron realizadas, en su mayoría, a partir de fotografías. Algunas representan embarcaciones antiguas cuyos planos no pudo conseguir; en otros casos se trata de barcos vinculados a la Armada, cuya documentación no está disponible para este tipo de trabajos.
Entonces el desafío cambia: hay que observar, comparar imágenes y reconstruir cada elemento hasta acercarse lo máximo posible al original.
Así, lo que comenzó con el gusto de un chico por las miniaturas y los barcos terminó convirtiéndose en un oficio que encuentra clientes a cientos de kilómetros de Areco.
Horas, días y a veces semanas enteras de trabajo caben en cada una de esas pequeñas embarcaciones. Porque lo de Hernán Zotto ya no es simplemente construir maquetas: es un arte en miniatura hecho de paciencia, talento, precisión y una creatividad enorme. Y eligió desarrollarlo en Areco, aquel lugar al que llegó un día por casualidad o por un juego del destino y terminó haciendo propio. Esta es una de esas historias que, a veces, están mucho más cerca de lo que imaginamos. Y que vale la pena encontrar y contar.





