“Encontré un refugio en tu mirada”: cuando la ESI se transforma en música
La Semana de la Educación Sexual Integral ya pasó. En las escuelas quedaron trabajos, conversaciones, preguntas y actividades. Pero en uno de los sextos de la Escuela Primaria Nº 3 quedó algo que permanecerá sellado en el tiempo: una canción hecha por los propios alumnos y alumnas para decir aquello que, algunas veces, cuesta poner en palabras.
El proyecto se llama “Alzamos la Voz” y nació en las clases de Música de la profesora Andrea Fernández. La propuesta fue trabajar la ESI desde un lugar diferente: primero hablar, escuchar y preguntarse qué sienten los chicos frente a temas como el amor, la violencia, el respeto, la igualdad o la desigualdad; después, convertir todo eso en música.
Y quizás ahí esté lo más valioso de la experiencia. Porque a hablar también se aprende. Encontrar una palabra para contar lo que pasa, reconocer lo que duele, identificar un vínculo que hace bien o saber que se puede pedir ayuda son aprendizajes que no siempre caben dentro de una definición escrita en el pizarrón.
ESI es mucho más que hablar de sexualidad
La Educación Sexual Integral es un derecho establecido por la Ley Nacional 26.150 para los estudiantes de todos los establecimientos educativos del país. Su abordaje comprende dimensiones biológicas, psicológicas, sociales, afectivas y éticas.
Sus cinco grandes ejes ayudan a entender mejor de qué hablamos cuando hablamos de ESI:
- Cuidar el cuerpo y la salud.
- Valorar la afectividad.
- Garantizar la equidad de género.
- Respetar la diversidad.
- Ejercer los derechos.
Por eso también puede trabajarse desde la literatura, las ciencias, una conversación en el aula y, como ocurrió en este sexto, desde el arte y la música.
Andrea explica que la propuesta buscó conocer “qué sienten, qué saben, qué quieren saber, qué les pasa” a los chicos y chicas frente a distintas temáticas. Y después llegó el desafío de transformar ese sentir colectivo en una composición.
“Salen cosas muy lindas, a veces dolorosas, a veces muy amorosas”, contó la docente sobre lo que aparece cuando se abre ese espacio en el aula.
De las palabras a una canción
No fue simplemente sentarse y cantar una letra preparada por un adulto. La canción se fue construyendo en equipo.
Buscaron palabras y metáforas. Pensaron qué querían decir. Probaron frases. Eligieron las que los representaban. Buscaron un ritmo. Y en ese proceso apareció también una herramienta absolutamente contemporánea: la inteligencia artificial.
La utilizaron como ayuda para ordenar y probar posibilidades, pero las decisiones siguieron siendo del grupo.
Una de las alumnas lo explicó con una claridad que vale más que cualquier definición sobre alfabetización digital:
“No es que la IA haga todo el trabajo; más que nada nosotros mezclamos nuestra forma de ser y las palabras que pusimos en una canción para que quede bien y que sea un poquito pegadiza y que hable bien del tema”.
La profe de música insistió precisamente en esa diferencia: usar la herramienta sin entregarles a las herramientas la posibilidad de pensar por ellos.
“La canción la hacemos nosotros, nosotras”, resumió.
Después vino la música. Guitarra, percusión, maracas, melódica, voces. Y para quienes no tenían un instrumento entre las manos estaban las palmas, marcando el pulso y haciendo que nadie quedara afuera.
“Encontré un refugio en tu mirada”
Así se llama la canción.
Y no fue un título elegido porque sonara lindo. Los propios chicos explicaron que esa frase era una de las partes que más les gustaba porque, aun cuando la letra habla de distintas cosas que les pasan, necesitaban encontrar una idea que permaneciera después de escucharla: “Tiene que haber una parte que se te pegue y pienses en eso”.
El refugio terminó siendo también el corazón de todo el trabajo.
Porque después de hablar del dolor, de los vínculos, del amor y del respeto, apareció una idea mucho más sencilla y quizás mucho más importante para un chico de esa edad: saber que hay alguien a quien recurrir.
Puede ser una amiga, una mamá, un papá, un familiar o una docente. Alguien con quien hablar. Alguien en quien confiar.
Fernández contó que ésa fue una de las cuestiones que más surgió durante las clases: la certeza de que frente a algo que duele “siempre hay alguien que te podés apoyar, hablar, confiar”.
Y acaso allí “Alzamos la Voz” termina explicando la ESI mucho mejor que una larga definición.
No se trató solamente de aprender contenidos. Se trató de crear las condiciones para que chicos y chicas pudieran expresarse, escuchar a los demás y descubrir que aquello que sienten también puede decirse.
Esta vez lo dijeron cantando.
Y mientras algunos tocaron instrumentos y otros acompañaron con sus palmas, en ese sexto nadie quedó afuera de la canción.




