8M en Areco: memoria, lucha y una jornada para visibilizar los derechos de las mujeres
El 8 de marzo volvió a encontrarse en las calles, en las plazas y en los espacios de encuentro. El Día Internacional de la Mujer Trabajadora no es una fecha de festejo, sino una jornada de memoria y de lucha que recuerda las peleas históricas de las mujeres por sus derechos y que, año tras año, sigue interpelando al presente.

El origen de este día está ligado a las primeras organizaciones de mujeres trabajadoras a principios del siglo XX. En fábricas textiles de Estados Unidos y Europa, miles de obreras comenzaron a reclamar algo que hoy parece básico pero que entonces era negado: jornadas laborales más cortas, salarios dignos, condiciones de trabajo seguras y el derecho a participar en la vida política.

Una de las tragedias que marcó para siempre esta historia ocurrió en 1911, cuando un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York provocó la muerte de 146 trabajadoras, muchas de ellas muy jóvenes. Las puertas estaban cerradas para evitar que las obreras abandonaran sus puestos. Aquella tragedia dejó al descubierto la explotación y las condiciones inhumanas en las que trabajaban miles de mujeres.

Un año antes, en 1910, durante la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, la dirigente alemana Clara Zetkin había propuesto establecer un día internacional de lucha por los derechos de las mujeres. Con el paso del tiempo, el 8 de marzo se consolidó como una fecha de movilización global y, décadas después, sería reconocido oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas.

Más de cien años después, el espíritu de esa lucha sigue vigente. El 8M se transformó en un día para reflexionar sobre las desigualdades que persisten, para defender derechos conquistados y para visibilizar las violencias que aún atraviesan a mujeres y diversidades.

En San Antonio de Areco, la jornada se vivió con un espacio de encuentro, reflexión y visibilización impulsado por organizaciones y vecinas de la comunidad. El encuentro reunió a mujeres de distintas edades y trayectorias, que compartieron experiencias, intercambiaron miradas y reafirmaron la importancia de sostener los espacios colectivos.

Entre carteles, lecturas y momentos de diálogo, se recordó que muchos de los derechos conquistados en los últimos años fueron fruto de décadas de organización y lucha del movimiento de mujeres. También hubo preocupación por el presente.
Durante la jornada, distintas voces señalaron los retrocesos que se están produciendo en materia de políticas públicas vinculadas a género y diversidad a partir de decisiones del gobierno nacional encabezado por Javier Milei. La eliminación o desfinanciamiento de programas destinados a la prevención de la violencia de género, el debilitamiento de áreas estatales dedicadas a estas problemáticas y el cuestionamiento a políticas de igualdad fueron algunos de los puntos mencionados.

En ese contexto, el 8M volvió a reafirmar su sentido original: recordar de dónde vienen las luchas, reconocer los derechos conquistados y sostener la organización colectiva frente a cualquier intento de retroceso.

Porque, como se repitió durante la jornada en Areco, los derechos no son concesiones: son conquistas. Y cada conquista fue el resultado de mujeres que se organizaron, alzaron la voz y decidieron no volver atrás.



