Paseo de Areco: arte, infancias y una semilla cultural que florece
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El pasado fin de semana, Paseo de Areco fue escenario de una jornada que combinó arte, juego y pensamiento con un profundo sentido comunitario. En un clima familiar y distendido, decenas de niñas y niños participaron de una propuesta cultural gratuita guiada por el artista y educador ambiental Gonzalo Álvarez, referente del Proyecto BIO.

Los pinceles no sólo dejaron huella en los murales que serán donados a escuelas locales, sino también en los vínculos entre generaciones. Con obras sobre especies nativas y problemáticas ambientales como la velocidad urbana, el uso del agua o la pérdida de biodiversidad, Álvarez propuso algo más que un taller: una experiencia sensorial y emocional. “Los chicos se expresaron enseguida, pero conmigo aprenden otra cosa que es justamente el vínculo del diálogo, la no palabra. Que uno aprenda quizás a perder sus miedos, pero dejar una huella”, subrayó.

El artista celebró el recibimiento arequero y la magia del encuentro: “Yo soy un sembrador de emociones. Yo donde voy sale el sol. A donde voy se crea magia”. En su paso por Areco, no solo se llevó dibujos y regalos de los chicos, sino también el deseo de volver: “Espero volver a Areco para seguir trabajando a partir del ministerio y del municipio que se ocupe de trabajar mejor esta actividad emocional, pedagógica, ambiental”.

La propuesta forma parte de la agenda cultural sostenida por el Paseo de Areco, que impulsa actividades gratuitas con el acompañamiento de sus comerciantes y el compromiso de referentes culturales como Horacio Bauer -gestor artístico del espacio y fotógrafo- y Laura Ramírez, directora del jardín maternal Burbujitas e impulsora de la participación infantil. La muestra fotográfica de Bauer y las pinturas de Marcela Salcedo acompañaron el encuentro, sumando arte visual al paisaje afectivo del día.

La periodista y escritora Irene Chikiar Bauer compartió con esta productora su emoción de estar presente y fue consultada sobre su trabajo más reciente: Edith Stein. Judía. Filósofa. Santa. Si bien el libro fue presentado el año pasado en Areco, sigue generando interés entre lectores de distintas edades y puede conseguirse en la Librería Iriarte.
La obra reconstruye la vida de Edith Stein, pensadora del círculo fenomenológico de Husserl, convertida luego al catolicismo y asesinada en Auschwitz. Una figura compleja que encarna las grandes preguntas del siglo XX: identidad, fe, razón y resistencia. Hoy, su figura es venerada como santa por la Iglesia católica, pero también leída como símbolo de diálogo interreligioso y búsqueda interior.
El libro ya circula en Argentina, España y próximamente en Chile y Colombia, lo que confirma su alcance internacional. Chikiar Bauer, además, continúa su trabajo de difusión cultural desde la televisión: es conductora del programa El Señalador, que se emite por Canal A, con entrevistas a escritores de todo el mundo.
Lejos de los modelos que enfrentan lo cultural con lo comercial, el Paseo de Areco apuesta a lo integradoLa idea es clara: que cada evento artístico potencie también la actividad de los comercios que forman parte del paseo (gastronómicos, artesanos, viveros, kioscos, diseñadores) y que todos se beneficien de una comunidad que se encuentra a través del arte.
En los últimos días hubo experimentos científicos para niños a cargo de Aleluya (Alejandra Berola y Carlina Tomassi) que ofrecieron experimentos científicos para niños y niñas.
Como expresaron los organizadores, la apuesta es clara: “Sí, la idea es encontrarse con gente maravillosa… pero tenía que tener una impronta cultural. La cultura es lo que nos reunió siempre”.
Lo que sucedió en el Paseo de Areco no fue solo un evento: fue una declaración de principios. Una forma de decir que la infancia importa, que el arte educa, que el ambiente necesita ser cuidado, que la lectura abre mundos y que el encuentro sigue siendo el mejor antídoto contra la velocidad y la desconexión.
Y en ese gesto colectivo (niños pintando, abuelos dibujando, artistas sembrando) quedó claro que hay algo que florece en Areco. Algo que no se compra ni se vende: la decisión de sembrar comunidad.
