Semana Santa: Areco los días más significativos del calendario religioso
La Semana Santa empezó a sentirse profundamente en nuestra ciudad.

A horas del Jueves Santo, el Vía Crucis volvió a tomar forma de la mano del Colegio Santa María, en una de esas representaciones que ya son parte de la identidad del pueblo.

La puesta comenzó en el Puente Viejo, donde la escena inicial reunió a estudiantes, docentes y vecinos que se fueron sumando al recorrido. Desde ahí, la caminata avanzó por la Costanera, acompañando a Jesús en cada paso.

No fue solo una recreación: fue un camino compartido.

A lo largo del trayecto, las distintas escenas fueron tomando forma en puntos emblemáticos. El encuentro con los discípulos, la detención, el juicio y la condena se representaron frente a espacios reconocibles del pueblo, como el Mástil del Bicentenario y la Plaza Arellano, generando una cercanía que hizo todo más real.

El tramo final llevó a los participantes hasta la Parroquia San Antonio de Padua, donde se representó la crucifixión.

En medio de ese momento, la lluvia apareció y terminó dándole un clima especial a la escena. Lejos de interrumpir, profundizó el silencio y la emoción.

Las figuras de María y María Magdalena acompañaron ese cierre con una carga emocional fuerte, mientras la representación encontraba su punto más alto.

Como marca el sentido de estos días, la historia no terminó ahí. La escena de la resurrección, con Jesús saliendo iluminado desde la iglesia, dio paso a ese mensaje que atraviesa toda la Semana Santa: que incluso en el dolor, hay algo más allá.

La convocatoria fue amplia. Familias, jóvenes y vecinos de todas las edades se acercaron y acompañaron cada tramo del recorrido.

En Areco, la Semana Santa no se explica: se vive.
Y así, casi sin necesidad de palabras, el pueblo empezó a transitar uno de los momentos más significativos del año.

Porque, en el fondo, no se trata solo de recordar lo que pasó, sino de volver a sentirlo. Como repite la Iglesia, este tiempo es una invitación a abrir el corazón, vivir el amor al prójimo y renovar la esperanza.
Tal vez por eso conmueve tanto: porque en cada gesto, en cada silencio y en cada paso compartido, aparece algo que va más allá de la tradición.
La certeza de que, incluso en el dolor, hay un sentido… y que siempre, después, vuelve la luz.
